
Siempre desde el más estricto rigor y respeto, como es habitual en este espacio con las cosas que son serias y de tener en cuenta, pues el tema que nos concierne no es para menos.

Y es que, a fin de cuentas, pagar por una braga sucia o una jeringuilla usada de Janis Joplin no deja de ser lo mismo que visitar la catedral de Nuremberg para ver la Lanza Sagrada. La que cuentan los evangelios que utilizó el centurión romano Longinus para atravesar al Cristo moribundo en la cruz.
Pajería y casquería pura y dura, ya sea sacra y/o profana.
Recordemos someramente la importancia que tuvieron las reliquias y su utilización en el glorioso Alzamiento Nacional en nuestro país, y como el caudillo( "El Caudillo es el sol" . Álvaro Cunqueiro dixit) viajaba siempre con la mano incorrupta de Santa Teresa a cuestas(que vaya usted a saber dónde la había metido antes la Santa, porque tantos años de incorrupción no sé yo...). El de Ferrol en otra ocasión también sacó a pasear a la prestada y portuguesa Virgen de Fátima en una tourneé divina en el año 48 por la carretera de Extremadura hasta Madrid para escarnio de los ateos y judeomasones que vilipendiaban las bondades del régimen.
"Operación Fátima", que se llamó la astracanada.

En la Catedral de Catania se puede ver un mechón de su pelo, y también se dice que sus senos están enterrados bajo su suelo.
- LAS TRECE LENTEJAS DE LA ÚLTIMA CENA: Se conservan en el Sancta Sanctorum y en el Museo Vaticano trece lentejas, el mantel y un pedazo de pan de la última cena. Lo de las trece lentejas sobrantes aumenta las probabilidades de que hubiese un paisano en esa cuchipanda, pues nadie deja trece lentejas excepto un gallego. Lo que antropológicamente se ha llamado desde siempre "la vergüenza del gallego": ves a trece gallegos cenando y siempre queda un único y ridículo pedazo de queso en la bandeja al final que nadie quiere comerse.
Pues eso, que ya veo al Dan Brown dándole vueltas a la tecla con esto de las trece lentejas y la pertinente conspiración vaticana para ocultar el hecho de que el mundo conozca que hubo un comensal de Carballo o Carral en la Última Cena.
Y, si es de Carral, seguro que hasta le encargaron a él que llevase el pan.

Los de Valencia dicen que en el siglo XIX se las compraron por un módico precio a un monje suizo que las vendía a docenas. Lo que no cuentan es que les había parecido un poco raro ver descarnadas a todas las gallinas del corral que tenía el avispado monje.
- LECHE UHT LA VIRGEN MARÍA: Semidesnatada, entera y desnatada. Se conserva en muchos lugares: Popolo, Oviedo, Chile... unas gotas de leche que se le cayeron a María cuando amamantaba al niño Jesús y que alguien- el Ikér Jiménez de la época o un pervertido tenía que ser ese alguien para ponerse a recoger unas gotas de leche y conservarlas en un recipiente- recogió para donar a la posteridad.
De José el carpintero no se conserva ningún resto líquido( o en grumillo) de este mismo tipo. Gracias a Dios. Pero, en cambio, lo que sí se conserva del hombre es el...
- SUSPIRO DE SAN JOSÉ: La historia es la siguiente: José el carpintero suspira después del café dentro de una botella, la cierra y viene un ángel que recoge la botella( como los de MRW, mensajería urgente) y la deja en la iglesia de Blois.
Y después criticamos las pelis del Van Damme y el Chuck porque no tienen una sólida coherencia narrativa interna... ¡¡anda ya!!!
Una paja.
Sin comentarios.
- UN PELO DE LA BARBA DE JESUCRISTO: Cuentan las crónicas nemedias que Felipe II tenía un pelo de la barba de Cristo y otro del cabello de la Virgen, como si de un antepasado directo del genial Marqués de Leguineche se tratara.
Decía el padre Siguenza que Felipe II habría conseguido más de 700 reliquias, y que en sus vitrinas y armarios guardaba una colección de objetos y pedazos religiosos compuesta por más de 300 cabezas y 150 brazos.
Si llegar a estar vivo hoy, el de la Casa de Austria arrasaría en http://www.todocoleccion.net/

Un prepucio vagando por el mundo sin el consentimiento de su dueño es algo muy triste.
María Magdalena, Carlomagno o la emperatriz Irene de Bizancio habrían tenido la suerte de poseer el pequeño anillito de carne entre sus dedos.
Aunque otros 13 pedacitos de materia orgánica de la zona íntima de Jesús andan también por las basílicas de Roma, Charroux, Amberes, Paris, Brujas, Bolonia, Bensançon, Nancy, Metz, LePuy, Conques, Hildesheim y Calcata. Si todos los pedacitos perteneciesen al mismo ser humano, ese hombre debía de ser el Rocco Sigfredi o John Holmes de la época.
Incluso se creó un extraño culto al prepucio de Jesucristo al que yo me hubiese sumado encantado en su momento: "‘El sagrado prepucio de Cristo’, publicado en 1907. Incluso una sociedad llamada ‘Academia Preputológica’ intentó restaurar el abolido culto al Prepucio de Cristo. El 15 de mayo de 1954 se celebró un cónclave en el cual se sometía a deliberación la propuesta de recuperar este culto, derogado por un decreto de 1900. Tras la exposición de los argumentos y acaloradas discusiones, los cardenales acordaron rechazar la solicitud, ratificando la condena de la veneración del Santo Prepucio".
Y un benedictino austríaco llamado Pez cuenta en sus memorias que una monja golosa se comió uno: “¡Y ahí estaba! De repente sintió – la monja – un pellejito, como la cáscara de un huevo, de una dulzura completamente superlativa, y se lo tragó. Apenas se lo había tragado de nuevo, sintió en su lengua el dulce pellejo, y una vez más se lo tragó. Y esto lo pudo hacer unas cien veces…”
¡¡¡Con lo bien que lo pasan los curas y las monjas por ahí... para qué te van a querer casarse!!!???

Pero la verdad es que en marketing y merchandising les ha funcionado bien hasta ahora, ¿no? Los avalan más de 2000 años y con una buena cuota de mercado y un gran montante de clientela fija.
Saludos ecuménicos de Jim.






