
¿ Adónde lleva todo esto?
Nuestros más íntimos deseos son traducidos en marcas y logotipos gracias al milagro del marketing. Se crean nuevas necesidades y se expande el mensaje de que la felicidad y el placer son simples productos que nos están esperando a la vuelta de la esquina, en el Centro Comercial, Concesionario o Agencia de Viajes más cercana. Las estrategias publicitarias nos hablan de un mundo feliz y sensual de éxito sin fin y goce perpetuo en el que tendremos cabida- interiorizado ya como nuestro horizonte vital potencial- si aprendemos la primera regla básica del mundo moderno: tener es siempre más importante que ser.
Somos el móvil, el auto, la marca de bolso o camisa que llevamos.
Sobre todo porque ahora, en nuestro tiempo de mercado, es siempre YA ! y nunca hay tiempo para un después o un paréntesis o una parada. Es ahora o nunca. El tiempo se ha encogido. Un bucle que gira sobre sí mismo, alrededor de la misma promesa de placer intenso y perenne, y cualquier posible plan, sacrificio, trabajo o expectativa a medio plazo es simplemente una pérdida de ese maná que es el consumo material del que hacemos uso en nuestro esparcimiento y ocio cotidiano, realimentando así el ciclo productivo del sistema que nos alimenta.

TICs Y PRODUCCIÓN MATERIAL
Las Tecnologías de la Información y Comunicación lo han acelerado brutalmente todo. Con un clic enviamos un libro a Tokyo en un segundo, recibimos en nuestro correo diariamente decenas de inútil spam, las ventanitas de productos y casinos y sexo se cuentan en la Red por millones.
Toda esta inabarcable producción material nos desborda y corre el riesgo de sepultarnos, sobre todo cuando nos damos perfecta cuenta de que la mejor vía al conocimiento no pasa por el mero acopio acrítico de cultura, sino por la asimilación razonable de lo leído, vivido, oído o sentido, y de su sosegada digestión.
Conozco a una persona que ha dejado bajando durante los últimos años, 24 horas al día, discografías enteras de bandas y músicos y las tiene apiladas en cajas de cds por el pasillo.
Necesitaría tres vidas para escucharlas todas. ¿ Para qué, entonces? ¿ Cuál es el objetivo de tanta producción y acumulación material?
Posmodernas compulsiones y síndromes que se están incubando y se prodigarán en un futuro.
EL YO SATURADO Y EL VÉRTIGO
Gergen, en su libro " El yo saturado", ya hablaba de cómo la multitud de interrelaciones- multiplicadas de forma exponencial gracias a las TIC- de los seres humanos en nuestro mundo contemporáneo nos encaminan a una especie de "saturación social", de multiplicación del yo que nos desdibuja y nos crea nuevos traumas, frustraciones:
“El intercambio permanente hace que uno termine dedicándose a la cocina siamesa, o desee la jubilación, o promulgue las campañas a favor de la vida pastoral. A través de los demás comenzamos a valorar las harinas integrales, las novelas chilenas o la política comunitaria. (...) Así, a medida que se suman al yo los demás y sus deseos se vuelven nuestros, hay una ampliación de nuestras metas: de nuestros “debo”, nuestros “necesito” y nuestros “quiero”. Eso requiere atención y esfuerzo, y ocasiona frustraciones. Cada nuevo deseo plantea sus propias exigencias y reduce la libertad del individuo”. (Gergen, " El Yo Saturado")
El fracaso, la indecisión, el error o la duda no forman parte de las altas expectativas y responsabilidades que, supuestamente, deposita la sociedad sobre nuestras conciencias. Nuestras metas son la excelencia y el éxito, sin escala de grises ni paradas intermedias.
Y, lamentablemente, la tendencia de estos desórdenes producto de nuestro estilo de vida es incremental.
La llamada posmodernidad parece traer aparejada cierta saturación que conduce al hartazgo; el culto a la acumulación que suele derivar en apatía e insatisfacción; el vértigo de pasarnos la vida corriendo y a toda prisa sin saber hacia dónde nos dirigimos, para qué y si estamos o no avanzando en la dirección correcta nos produce cierto sentimiento de alienación.
Lucía Etxebarría lo ha entendido muy bien:
"En estos tiempos en los que la gente cambia de fondo de armario cada temporada, de trabajo cada año, de coche cada dos, de canal de televisión cada tres minutos y de marca de cereales en cuanto se acaba la caja, ¿alguien cree que Lucía va a encontrar en el 2009 la marca de cereales definitiva y un amor que le dure más de seis meses? Hagan sus apuestas"
Vivimos inmersos en el dominio de la cultura de lo efímero, de los amores virtuales, de los sentimientos kleenex( de usar y tirar), de las relaciones aparentes y superficiales que se multiplican a través de las nuevas redes sociales( Facebook, Tuenti), del consumismo más voraz y alienante. Cada vez más desorientados y alejados de nosotros mismos y de aquellos recursos y objetivos que nos podrían hacer el tortuoso camino de la existencia un poco más llevadero.
Saludos de Jim. Stop a tiempo.