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domingo, 4 de diciembre de 2011

EDITORIAL VALDEMAR Y OTROS CUENTOS DE HORROR Y MISTERIO


Un buen día del lejano año 1986 Rafael Díaz Santander y José Luis González deciden dejar de ser solamente apasionados lectores y pasar así a la acción editando en castellano aquellos volúmenes que forman parte de su educación sentimental y arcanos desvelos intelectuales y existenciales.
De esa pasión carnal y licenciosa por la literatura de lo extraño que ambos lectores llevan inoculada en los genes nace la Editorial Valdemar, cuyo germen se plasma en la publicación de sus dos primeros títulos, en unos duros inicios, que los llevan a ambos a la ruina económica y financiera... pero no moral.
Porque no hay empresa pequeña ni imposible para quienes se vuelcan con vehemencia en tratar de transplantar sus deseos y sueños a la realidad, aunque sea subsistiendo a base de duros créditos bancarios, contratiempos técnicos propios del amateurismo inicial y demás sinsabores cotidianos que lastran y finiquitan la mayor parte de los inicios autónomos e independientes.

Pero tanto Rafael como José Luis- como entidades arcanas que son y que parece disfrutan de conexión directa con la energía oscura de los espirítus primordiales de Providence- no cejan en su empeño de invadir y conquistar a la humanidad hispanohablante con sus necronomicones, gorgonas, melmoths, canaanes y demás elementos sobrenaturales que pueblan el imaginario de todos los aficionados a esto de la literatura fantástica, de terror y aventura que el mundo han sido, son y serán.
Así, Valdemar comienza su lenta y oscura travesía sobre las aguas de tinta y alabastro del río Estigia, poblado de criaturas innombrables, para ir confeccionando lo que, a la postre, sería uno de los mayores y mejores catálogos que en estos géneros de lo misterioso e insólito hayamos podido disfrutar nunca(Editorial Minotauro se merece aquí una digna mención por su ingente y previa labor en la producción patria de Ciencia Ficción y fantástica).


La Editorial Valdemar va poco a poco sumando discípulos a su secta literaria, adquiriendo nuevos títulos, creando colecciones, y todo ello sin dejar de cuidar la calidad de unas ediciones que solamente puede provenir del afecto y de la devoción de personas que aman lo que hacen y que pivotan alrededor de unos nítidos valores y metas, como ellos mismos suscriben: " Hacer dinero nunca ha sido el motor de Valdemar, hemos podido mantenernos fieles a nuestros principios y editar lo que nos gusta".
El catálogo de Valdemar es transversal a muchos géneros: desde misterio y erótica a policiaca, pasando por aventuras, memorias, terror gótico o clásicos literarios(El Club Diógenes, Gato Negro, Planeta maldito, Gótica...), pero siempre con la constante de la calidad y de la disposición a proveernos de esos títulos más excepcionales, oscuros singulares y extraños.

La mayor parte de los cimientos esenciales del género de lo extraño, mistérico e intempestivo figuran ya en el catálogo de Valdemar: las obras de Lovecraft, Robert Erwin Howard, Clark Ashton Smith, Algernon Blackwood, Le Fanu, Maupassant... hasta hermosas y oscuras rarezas del calado de "Los Cantos de Maldoror" , "Cultura del apocalipsis", "Las once mil vergas" o "La noche del zepelín".
Deliciosos y neblosos tesoros abisales que la editorial Valdemar se ha encargado de traer a la superficie para que los adictos a paladear las vaporosas dosis del conocimiento de lo prohibido y de la hermosa perversidad de la imaginación y de la carne no se queden sin suministro existencial.



Editorial Valdemar cumple así a la perfección su doble función de sustentadora de la esencia del género fantástico y de horror y, a la vez, de paladín y baluarte contra esa plaga de mediocridad y pésima letra escrita que nos asola en los rankings de los magazines del domingo, en los escaparates de los centros comerciales y las ferias de verano.
Como muy bien dice Rafael Díaz Santander a este respecto:
"-Yo diría que el 90% o más de los libros que se editan, o que copan las mesas de novedades en las librerías, no me interesan en absoluto. O tienden al bestseller precocinado y deshidratado, o al pseudomisterio conspiranoico, o a algo casi peor, que es la Literatura con pretensiones para domingueros intelectuales. Todo ello me produce un mortal aburrimiento. En fin, que agradezco a las editoriales pequeñas el esfuerzo por mantenernos interesados todavía en la lectura".

Y es que cosas como Editorial Valdemar hacen que merezca la pena que continuemos traspasando todavía el umbral de algunas librerías para dejarnos conquistar por el decadente esplendor de antiguas ciudades en ruinas, por el lejano eco de sus dioses primordiales, de sus terrores que reptan en la oscuridad o para aventurarnos un poco más en todo aquéllo que se agita bajo las aguas inquietas del espíritu e imaginación humana desde su primera noche de los tiempos.

Saludos de Jim a los últimos románticos de verdad.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

MIGUEL ARES RUA Y LAS COSAS QUE PERMANECEN


Ha llegado la mañana.
Veo un sol brillante incrustado en algún lugar del cielo azul y cómo las últimas y casi extintas gotas del rocío se desintegran por entre los laberintos- sin Minotauro ni Teseo- que calcetan las arañas gordas, amarillas y peludas entre las ramas.
Es una mañana diferente a todas las otras mañanas que yo he visto. Cada nueva mañana siempre es diferente a la mañana anterior.
Irremediablemente distinta.

La luz inaugural del día gotea sus diamantes sobre el lomo madrugador de los gatos y endereza un poco la artrosis renqueante de algunos viejos y sabios árboles, que han vivido y visto tanto que ya no necesitan decir nada .
Llueven unos pétalos rojos sobre un caballo. Se abre como una lúbrica ninfa adolescente una flor blanca. Una columna de polen, polvo y todo tipo de vida diminuta arrasa el oxígeno, la luz y el aire sobre los caminos.
Es la vida, joven e intensa, que sabe que, con o sin nosotros, debe y tiene que continuar.
Es la vida, sabia y prudente, que nos ofrece todo tipo de señales para que nos demos cuenta de que solamente tenemos que pararnos un poco y saber mirar adecuadamente a nuestro alrededor para que lo comprendamos casi todo.
Por lo menos casi todo lo necesario.

Porque es entonces ,y sólo entonces, cuando uno descubre que resulta muy tranquilizador darse cuenta de que la vida continuará sin nosotros. Resulta tranquilizador saber que otros ojos que no serán los nuestros contemplarán otra renovada y distinta mañana, otras flores blancas abriéndose, otros árboles sabios, otras bandadas de nubes que unas veces parecen hechas de yogur y otras de plomo.
Resulta tranquilizador pensar que alguien volverá a ver todo esto y pensará en lo que nosotros estamos pensando y en lo que mi amigo Miguel Ares Rua ha conseguido capturar de forma tan extraordinaria con su singular mirada: que todo aquéllo que permanece- flores, plantas, pájaros, peces del mar, hongos, condensación de vapor de agua, paredes celulares, esponjas, algas...- de alguna forma también nos perpetúa a nosotros, pues estamos contenidos dentro del mismo flujo generador.

Miguel consigue que volvamos a habitar con sus fotografías esos lugares silenciosos y cálidos donde la vida siempre se desparrama y permanece, en una infatigable y perenne estación.
Y ahí radica su habilidad y mirada, en el hecho de conseguir que cada nueva imagen y mañana nos emocione y sobrecoja, porque lo peor de esta vida sería que ya nada nunca nos volviera a sorprender.

















Saludos de Jim.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA GRAN NOVELA AMERICANA TAMBIÉN ERA UN CUENTO


La antigua y anhelada pretensión de muchos autores norteamericanos de escribir eso que llaman La Gran Novela Americana viene a ser un poco cómo tratar de capturar a la gran ballena blanca de Melville para meterla en la diminuta pecera que tenemos sobre el hule estampado en la mesa de la cocina, intentando de paso que el mitológico cetáceo comparta estrecho piélago con esa carpa marmórea y medio putrefacta que flota sobre los diseminados restos de comida.

Esa utopía literaria inviable de intentar condensar en unos cuantos cientos de páginas el ambicioso cometido de testar y radiografiar con éxito toda la complejidad- en ocasiones mítica; la mayor parte de las veces vulgar y cotidianamente mítica- de esto que se ha venido en llamar modernidad(desde la post-revolución industrial hasta la sociedad líquida de Bauman) ha resultado la mayor parte de las veces un ejercicio interesante de estilo y técnica literaria contempóranea, ciertamente rupturista en algunos aspectos con respecto a la novela conservadora tradicional, pero incapaz de aprehender por sí misma, en un único tomo o en un par de ellos, toda la sustancia, naturaleza y huidiza complexión de los tiempos que nos ha tocado vivir, por eso para tener una perspectiva mínimante sustancial del asunto es necesario un sumando de muchos títulos.



Así que el concepto de Gran Novela Americana me resulta particularmente interesante-más allá de la cuestión de marketing del mercadeo cultural y las ventas- por varias razones:

1- A pesar de tener un cáracter nacional y un espíritu eminentemente norteamericano, hay rasgos específicos de esta exploración literaria que adquieren la condición de universalidad, pues no hay que olvidar que parte de los patrones y esquemas mentales, éticos, políticos, culturales, etcétera, en los que nos movemos actualmente nos remiten a esa cosmovisión mítica y pragmática( a partes iguales) de los EEUU como epicentro influyente y colonizador de eso que hemos dado en llamar modernidad: democracia, liberalismo, liberación de la mujer, sociedad de consumo, idealismo, derechos civiles, rebeldía, multiculturalismo...
La complejidad de las nuevas relaciones humanas, la soledad y la pérdida (y búsqueda) de una nueva identidad grupal y/o personal, o la alienación del individuo en la recién inaugurada sociedad industrial y tecnológica forman parte del mismo itinerario mítico e imaginario occidental que exporta el país de las oportunidades y de los patriotas satisfechos al resto del mundo.
Las antiguas fórmulas conservadoras quedan superadas gracias a la asunción uniforme de estos principios por la mayor parte de naciones occidentales, compartiendo sustrato moral, ético, cultural, científico e ideológico básico.

2- La Gran Novela Americana tiene que ver, como ya he dicho, con la modernidad. Y la modernidad tiene muchísimo que ver con lo que Paul Ricoeur ha dado en llamar los tres maestros de la sospecha: Marx, Nietzsche y Freud(aquí yo también incluiría a Darwin, otro adalid de la modernidad).
Los cuatro revolucionaron con sus teorías el pensamiento y la concepción que de sí mismo tenía hasta la fecha el ser humano, como anteriormente lo habían hecho Sócrates, Descartes o Hegel:
"Los tres tienen una visión materialista y evolucionista del ser humano. Puede decirse que los tres son naturalistas: ven al hombre como producto de la historia (Marx), de la evolución de las especies (Darwin), o condicionado por sus instintos y el ambiente (Freud)"(Paul Ricoeur).

Así que entiendo que gran parte de esa condición que la Gran Novela Americana tiene de denuncia de la falsa conciencia, de la ideología burguesa, del análisis de las relaciones humanas desde la actividad inconsciente, las represiones, los sueños, las frustraciones, la pérdida de Dios, la huida constante hacia adelante, la búsqueda de algo inasible, la nostalgia de un futuro improbable... tienen que ver con estos maestros de la sospecha, rupturistas en su momento con el adocenado y conservador orden de pensamiento pre-industrial.


3- En la cuestión estrictamente literaria, lo que se ha dado en llamar por la crítica la Gran Novela Americana tiene que ver con el riesgo, con la superación de las viejas fórmulas. Una literatura exploradora y experimental que revela las contradicciones íntimas de la sociedad moderna y de sus personajes, amenazados siempre por el vacío cotidiano, la falta de puntos de fuga y asideros existenciales. Un artefacto narrativo audaz que, sobre todo, habla de los anhelos indefinibles que forman parte de la naturaleza del ser humano en el marco de esta fugaz modernidad huérfana de dioses y de sus constantes: violencia, ruptura, inocencia, deriva, amor y desamor, sacrificio, huida...
La riqueza y complejidad de las narraciones y sus personajes, la superposición de niveles de lectura y la experimentación con el lenguaje y la técnica narrativa forman parte de los ingredientes de esta novela norteamericana contemporánea y la podemos encontrar en numerosos maestros, desde Melville y Twain hasta Kerouac, Faulkner, Capote, Salinger o Steinbeck, pasando, como no, por el medio de Dos Passos y los más actuales David Foster Wallace, Franzen o Don DeLillo.



Novelas referenciales como "El lamento de Portnoy", "Reflejos en un ojo dorado" o "El gran Gastby" son esenciales a la hora de tratar de formarse una idea sobre de qué va esto, aunque yo siempre he sostenido y sostengo que las más nítidas, detalladas y acabadas radiografías de las relaciones humanas y sus anhelos indefinibles están encartadas en minúsculas piezas de orfebrería literaria de artesanos como Raymond Carver, Richard Yates, John Cheever, Richard Ford, Lorrie Moore, Flannery O´Connor o Capote(aquí también incluiría ese gran recopilatorio de cuentos amateurs de Paul Auster que es "Creía que mi padre era Dios").

El gran físico de la cuántica Max Planck dejó establecido que la energía se radia en unidades pequeñas denominadas "cuantos".
Y los cuantos y los cuentos, de lo micro a lo macro, tienen también mucho que ver con La Gran Novela Americana, porque algunos de los signos sensibles e imágenes indivisibles que contienen solamente veinte páginas nos dejan la íntima certidumbre de que la lógica interna de los universos esféricos y perfectos no siempre tienen que ver con el tamaño de su ambición.
La pretensión de exhaustividad no entiende de páginas y acumulación de signos. Esto de la Literatura, de la exploración de la realidad circundante y no circundante, funciona de otra manera.
Mucho más cuántica y, por supuesto, muchísimo menos predecible. La culpa la tienen esas partículas subatómicas que son las letras y los fenómenos impredecibles que su unión y fusión desencadenan.


Saludos de Jim y ¡¡viva el gran cuento americano!!

jueves, 3 de noviembre de 2011

LAS DESPEDIDAS DE SOLTER@: ¡¡EL HORROR!!


"La casa la decoramos con luces rojas, cortinas rojas, todo rojo. Parecía un puti que te cagas. Además Alberto nunca estuvo en casa de Aitor, no se llevaban muy bien, así que entre cuatro vueltas que dimos, y el ciego que llevaba se pensaba que estaba a punto de echar el polvo de su vida cuando llegó la striper y...".

Yo reconozco que soy maniático con mis semejantes, algo extemporáneo y drástico en mis opiniones y que generalmente-como canta el Loco- "me siento en la fractura de valores que no cuentan", pero a mí es que esto de las despedidas de soltero y soltera "modernas" me ha parecido siempre una cosa como muy chabacana y, con perdón, paleta, además de-como diría mi abuela si estuviese viva- "un sacacuartos para catro parvos que teñen máis diñeiro que sentido común".
Esta generación Nespresso(ya hablaremos de ella en otro artículo) desactivada ideológicamente, conservadora, programada por sus predecesores para el ultraconsumo y la deriva vital que éste genera, sin más luces en el horizonte que la evasión constante, frívola e insustancial a través del tobogán de lo lúdico y el placer de lo inmediato- aquí ya me parezco un poco al "moralinas" de De Prada- ha convertido un hermoso ritual de compromiso vital en una suerte de festival hortera y vulgar de dimensiones cósmicas.
¡Y es que da un gusto ver a las manadas de ajadas cuarentonas paseándose por las calles dando gritos con sus viseras con penes de goma, a talluditos treintañeros portando esas camisetas en las que se lee "Tú sigue leyendo, mientras yo te miro las tetas"... o a las amigas divorciadas babeando entre tíos hipertrofiados y con el escroto depilado que se ponen un anillo en los testículos para que el "salchichón" se levante un poco y se les note más bulto!

Dice mucho de la especie humana que mientras unos pocos se dedican a imaginar Colisionadores de Hadrones y a escribir hermosas óperas, otra parte muy numerosa de la misma raza en esos momentos le esté dando cuerda a pollas(con perdón) saltarinas, y comiendo postres en forma de panochas, almejas y chirris, como se denomina técnicamente- es que aquí técnicos en esto somos todos y todas, pues no hay casi nadie que se salve de la manipulación- a este órgano o instrumento de placer humano con que la evolución ,a lo largo de millones de años, nos ha obsequiado.
Hablar aquí de pundonor y dignidad cuando tienes 45 tacos y más pistoleras que J. Wayne y llevas un Kit de Diablesa lasciva o eres un contable de banco calvo, barrigudo y separado que vas disfrazado de preservativo luminoso es, a todas luces, complicado.

Hace unos años-si os fijáis, yo siempre reivindico la sencillez como una de las virtudes y placeres cardinales de la existencia- llegaba con salir a cenar un churrasco con chumichurri y chinchulines con los seis buenos amigos de toda la vida(pocos más se logran en esta vida, y los mejores suelen ser los de la infancia-juventud) y después unas cervezas y cubatas de ron y ginebra a algún pub cercano. En cambio hoy en día- ¿inconsciencia, tedio, derroche...? ¿todo junto?- la generación Nespresso alquila limusinas blancas, le paga 300 euracos -por enseñar nalga y genitales- al mandril depilado o conejita de turno para poner palote a algún gañán pajillero y salido o regenerar los humedales de alguna casada/separada con más hambre atrasada que un comensal habitual de El Bulli y esas cosas deshidratadas en forma de nube que dicen que comen.
Esto cuando no se les da por pagar un dineral para irse de deporte de aventura a descender un río o jugar a eso del Paintball, tirarse en paracaídas desnudos o planificar una bacanal romana en un chalet alquilado de fin de semana.
Los tiempos modernos más que líquidos, que decía Bauman, están hechos a base de fluidos, humores y mucha estupidez galopante para acabar gastándose los cuartos en pajitas de penes de colores, tangas con forma de trompa de elefante o trivials sexuales.

O sea, que para el que esto escribe la cosa ésta de las despedidas de soltero y soltera es una cosa muy similar a tener un disco de Chayanne, un perro de porcelana en el pasillo o un elefante de Lladró con sombrero rojo encima de la tv: una horterada astronómica, fuera de cualquier posible cuantificación humana, merecedora de muerte o destierro.
De muerte, si nos ponemos estrictos. Garrote vil, a poder ser.

Y ahora me tengo que ir, no sin antes ponerme mi camiseta con el lema "Josete, te casaste y la cagaste" y realizar mi juramento de la noche:

"Juro solemnemente como Hombre que honraré
y respetaré a mis Amigos aquí presentes.
Juro que no revelaré los secretos de esta noche.
Entiendo que romper este juramento implicaría la
castración de mi miembro viril con un cuchillo oxidado.
Si alguien me pregunta sobre lo ocurrido esta noche,
responderé: Comimos pizza, nos emborrachamos
y vimos películas porno".

Saludos de Jim, amigos demenciales del inframundo.


jueves, 27 de octubre de 2011

EL SUEÑO POP-ART DE UNA NOCHE DE OTOÑO EN EL METRO DE TOKYO

Mi padre era zapatero, delgado como el brazo de una lámpara y además tenía una especie de tupé grasiento que se fijaba cada mañana untándose uno de sus dedos en una pegajosa gomina de bote y pasándoselo después por el cabello muy despacio, como un rodillo.
Mi padre trabajaba desde la mañana al atardecer, casi sin parar para comer, cosiendo los cueros abiertos, remendando botas, quitando suelas viejas y poniendo otras nuevas.
Nunca salió de su ciudad, de nuestra ciudad.

Cuando yo era pequeño, mi padre me llevaba todas las mañanas al colegio... y cada una de esas mañanas(lo recuerdo perfectamente) a mi me atenazaba una profunda e hiriente vergüenza por el hecho de que los demás niños me vieran acompañado por aquel pobre padre zapatero, grasiento y remendón, que nunca había logrado reunir el dinero suficiente para salir de su ciudad, de nuestra ciudad.
Un día le comenté a un amigo del colegio el insufrible bochorno que yo padecía al tener el padre que tenía. Ese amigo se lo dijo a su madre. Su madre se lo hizo llegar a mi madre una tarde que merendábamos todos juntos en su casa, y mi madre se lo confesó a mi padre esa misma noche después de hacer el amor.
Mi padre no me acompañó al colegio a la mañana siguiente... ni a la siguiente, ni a la otra. Nunca me volvió a acompañar al colegio.


Pasaron los años.
Cuando mi padre enfermó a mí ya no me daba vergüenza mi padre, aunque hubiese sido toda su vida un zapatero grasiento y remendón que nunca había salido de su ciudad. Pegado a su cama en sus últimos momentos, me confesó el enorme dolor que le había causado el hecho de enterarse de la vergüenza que su único hijo sentía hacía él, hacia su pobreza y su trabajo, hacia su ausencia de bagaje y conocimiento del mundo, así que me contó que desde ese mismo día se había dedicado cada noche en la intimidad de su habitación a la lectura y estudio metódico de las guías y libros de viajes que iba comprando, a un precio muy asequible, en una tienda de libros de segunda mano que había de camino a su pequeño taller de zapatero.
- ... así que ahora, hijo, ya estoy preparado: pregúntame por mis viajes...

Y yo le dije París. Y mi padre me habló de una exposición de Cézanne que había visto en el Barrio Latino y de cuando casi se cae al Sena con mi madre. Y yo le susurré Londres y me comentó el tamaño exacto de la estatua de Darwin en el Museo de Historia Natural y cómo casi pisa una ardilla en el parque de Kensington... New York, Oslo, Lima... hasta que ambos nos quedamos dormidos en el silencio de aquella larga noche de ciudades y viajes invisibles mientras le pedía perdón por mi infantil estupidez y le recordaba lo orgulloso que me sentía ahora de haber tenido un padre zapatero, grasiento, remendón y... viajero... como él.

Aquella noche de hace ya siete años aprendí dos cosas: una, que también se podía viajar en un sentido que no era el estrictamente físico y convencional; y dos, que había tardado demasiado tiempo en aprender a juzgar correctamente a las personas y a lo bueno que contenían más allá de su apariencia.
Ambas cosas me las enseñó mi padre.

Hoy me he levantado en Tokyo. En el metro, entre carteles de Pop-Art de los setenta y ochenta. Fue mi padre el que me dijo que me iban a gustar, pues eran coloridos y hermosos recordatorios de cosas tan sencillas como tratar de no dejar olvidados nuestros paraguas, evitar tirar chicles al suelo, no fumar o no invadir espacio de los demás en los asientos de los vagones... porque las mejores historias siempre nos hablan de cómo las mejores cosas de la vida suelen ser siempre las más pequeñas y sencillas y las que más desapercibidas pasan ante nuestros ojos.




















Saludos de Jim.

miércoles, 19 de octubre de 2011

SEGUNDO DE CHOMÓN Y OTROS PIONEROS DE LOS EFECTOS ESPECIALES EN EL CINE


Hasta llegar a películas como Parque Jurásico, Terminator o Avatar, el Cine de efectos especiales ha tenido una progresiva, lenta y sorprendente Historia de hallazgos y descubrimientos.
Hay que remontarse hasta el lejano siglo XIX para bucear en los orígenes del trucaje cinematográfico con una proyección de la Edison titulada "La ejecución de María Estuardo, Reina de Escocia"(1895) para poder observar como la cabeza de la reina se separa del tronco ante la atónita mirada de los hipnotizados espectadores de la época.
El primitivo truco consistía en unir a la secuencia original con actriz real otra con un maniquí como si fuese un plano continuo y transmitir la ilusión de conjunto.
Se había descubierto algo- que ahora nos parece tan elemental- como la parada de cámara, efecto mágico en aquellos inocentes tiempos de primer Cine.

Posteriormente fue el gran Meliès con su "Escamoteo a una dama"(1896) o "La Luna a un metro"(1898) el que utiliza el recurso de la doble exposición y la fotografía sobre fondos negros, creando gracias a ello nuevas y complejas ilusiones ópticas. Así que mientras Meliés coqueteaba con sus fundidos y encadenados, el británico G. A. Smith jugaba- creador también del movimiento invertido: una persona se cae desde una ventana e, inmediatamente, vuelve a ascender como si nada- a realizar varios cortes dentro de una misma secuencia, dotando a la escena de coherencia y continuidad sin problema.
Ya en "Viaje a la Luna"(1902), de George Meliès, está recopilado todo este repertorio de trucajes y efectos ópticos del embrionario arte del Cine: dobles exposiciones, parones de cámara, sobreimpresiones, etcétera.

Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruíz(Segundo de Chomón, para entendernos) nace en Teruel en 1871 y es uno de los pioneros en esto de los primitivos efectos especiales de las películas. Se le considera uno de los grandes de la técnica del Stop- Motion o Paso de Manivela, que consiste en la encadenación y engarce de imágenes fijas para transmitir la sensación de movimiento. Este turolense trabaja para la Pathé francesa y para la Itala Films de Turín después de jugar con las maquetas en "Choque de trenes"(1902) o de contribuir con sus sobreimpresiones en filmes como "Gulliver en el país de los gigantes"(1903), precediendo al maestro Harryhausen varias generaciones.
Pero si hay que citar la piedra angular y obra cumbre del aragonés pionero de los FX, ésta es una joya de 1905 que lleva el título de "El Hotel Eléctrico", en la que Segundo de Chomón desarrolla y perfecciona su famoso paso de manivela de forma extraordinaria, dejando establecido ya un temprano punto de inflexión(un antes y un después) en la forma de acercarse a las técnicas del trucaje cinematográfico de la Historia del Cine.
Pura arqueología cinematográfica.

Antes de degustar "El Hotel Eléctrico" en toda su espléndida dimensión, habría que tratar de ponerse un poco en la piel de aquel virginal espectador de principios de siglo que está asistiendo incrédulo al nacimiento de un nuevo arte, de una insólita forma narrativa(la más realista de todas, pues incluye movimiento e incluirá posteriormente sonidos y voces) que rompe con todo lo anterior; habría pues que imaginarse el impacto visual que tendría en aquella retina estos objetos animados que se trasladan de un lugar a otro de la habitación y que se introducen solos en aparadores y cajones.
La fascinación y magia primitiva del Cine en estado puro en los ojos de aquellos afortunados primeros espectadores del siglo XX:



Saludos de Jim y ¡qué grande es el Cine!

sábado, 1 de octubre de 2011

451 º F


El joven delincuente estaba tan harto de su vida que decidió ahorcarse con un viejo cinturón esa misma tarde de invierno. Pasó la soga por encima de la viga de madera del techo y apiló un montón de libros- que había robado de una casa la semana pasada- para encaramarse sobre ellos y así anudar el cinturón al cuello cómodamente.
Antes de subirse encima de la pila se le ocurrió abrir uno de los libros, al azar. Allí dentro leyó las siguientes palabras:

"... A la mañana siguiente se despertó tarde, tras un sueño agitado que no lo había descansado. Se levantó bilioso, irritado, de mal humor, y consideró su habitación con odio. Era una jaula minúscula, de no más de seis pies de largo, y tenía un aspecto miserable con su papel amarillento y lleno de polvo colgando en jirones de las paredes".

Al joven delincuente le picó la curiosidad. Aquéllo podía no significar nada pero también podía significarlo todo, así que comenzo a leer muy intrigado la historia del estudiante Raskolnikov y le pareció tan entretenida que en todo el invierno no se volvió a acordar más de su vocación de suicida en ciernes.
Así que cuando llegó la primavera ya había devorado a Twain, Aldecoa, Saint-Exupéry, Balzac, Colette, Ray Bradbury... y leyó tanto que al final se sacó dos carreras y una plaza de auxiliar en una biblioteca municipal de su ciudad.

Y el joven delincuente fue tan feliz que vivió hasta los 451º F, la misteriosa edad en la que desaparecen en las cálidas noches de otoño los buenos lectores, entre montones de hojas secas que arden al más leve contacto de la imaginación y se elevan en una casi invisible columna de humo, sueños y ceniza hasta el asteroide B 612(en el que hay tres volcanes) para así fertilizar la única rosa que hay en todo el planeta.

Fin.

Saludos de Jim y a leer mucho y bien este otoño.