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jueves, 6 de diciembre de 2012

MICROESCALAS



    Yo todavía no había cumplido los nueve años aquellas navidades en las que mi padre me regaló una galena... mi primera galena.
   Una radio de galena, por si alguien  no lo sabe, es un receptor de AM que viene desarmado y cuyas partes hay que ir ensamblando para que la cosa funcione : condensador con diodo, diodo con bobina de núcleo, bobina del núcleo con condensador, condensador con...
   Así que, en definitiva, una galena es solamente una especie de circuito paralelo o en línea que sirve, gracias a la inestimable ayuda de la inducción electromagnética, para llegar a sintonizar unas pocas emisoras de onda corta.
   Mi padre y yo montamos esa mi primera galena en una tarde, y la dejamos después sobre la mesilla de mi habitación. Todavía recuerdo como si fuera ahora esas noches en las que mi padre se tumbaba a mi lado en la cama y ambos escuchábamos reconcentrados todo aquel invisible caudal de sonidos inexplorados que brotaban de la extraña caja de madera marrón, coronada por una bobina con filamentos de cobre alrededor.
   De allí emergían viejas canciones, obras de teatro radiadas, series y todo tipo de programas que nos mantenían en vilo hasta que, poco a poco, ya fatigados, nos íbamos replegando hacia el inmisericorde y brumoso pozo del sueño. Algunas noches, en mitad de la duermevela, podía llegar a atisbar con el rabillo del ojo cómo mi madre despertaba a mi padre suavemente y lo llevaba a rastras a su habitación. 
   Ambos se sonreían en aquella penumbra a la que mis ojos  ya se habían acostumbrado.

    Recuerdo muy especialmente- como si fuese ahora, nunca sabré decir el por qué- una noche en la que una sugerente voz que salía de la caja decía:
- ... y es que no prestamos la debida atención a la microescala... cada uno de nosotros contiene también universos dentro de sí mismo... somos los gérmenes, los átomos, que circulan por las venas del universo, compartiendo con éste esos quarks, cromómetros y attómetros que circulan a su vez dentro de nosotros... el alma es un cuerpo electromagnético que continúa habitando el universo después de la muerte...

    Ésta no es una larga historia. Solamente decir que aquellas noches con mi padre fueron las más felices.
   El tiempo pasó tan rápidamente que mi padre se convirtió en mi abuelo y yo en mi padre sin apenas darnos tiempo a enterarnos de que, como decía el poeta, la vida iba en serio.
   Mi padre, ahora anciano, enfermó y ya era un lugar frío y casi silencioso cuando una noche llevé la galena a su habitación y me tumbé a su lado.
   Nos quedamos en silencio, de nuevo expectantes como cuarenta años atrás, mientras resonaba por las esquinas de la oscuridad la voz de alguien. 
   Al poco rato la interrumpí:
   - Papá, ¿te acuerdas una noche en la que estábamos escuchando la galena y alguien dijo que las almas son un cuerpo electromagnético que continúa habitando el universo después de la muerte?
   Me dijo, muy débilmente, que no... que no lo recordaba, que no recordaba aquello que le decía... y también dijo que me quería.
   Yo también, papá, yo también te quiero.
   Después se durmió.

   A las tres y cuarto de la mañana la radio hizo un pequeño chisporroteo... algún tipo de interferencia electromagnética.
   Abracé a mi padre muy fuerte y me fui quedando dormido, plenamente consciente de dos cosas: una, de que el universo, de todas formas, va a continuar sin nosotros y, dos, de que existen vastedades en cada grano de arena y universos a microescala dentro de cada uno de nosotros que nunca podremos llegar a imaginar.


Saludos de Jim.
  

jueves, 8 de noviembre de 2012

DIEZ RAZONES PARA LEER ZOT!, DE SCOTT McCLOUD

                                         


   Sin más dilatación, que diría el otro, entramos de lleno en ese decálogo de inapelables argumentos sobre el por qué esta serie del gran Scott McCloud debería pasar a ser indispensable para todo aficionado al noveno arte que se precie.

   1- CRITERIO Y EXPERIENCIA: Ésta es una razón cardinal a la hora de emitir un determinado juicio sobre la materia a la que hacemos referencia, sea cual sea la susodicha. Por ejemplo, lo lógico es que a  alguien que lleva leídos miles y miles de cómics-tebeos desde su más tierna infancia y que ha transitado por todos los géneros, autores y comicgrafías posibles e imaginadas desde su termprana iniciación en esta disciplina adictiva de las viñetas y las palabras(desde comic-book superheroico de la Edad de Oro norteamericana a la BD histórica francesa... pasando por la novela gráfica de denuncia social o el fanzine underground) se le presuponga cierto buen criterio a la hora de seleccionar unos determinados títulos, desechar otros y el respeto debido a la hora de emitir ciertos juicios de valor a tener, por lo menos, algo en cuenta.
   Yo me suelo fiar bastante de la gente que sabe de algo bastante más que yo.
   Y yo, que tengo en mi alforja esos miles de cómics leídos, soy el que os recomiendo ahora Zot!


   2- SCOTT McCLOUD: Zot! es la obra de juventud de Scott. Si habéis leído algo de su trabajo teórico-práctico posterior como "Entender el cómic" o "La Revolución de los cómics", sabréis que Scott McCloud es uno de los más grandes, y entretenidos, divulgadores de esto del cómic que existen y han existido. 
   Scott es garantía de conocimiento sobre los mecanismos que ponen a funcionar este complejo entramado discursivo, sus sistemas de significación, sus metáforas... en definitiva, que lo que ha hecho Scott en su obra posterior es tratar la semiótica del cómic desde una perspectiva tan lúdica, certera y apasionada que se ha convertido, por méritos propios, en el gran pedagogo del cómic.


   3- MISCELÁNEA DE GÉNEROS: Zot! es un perfecto y hermoso revoltijo de géneros, que va desde el independiente hasta el superheroico, pasando por el manga, el cómic de escuela y adolescentes e incluso la más añeja y decimonónica Ciencia Ficción.
   Es como coger a Astroboy, Graig Thompson, Jack Kirby, Shazam y Julio Verne y meterlo todo en una coctelera, listo para ser agitado convenientemente.
    Unas veces te da la sensación de estar leyendo una historia clásica de superhéroes con pinceladas del mejor slice of life, y otras estar asistiendo a la presentación de uno esos autores personales e independientes que aparecen muy de vez en cuando y se desmarcan de los géneros clásicos y estancos, jugueteando en la periferia de ellos con innovadora  frescura a la vez que delimita nuevas fronteras para el arte.


   4- ZOT: Zot es un Peter Pan encantador. Un ingenuo héroe-físico, ético y moral- de una sola pieza. Uno no tarda demasiado en darse cuenta de que Zot, el chico del rayo amarillo en el pecho, tiene ecos y resonancias no solamente provenientes de la Edad de Oro del cómic de superhéroes y de la cultura pulp, sino también de cada uno de nosotros, de cierta pureza ingenua y nostálgica de un mundo y un nosotros mejor que perdimos hace mucho tiempo en el fuego de la infancia... o que nunca fuimos.
   Zot es precisamente todo aquello que echamos de menos porque nunca pudo llegar a ser: el optimismo inquebrantable en la especie humana, el compromiso y la fe inmarcesible en los demás.

    5- AMIGOS Y VILLANOS: No puedo sino rendirme a la maestría de Scott a la  hora de confeccionar unos compañeros de héroe de la atractiva proporción y complejidad de la que hacen gala toda una Jenny Weawer, Horton, el robot Peabody, Tío Max...  y esos villanos fantásticos de la hechura de un Dr. Bellows, La Mancha, Dekko o el terrible J9AC9K.
   Conocimiento del medio, inteligencia, creatividad, desarrollo de personajes... 


    6- LOS DOS MUNDOS: Zot y sus amigos provienen de una especie de mundo alternativo al nuestro, como una tierra-2, en el que han triunfado las predicciones más luminosas, tecnológicas y optimistas sobre el futuro de la humanidad. Un mundo idealizado sacado directamente de las notas, dibujos y apuntes de Julio Verne, las revistas pulp de los años 30 y los mundos de Wells o de Ryder Haggard. 
    Zot llega a nuestro desastrado planeta a traves de un portal de comunicación entre ambos mundos, como un Peter Pan retro-futurista que quiere devolvernos de nuevo a ese país de aventuras y maravillas donde nadie nunca envejece y todo es tal y cómo habíamos soñado cuando pensábamos que las cosas deberían de ir siempre lo mejor posible.
   Esa lejana época en la que todavía éramos lo suficientemente ingenuos para pensar que podíamos ser mejores de lo que ya éramos.


   7- PREMIOS Y MENCIONES: En el mundo del cómic el tema de las menciones y premios en festivales suele tener cierta relevancia y no es baladí. Los jurados suelen ser bastante coherentes y rigurosos con el tema de la calidad de las obras y no es fácil encontrar una obra o novela gráfica premiada o con mención que no cumpla ciertas expectativas y requisitos dignos en cuanto a cualidades muy aceptables para su lectura.
   Zot! ha tenido nominaciones en el Harvey, Eisner y ganado el Jack Kirby. 
   Por algo será, ¿no?


   8- GUIÓN: No era nada usual en un cómic mainstream de los ochenta una temática y unos diálogos sobre cuestiones tan controvertidas como la homosexualidad, el alcohol, el sexo entre adolescentes, el racismo...
    Por eso Zot! no ha sido nunca un cómic usual. Lo esencial de los guiones de McCloud es que trata al lector como un organismo inteligente y sensible,  y no como un consumidor compulsivo de batallas, peleas y hembras pelirrojas ceñidas dentro de su traje verde de lycra que vomitan rayos-T por los ojos y destruyen planetas de golpe y porrazo.
   Historias de la delicadeza y emotividad de "Otoño", "Lucha de titanes" o "Normal"(cada personaje secundario disfruta de su espacio y desarrollo correspondiente) merecerían ser enmarcadas en algún museo del tebeo para la eternidad.
   La prioridad de Scott en el desarrollo de sus personajes y en profundizar en sus entresijos emocionales se nota y es todo un lujo para un lector mínimamente exigente.


   9- DIBUJOS: Aunque obra de juventud, Scott ya apunta sus posteriores inquietudes con respecto al arte del cómic en Zot! Se percibe la preocupación de McCloud por el cuidado del lenguaje narrativo, la onomatopeya, la cinética de los personajes, los novedosos montajes de las viñetas y las composiciones de la página... hay cierto deje manga en algunos rostros, expresiones y movimientos, pero no resulta particularmente incómodo para alguien refractario a la línea japonesa como yo.


   10- HOMENAJES: Los hermosos homenajes en este luminoso universo retro-futurista de Zot! también acaban siendo una poderosa razón para acercarnos a la serie: homenaje al Pulp, al tebeo alternativo, al viejo Cine de anticipación, a los personajes de la Edad de Oro y de Plata del Cómic, a Little Nemo in Slumberland... 
   Zot! es un espléndido fresco que nos devuelve de golpe esa cálida sensación que teníamos cuando éramos niños y  comenzábamos en esto del tebeo y de la vida, que viene a ser lo mismo; ese mismo sentido de la fascinación, de la maravilla, de la aventura que nos aguardaba en el futuro está presente en Zot!, ahora desde la perspectiva adulta e inteligente de alguien que sabe mucho, pero mucho, sobre esta fábrica de sueños que continúa siendo el papel garabateado con dibujos y palabras.

    Está en Astiberri.
    Imprescindible.
    Zot!

   Saludos de Jim.

miércoles, 24 de octubre de 2012

THE TIME HAS COME




   Hay un momento terrorífico e inevitable en la vida de todo ser humano: ese día en el que vas paseando por la calle o subido en un autobús y se te acerca alguien- por lo general, más joven- para preguntarte, siempre a traición y degüello:
   - Señor... ¿tiene hora?

   Esa sencilla pregunta desencadena todo un big bang de emociones que implosionan en nuestro interior; una avalancha de inquietantes interrogantes y reflexiones sobre uno mismo y su condición ¿joven-adulta?, devolviéndonos a la cruel constatación de que la imagen más atinada del espejo es la que los demás nos devuelven y no la que nosotros hemos tratado de evitar, enfrentar o enmascarar a través de los años. ¿Señor... qué es eso de señor? ¿Qué me ha pasado? ¿Cómo es posible si yo me veo igual que hace veinte años... si no he cambiado apenas nada...? Si escucho los mismos grupos, veo las mismas películas y tengo las mismas conversaciones de siempre con mis amigos... si yo creía que en mi dimensión alternativa el tiempo no transcurría.
  Pero sí, amigos y amigas, sí. Lo siento, pero a vuestro alrededor el tiempo no sólo trancurre, sino que baja más rápido que Felix Baumgartner.

   Recuerdo que cuando yo era un niño- atravesando como podía aquellos lejanos años setenta-ochenta de arrabales y descampados coruñeses- los señores sí parecían Señores, y las señoras, sin ningún lugar a dudas, Señoras. Muy, pero que muy, señoras. De verdad y no cómo los de ahora. Señores eran aquéllos a los que veíamos que pasaban de los treinta con sus pantalones de tergal, sus bigotazos, su incuestionable autoridad paternal y sus cervezas de los viernes con los amigos en el bar de la esquina. Ellas, las Señoras, también destilaban esa sobria fragancia de maduración y sabiduría, de adultez incontestable cuando te las cruzabas en las escaleras, en la calle o comprando un vestido y unos zapatos en la boutique 2000, etcétera.
   O esa era la impresión que de infantes nos transmitían aquellos seres humanos que fueron y son nuestros padres, tíos, sus amigos, nuestros vecinos...

   Pero el tiempo, ese compañero silencioso que nos desgasta con su infinita paciencia, es un maratoniano infatigable. ¿Cómo distinguir si ya somos o no señores y señoras hechos y derechos, como los de antes, a pesar de lo mucho que una parte de nosotros siga intentando simular que a nuestro derredor el tiempo permanece congelado?
   Ahí van unas breves claves-señales para identificar el paso del tiempo sobre nosotros y así reevaluarnos y  ubicarnos cronológicamente:

   -  LA RESACA- Es viernes, tienes 20 años y sales de una barra libre en la que te bebiste tres cristales, dos vacasverdes y cuatro whiskys con coca-cola. El sábado repites y el domingo a lo mejor. 
  Hoy, con los treinta y muchos o cuarenta encima, sales un viernes y tienen que transcurrir, mínimo, cuatro días hasta que estes totalmente repuesto. Y dos semanas para la siguiente. 
   De  trasnochar o ir directos al trabajo casi mejor ya ni hablamos, ¿no?

   -"LOS DÍAS SON MÁS CORTOS-IGUALES Y EL TIEMPO PASA MUCHO MÁS RÁPIDO"- Esa percepción de paso vertiginoso de los días-semanas-meses-años-lustros-décadas es universal y creo que no hay nadie que, a partir de una determinada edad, no haya verbalizado esta extrañeza ante sí mismo y ante los demás. Las cosas funcionan así. Nosotros, los hombres, solíamos decir que después de la mili el tiempo pasaba volando. Ahora, sin servicio militar obligatorio, no sé si la cosa habrá cambiado y la sensación de apresuramiento y uniformidad de los días será la misma.

   - VELLO EN LUGARES INSOSPECHADOS- Más propio de los varones y de algunas mujeres hirsutas. El pelo en la nariz, espalda u orejas es una característica de esta imparable maquinaria temporal. Te estás tomando un café con un amigo que a los veinte era barbilampiño y un día te fijas en que, a los cuarenta y pico, le salen unos oscuros pelos de las orejas que le asemejan a un ewok que vive en la selva virgen de Endor.
  No por nada las máquinas corta-pelos de segunda mano que se venden hoy por ebay son uno de los productos más demandados.

   - GENTE DE CLASE- No hay duda, pues nos pasa a todos. Nos encontramos a alguien por la calle con el que compartimos aula en 4º de EGB(Juan Pita Castro, por ejemplo; me acuerdo de los nombres y apellidos porque los curas pasaban lista todos los días) y pensamos automáticamente: 
   - Joder... qué gordo y  calvo y con dos niños... qué mal y rápido pasó el tiempo para este chaval...

   Pero no, de rápido nada, pues él seguramente está pensando lo mismo de ti en esos momentos. La realidad es que estáis los dos más o menos igual de deteriorados, pero vuestros mecanismos psicológicos de defensa son similares y la reacción pasa por adjudicar al otro la peor parte para salir victorioso en la comparación.
   El tiempo pasa para todos igual y os dejará, tarde o temprano, averiados a ambos por igual. Ley básica de la termodinámica.

   - PENSAR EN LA MUERTE- En la niñez ni los villanos- después de haber vaciado M.A y Murdock más de diez mil cartuchos en la refriega sobre ellos- del Equipo A morían. La muerte sonaba a algo más lejano que un cuerno del Nepal. Pero un día, de repente, nos damos cuenta de que la gente fenece y no se la vuelve a ver más que en vídeos y fotos. Toda, sin excepción. Amigos, familiares, vecinos... así que dejamos de ser inmortales fuera ya de aquella ingenua  imaginación infantil. Ahora somos plenamente conscientes de que la cosa esta de morirse es mucho más sencilla y que nada nos protege-ni a nosotros ni a nuestros seres queridos- contra esa voluntad férrea de transmutación a sabe dios qué polvo de estrellas.
  De repente, la adultez nos devuelve, en medio de la natural impotencia, el reflejo de nuestra propia fragilidad como seres humanos... todavía vivos.

   - DORMIRSE VIENDO LA TELEVISIÓN- Una noche te sorprendes quedándote dormido en mitad de un frenético tiroteo de La Jungla de Cristal II y sientes una extraña sensación, pues pensabas que eso solamente lo hacía tu padre cuando eras niño. Hasta que te miras en un espejo y te das cuenta de que tú te has convertido en lo más parecido a tu padre que pueda haber y que eres el que se duerme en las películas, escucha la radio de noche con un auricular puesto y se lleva tebeos al váter.
   
  -GIMNASIO Y PRIMEROS ACHAQUES- Cuando tenías 20 años entrenabas lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado; dos horas diarias. Después ibas a jugar al fútbol otra hora. Te duchabas y como nuevo. Para otra. Ahora, con treinta y nueve, entrenas dos días y uno te vas a la sauna y a hacer yoga. Una hora máximo y pesos ligeros, no vaya a ser que te vuelva a dar otro calambre y te deje tumbado una semana.
  Lo de correr casi que lo dejamos para el sábado. 3 km como mucho. 
  Y lo de fútbol para grabarlo y subirlo al Youtube.


     - LA NOSTALGIA Y LAS CANCIONES DE LOS DIBUJOS ANIMADOS- Si tienes treinta y muchos/cuarenta y quedas en casa de alguien para tomar unas cervecitas, lo más normal es que en un momento dado acabéis emocionados cantando las de "Mazinguer Z es rápido y veloz, con sus enemigos no hay piedad" o "Érase una vez un planeta triste y oscuro y la luz al nacer descubrió un bonito mundo de color"... normal, siempre hay que volver, por lo menos con la memoria que nos queda(que es del poco divertimento gratis que todadavía poseemos), a aquellos lugares en los que fuimos un día felices, por eso alguna cuarentona soltará la lagrimita cuando le habléis de Fofó y del auto de papá, de Orzowei o de aquellos viernes en bata viendo a los Supertacañones y el Seat Málaga del Un, Dos, Tres. 
   Lo entiendo perfectamente, pues a medida que el tiempo pasa la sensación predominante es que todo a nuestro alrededor está empeorando a marchas forzadas. Ni somos la primera generación en sufrir este espejismo ni seremos la última.

      - TIEMPO PERDIDO- El tiempo es lo que tiene, decía el poeta, que está para perderlo. Y, pasados los años, la mayor parte de las personas tienen una leve/profunda crisis autorreflexiva(y un cisma consigo mismos) en la que se plantean la gran cantidad de tiempo perdido e improductivo que ha supuesto su vida- ¿Qué he hecho yo durante los últimos diez años? ¿En qué he podido desperdiciar mi vida?- y los posibles What IF?(Qué hubiera sido de mi vida si..., Por qué no he hecho esto ni lo otro..., Cómo he desaprovechado todo ese caudal de años y...)
   Esa percepción de la vida como una gran suma de instantes metidos directamente en la papelera de reciclaje es otra constante psicológica universal, porque supongo que como en esta existencia no hay borrador ni rectificación posible y siempre vas tocando por la existencia de oídas y a base de errores y golpes, lo que la gente le grita al universo es esa su frustración por no poder volver atrás para retomar la posibilidad de recomponer los millones de cosas que fue jodiendo por el camino... que seguro que a muchos ni a la segunda le saldrían medianamente bien.


   Así que ya sabéis, lo duro no es que os cedan el asiento en el bus, ni que cada vez os gusten más las chicas más jóvenes o que os moleste pasar por una zona de marcha un sábado por la noche... lo realmente inquietante es pensar que nunca más volveréis a ser tan jóvenes como en el momento en que, justamente, estáis leyendo ahora esto.
   Nunca. Pensadlo bien.

Saludos espacio-temporales de Jim.





jueves, 27 de septiembre de 2012

PAISAJES DEL APOCALIPSIS, POR VALDEMAR


     Llegó un momento en el que me sentí absolutamente solo en el mundo. Sobre el cielo azafrán se perfilaban los grandes rascacielos de acero y cemento que habían crecido en las ahora ciudades vacías. 
   Todo el mundo había desaparecido y el universo, de repente y por primera vez, era un lugar silencioso. Extraño y silencioso. Incómodo y silencioso. Solitario y silencioso.
   Recorrí las calles desiertas del atardecer; arrojé piedras a varios escaparates, me bañé en una fuente de aguas verdes, destrocé los retrovisores de unos cuantos coches... y nada. 
   Allí no había nadie. Como en un sueño.
   
   De repente fui consciente de que no es nada fácil estar solo, totalmente solo, aunque así  nos lo pareciese cuando estábamos rodeados de gente por todos los lados. ¿Qué va a pasar ahora con el resto de mi vida? ¿Todo lo que me espera es este silencio? ¿Nada más? ¿A quién le contaré lo que yo he sido o quiero ser... o cómo podré llegar a ser algo concreto y definido sin compartirlo con nadie? ¿Qué importancia tiene el ser o el existir si no se proyecta sobre los demás... sobre los otros, para que avalen con su aprobación o desaprobación la realidad de nuestra presencia, de nuestra entidad? ¿Se puede existir sin los demás?

   Sopla un viento frío. Me paro. Hay un árbol muerto en medio de la calle que nadie quita porque estoy solo. Cojo unos pasteles y me los como sentado en la acera. No sé cómo he llegado aquí pero me doy cuenta de que, de alguna extraña manera que desconozco, ya formo parte de este inquietante paisaje. 
   Una inquietud, un desasosiego cósmico, como de planetas desiertos suspendidos de la oscuridad infinita, fuera del espacio y del tiempo, sin ninguna finalidad o propósito, me invade. Me limpio con la manga de la camisa las comisuras de los labios y entro en el primer local que veo, sin mirar.
   Comienza a anochecer.
    - ¡Es una biblioteca!- me digo en voz alta a mí mismo cuando estoy dentro- Una pequeña biblioteca de barrio...
   Le doy una patada a una pantalla de ordenador que está en el suelo mientras echo un vistazo por los estantes, hasta que me paro delante de uno en el que se puede leer una etiqueta blanca en letras negras que dice: 
   "LITERATURA DE ANTICIPACIÓN".

   Cojo un grueso volumen negro y lo abro. Es un tomo de una edición muy cuidada. Se titula "Paisajes del Apocalipsis", de la editorial Valdemar. Por lo que ojeo en el índice, parece una buena recopilación de relatos.
    Me arremolino en un sofá, enciendo la lámpara de lectura pegada a éste, y mientras ésta se va calentando y la luz crece,  abro el libro y leo:

   " Todos amamos las historias post-nucleares. Si no fuera así, ¿por qué se habrían escrito tantas? Hay algo de fascinante en la desaparición de todas esas personas, en el vagar por un mundo despoblado, rapiñando latas Campbell de cerdo con alubias, defendiendo a la propia familia de los merodeadores. Sin duda es horrible, sin duda nos apenamos por toda esa gente muerta. Pero en algún lugar oculto de nuestra mente pensamos que estaría bien sobrevivir, comenzar de nuevo. En secreto, sabemos que sobreviviremos. Son los demás los que morirán. De eso se trata".

   
   Cuando estoy embebido leyendo el relato "Gente de arena y escoria", alguien detrás de mí, en la oscuridad, tose.
   Por si acaso, no me vuelvo.



   Saludos de Jim y como siempre, no perdáis de vista a Valdemar y sus magníficas ediciones. Todavía estáis a tiempo.

  

sábado, 25 de agosto de 2012

AQUELLAS TIENDAS DE BARRIO


   Yo fui un niño feliz haciendo la compra en la tienda de mi barrio por variadas y numerosas razones: 10 pesetas por aquí en gominolas; quince pesetas por allá de siseo(a mí madre nunca le he salido muy rentable, todo hay que decirlo) que caían dentro del bolsillo para ser empleadas en la compra de algún tebeo de superhéroes de mis quince colecciones favoritas de Cómics Forum; una ocasión ideal para ponerme al día de los chascarrillos y rumores del barrio; el olor a pan recién hecho, donuts y queso...
   Para mí aquella pequeña tienda de la esquina de Pepe y Pilar fue un pequeño microcosmos en el que contemplaba ensimismimado-siempre he sido, desde niño, de carácter ascético y observador- aquel fascinante universo a escala, de naturaleza humana, animal y vegetal, compuesto por señoras(apenas había hombres) con bolsas y delantales, pedazos de bacalao salados colgados de ganchos, quesos con moscas y tambores de detergente Colón que llevaban dentro minerales de regalo.
   Una escuela de vida en la que me tengo pasado cientos de horas de contemplación y análisis de la realidad circundante. Casi más que en las enseñanzas regladas, la verdad, a las que siempre he sido más que reacio(y así me he quedado en un limbo extraño entre niño prodigio y adulto precario)
   
   Y es que yo, repito, era feliz en la tienda de Pepe y Pilar, entre las sabrosas manzanas rojas con gusano y los yogures amarillos de Danone, mucho antes de saber que los procesos de globalización e intensificación de los mercados agroalimentarios dejarían moribundo(solamente había unos Spar y un par de Economatos) al comercio tradicional, al trato familiar y a la venta bajo mostrador... para derivarnos por mandato de la ansiógena sociedad moderna de mercados perfectos y planificadas estrategias competitivas a las desangeladas e impersonales líneas de cajas, atendidas por cajeras silenciosas y mal pagadas. 
   Un frío multiverso de códigos de barras e insípidos productos light.

  Y es que hubo un tiempo en que las tiendas de barrio no se llamaban "comercio de proximidad" o "pequeño comercio", sino la tienda de Pilar, de Pepe, de la señora Carmen o de Dolores y Juan.  Allí aprendí que a las patatas les salen raíces, que la fruta con agujero es la más sabrosa, que hay que estar atento a las básculas, que las buenas lechugas traen bichos, que aunque cojas las gominolas o los tomates con las manos no te vas a morir de una infección. 
   También aprendí a reciclar las botellas de litro de cristal de Coca-cola(que tenía mucha más fuerza que ahora) y que los mejores huevos y chorizos son los de aldea, previo encargo de un par de docenas para el lunes.
   Me gustaba aquel pan que no era de chicle, que no venía envuelto en plástico y que podía durar una semana fresco; y aprender a sumar con Pepe, sin calculadora y a mano, en aquel papel marrón de envolver donde hacíamos las cuentas a medias y que después subía a casa para enseñar a mi madre. Y me gustaba hacer cola porque mientras aprendías a esperar te enterabas de todos los chismes y runrunes del barrio("que si el marido de la de encima del bar iba dando tumbos ayer por... que si el hijo de Mercedes, la de la droguería, se echó novia..."), como un Sálvame de Luxe familiar, cálido y cercano.

   Y  así, en aquellas mañanas y tardes en la tienda de mi barrio era yo feliz, porque sabía que si me olvidaba algo Pilar me dejaba llamar por teléfono a mi madre y que si me quedaba corto de dinero o no llevaba no pasaba nada, pues quedaba apuntado en la libreta( Mari: 123 ptas) y ya pagaría otro día. Fiar, se llamaba.
 Además de que siempre era el primero en coger el corrosco del bollo.

   - ¿Cuánto es, Pilar?
   - Doscientas treinta pesetas y dile a tu madre que el lunes le tengo los huevos... por cierto, ¿cómo anda tu hermana del catarro? ¿Ya está mejor?

   ¡Aunque solamente sea por esto, cómo no voy a simpatizar con Sánchez Gordillo!
   Saludos de Jim.


lunes, 13 de agosto de 2012

DESDE TOKIO CON AMOR: NUEVA FOTOGRAFÍA JAPONESA



   Lo que más me sorprendió de mi estancia en aquella isla es la confianza que los japoneses tienen en los japoneses. 
   Me explico.

   Un martes estaba cenando un delicioso takoyaki en un restaurante bastante bueno y barato del sur de Tokio y me fijé en que los dos hombres y las tres mujeres- creo, por su aspecto, que venían del interior del país- que estaban a mi lado, en sendas y contiguas mesas, tenían sus maletas y bolsos fuera del local, en plena acera, sin ningún tipo de protección. Y apenas las miraban o les echaban una rápida visual de vez en cuando.
   Más tarde, paseaba ensimismado por el hermoso barrio de Sumida contemplando cómo los departamentos exiguos de los japoneses permanecían con las puertas abiertas de par en par hasta altas horas de la noche(incluso en algunos hogares no se cerraban nunca las puertas exteriores), pensando en cómo esa hiperinflación de confianza contrastaba con la naturaleza suspicaz y aprensiva de los españoles, curtidos como raza  desconfiada ante la sempiterna amenaza de infatigables pícaros, descuideros y tunantes de tres al cuarto que no le sacaban el ojo a la faltriquera ajena.
   Los japoneses, pensaba yo, puede que sean tan confiados porque ya no les puede pasar nada peor que lo de Hiroshima y Nagasaki. Y tampoco me extrañó- ahora, al tenerlos tan cerca me fijaba más en estas cosas- que sonrían más que los españoles, pues tienen esos maravillosos festivales de linternas, con miles de farolillos de colores y figuras de dragones de papel engalanando sus calles y noches. Y es completamente imposible que alguien no expanda las comisuras de sus labios ante esos fastuosos espectáculos de luz, vivos colores y papel prensado.
   Imposible.

   Uno de mis lugares favoritos de Tokyo es el templo Meiji Jingu, un santuario sintoísta en pleno centro de la ciudad y que está rodeado de bosques y jardines. 
   En el templo de Meiji Jingu hay un gran árbol sagrado. Y alrededor de ese gran árbol sagrado hay unos paneles en los que los japoneses y visitantes cuelgan sus deseos en unas pequeñas tabletas(llamadas tabletas ema), esperando que se cumplan algún día.
   Así que yo también escribí y colgué allí mi deseo con la esperanza de que un día se cumpla.

   - Me gustaría visitar Japón alguna vez- garabateé en la tablita de madera.

   Porque la verdad es que nunca estuve en Japón ni en Tokio ni en ninguno de sus 23 barrios especiales. O igual soñé que sí estuve, no lo sé. Lo único que creo es que probablemente haya dejado mi deseo allí colgado, alrededor del árbol sagrado, sin haber estado. 
   Así que mientras espero que éste se cumpla algún día, visito Japón de la mano de Hazuki Natuno, Junku Nishimura, Sawako Obara, Hiroshi Nomura, Suwa Minoru, Ken Hayafune, etcétera. 
  La nueva e impresionante generación de fotógrafos japoneses.
  
   Porque viajar es también y sobre todo un estado de ánimo, por lo que es posible recorrer el universo sin moverse más que cuatro centímetros justos. 
   Los japoneses lo saben. Por eso se muestran tan confiados y sonrientes.













Saludos geek de Jim.



jueves, 26 de julio de 2012

MARY AND MAX: TERMÓMETRO RECTAL PARA FELINOS

   
   Mary es una niña australiana de ocho años que no tiene amigos y cuyo mayor y único placer se limita a ver dibujos animados en casa mientras toma leche condensada a cucharadas.
   Su padre es taxidermista-diseca animales muertos en el garaje- y su madre cleptómana y demasiado aficionada al jerez.

   Max es un neoyorkino solitario que padece obesidad mórbida y vive preso de constantes ataques de ansiedad y de una total incapacidad para relacionarse adecuadamente con el mundo que le rodea(le trastorna enormemente que la gente tire colillas, latas, papeles y ensucie la calle... y en una ocasión le regala a una chica que le gusta un termómetro rectal para felinos)
   Max padece el Síndrome de Asperger(carencia de empatía, obsesiones compulsivas, aislamiento, mutismo...), ha patentado unos perritos calientes con chocolate y tiene peces a los que siempre llama Henry y que mueren, por lo general, en extrañas circunstancias.

   Mary y Max no saben ni siquiera que el otro existe, pero un día Mary coge al azar una dirección de una guía de teléfonos y escribe una carta contando quién es ella y las cosas que le gustan. Y la acompaña con una tableta de chocolate australiana. La carta le llega a Max, éste le responde y comienza así entre ambos una relación epistolar que durará décadas. Ahora, de repente, ya tiene, cada uno de ellos, un amigo a quien contarle sus desvelos, pasiones, manías, esperanzas, obsesiones, etcétera.


   "Mary and Max" es una película de animación construída mediante la técnica claymation( o sea, plastimación=parada de imagen+plastilina) del año 2009 dirigida por el australiano Adam Elliot. Una obra sobre la aceptación y la amistad, sobre la soledad y la incomprensión. Hay algo en "Mary and Max" que conmueve: el certero tratamiento de los personajes; la precisa definición de sus naturalezas más íntimas; la radiografía exacta de las pequeñas y mínimas cosas(costumbres, fobias, alegrías, manías...) cotidianas que nos convierten en ese trama confusa de hilos desmadejados -a veces demasiado simples, otras enormemente complejos- que denominamos seres humanos. 
   Frágiles, pero también tenaces e infatigables. Esta nuestra imperfección, dice Max, es lo que nos lleva a querernos unos a otros:

 «Las vidas de todos, son como una larga acera. Algunas están pavimentadas. Otras, como la mía, tiene grietas, cáscaras de plátano y colillas. Tu acera es cómo la mía pero probablemente con menos grietas. Ojalá algún día nuestra aceras se encuentren y podamos compartir una lata de leche condensada»(Max a Mary)

   Saber que  la historia de Mary y Max está basada en hechos reales y en una relación ca(s)usal de amistad que tuvo lugar en los años 70 entre una niña australiana y un neoyorkino también ayuda a que las emociones afloren al visionar a estos seres de plastilina paseando sus sentimientos por la pantalla. 

   Así que consigan la película de marras, apaguen la luz de la lámpara Orgel(imitación más que descarada de la mítica Akari japonesa) de Ikea, siéntense en el sofá con su cuchara y su lata de leche condensada y prepárense a disfrutar de la pequeña gran historia de cómo Mary y Max aprendieron a aceptarse a sí mismos y, en consecuencia, a prepararse para poder de paso querer a los demás.
   
   Saludos de Jim.