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lunes, 24 de febrero de 2014

"ICE HAVEN", DE DANIEL CLOWES


Los lectores de cómics somos, por lo general, unos tipos privilegiados.
Privilegiados porque tenemos acceso a códigos y universos simbólicos que pertenecen única y exclusivamente a la particular dimensión de este arte secuencial y que resultan muy complicados de trasladar a otros formatos y lenguajes narrativos.
El cómic es un medio de expresión en el que todavía pervive un espíritu de libertad creativa enorme; un arte en el que domina la independencia, la contracultura y que además(gracias a características determinantes de su propia naturaleza) desborda ampliamente las restricciones industriales y formales a la que otros medios y artes están sometidos.
El cómic, en definitiva, es un espacio de libertad sin más límites físicos que los que determina el talento, la creatividad y el riesgo.


"Ice Haven"es otra obra inquietante de ese gran narrador poseedor una cierta y poética extrañeza estática que se hace llamar Daniel Clowes. "Ice Haven" es un perturbador cosmos habitado por malencarados conejos azules, críticos de cómics desaliñados, poetas que no escriben ni un verso, niños neuróticos... todos exiliados en el interior de sus oscuros planetas interiores, incomunicados dentro de sus obsesiones y sueños/pesadillas nocturnas apenas reprimidas.
A los que ya habéis leído a Clowes en "El rayo mortal", "Ghost World" o su maravillosa serie "Bola ocho" no os sorprenderá lo más mínimo el tono ensimismado y abstraído de "Ice Haven", su grafismo lineal y ascético o el discurso que Clowes suele desgranar en sus obras sobre la incomunicación en las urbes - nódulos, casi no-lugares- que conforman la arquitectura básica de las sociedades modernas occidentales.
Hay ecos de Hopper y de Antonioni en el firmamento de Clowes; y yo diría que también de Carver y de otros narradores norteamericanos que han hecho de la extrañeza y de la concreción escrita a escalpelo su forma de expresión(me viene a la cabeza ese universo reconcentrado y decadente que se despliega ante nuestros ojos en el relato de "El nadador", de John Cheever)

No puedo por más que recomendar a Daniel Clowes, empezando con cualquiera de sus obras, y de paso parafrasear un poco a Matt Groening cuando, más o menos, dijo aquello de: " Si alguna vez te has sentido mal por perder tu vida leyendo cómics, adéntrate inmediatamente en este clásico. Seguirás pensando que has malgastado tu vida, pero sabrás por qué. Y te sentirás orgulloso de ello".

Recetar buenos cómics, en estos inquietantes tiempos que corren, es prevenirnos contra la necedad y el cretinismo imperantes y acceder de repente a un infinito universo de libertad creativa y de las coordenadas básicas que garantizan que la deriva, por lo menos, va a ser lo suficientemente grata y enriquecedora.

Lee si no quieres ser como ellos, que decía la Bruja Avería.

Saludos de Jim.



martes, 4 de febrero de 2014

HISTORIA ENCAPSULADA DEL CINE (1895-1910)






Hace ya algún tiempo escribí un artículo sobre los pioneros de los Efectos Especiales en esto de los inicios del cinematógrafo (http://elbazardejim.blogspot.com.es/2011/10/segundo-de-chomon-y-otros-pioneros-de.html); hacía allí una sintética incursión en la obra señera de autores fundamentales como Segundo de Chomón o Méliès, que con sus parones de cámara, sobreimpresiones o dobles exposiciones comenzaron a explorar los recursos estilísticos-técnicoformales del cinematógrafo y a esbozar las grandes posibilidades de aquel incipiente y complejo lenguaje que comenzaba a nacer.
Mi objetivo ahora es hacer una esquemática, personal e intransferiblemente breve Historia del noveno arte desde sus orígenes, década a década, con unos cuantos autores representativos, sus corrientes más destacadas y unas cuantas películas referenciales para el cinéfilo en ciernes(o simplemente el curioso) que quiera aventurarse a explorar un poco más este universo de magia, sueños y pesadillas filmados... todo para tratar de comprender un poco mejor esta evolución hasta nuestros días.
El formato blog manda, así que seré sucinto e iré a lo esencial de lo fundamental para alumbrar un poco el camino de los que quieran iniciarse o complementar conocimientos...

1895-1910: desde el nacimiento del cine un 28 de diciembre de 1895 hasta nuestros días el Cine ha sufrido muchos avatares y mutaciones, pero en sus orígenes ya contiene tanto la naturaleza más realista y objetivista como la vertiente autoral, de ficción y fantástica.
Hasta el año 1910 lo que tenemos mayormente son cortometrajes mudos de entre 2-15 minutos en rollos de 35mm y a una velocidad de hasta 20 fotogramas por segundo, con unos desarrollos y contenidos argumentales muy elementales para los ojos curtidos del espectador del siglo XXI, aunque si conseguimos realizar un pequeño ejercicio de abstracción del presente, contextualizando adecuadamente para meternos durante esos breves minutos en la piel de un espectador de principios del XX que se sentaba en una butaca a contemplar como surgía un tren a toda velocidad desde una pared en dirección hacia él, pues entonces podremos llegar a intuir la conmoción que aquellas precarias sombras en movimiento causaban entre las sorprendidas y vírgenes pupilas de la época.

 Gracias a la tecnología, hoy en día todos estos cortometrajes que forman parte de la arqueología del Cine están a disposición del espectador y se pueden disfrutar en sitios como youtube y demás webs sin moverse del sillón, lo que era totalmente impensable hace un par de décadas, cuya esperanza de visionado se convertía en una odisea de Cine Club, si es que se tenía la posibilidad de disfrutar de tal espacio de visionado, conocimiento y debate cinematográfico.

Así que mis recomendaciones para hacerse una idea de la primera infancia del noveno arte y sus iniciales gateos dentro del realismo, la fantasía y los primeros trucajes son:

1- "Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir"(Hermanos Lumière)
2- "Llegada de un tren a la estación de la Ciotat"(Hermanos Lumière)
3- "El regador regado"(Hermanos Lumière)
4- "Viaje a la luna"(George Méliès)
5- "El hombre de la cabeza de goma"(George Méliès)
6- "El hotel eléctrico" (Segundo de Chomón)
7- "Asalto y robo de un tren"(Edwin S. Porter)

Todas estas breves obras- que se pueden visionar sin problemas en la red- pertenecen al período inicial del Cine que comprende desde 1895 hasta 1910 y nos ofrecen una perspectiva correcta sobre aquella época en la que la magia de la pantalla en blanco y las sombras comenzaba a hacerse realidad.

Saludos de Jim y hasta el próximo y mágico viaje al pasado con la Historia Encapsulada del Cine (1910-1920), para así tratar de comprender mejor el presente y aprender a valorar adecuadamente aquellas películas que vemos.



viernes, 17 de enero de 2014

LOS CHICOS QUE COLECCIONABAN TEBEOS



Hay que decir que esta es una novela cuyo mayor atractivo reside en el hecho de llegar a reconocerse como parte de aquellos chavales que durante los remotos años 70-80 frecuentaban con impaciencia los kioscos en busca de la última entrega de alguna de sus colecciones favoritas de Vértice, Zinco o Fórum; aquellos niños con zapatillas Paredes y anoraks amarillos y azules que se arremolinaban alrededor de algún portal de barrio para intercambiarse tomos de Super Humor de Bruguera o Supermanes de Novaro, la mítica editorial mexicana.
De lo que este libro habla básicamente es de la amistad, del amor compartido por los tebeos/cómics y de la necesidad del ser humano de ser alimentados por la fantasía, por la fábula y la ficción, tan necesarias para nuestra naturaleza intelectual como el agua o la comida para la condición física.

Personalmente, tengo la impresión de ser el autor- de tan interpelado íntimamente que me siento- de esta novela, pues yo también fui uno de esos chavales apasionados desde que tenía uso de razón por este Arte secuencial, narrativo y popular que es el tebeo. No recuerdo bien si todo comenzó con los Olés de 13 Rue del Percebe, con las aventuras de El Corsario de Hierro(en el Mar de los Sargazos), con el Fantasma de Lee Falk o con los Spiderman de Bruguera, pero todavía tengo tan fresca la excitación que me hormigueaba por dentro cuando me hacía con los Batman de Novaro o subía a casa algún sábado noche con una buena pila de tebeos, para leer en cama, que había ido intercambiando con los amigos del barrio.
Rememoro perfectamente la intensidad de ese pequeño placer que me producía la promesa de evasión, fantasía y mundos heroicos que me aguardan dentro de aquel montón de tebeos cuya lectura todavía tenía por delante... ¡cuánta expectación y fascinación conseguían despertar en mí aquellos sueños baratos y mal grapados y aquellas noches de aventuras en la penumbra de un cuarto con vistas a patio!

Y así fue que junto a amigos que compartían esta pasión como Robert, Arturo o Andrés me dediqué a vivir semana a semana aquellas Guerras Secretas, viajando junto con los 4 Fantásticos a aquellas improbables Zonas Negativas y microversos a las que nos llevaba John Byrne, sufriendo por Tía May junto con el viejo trepamuros o saqueando exóticas ciudades enjoyadas dentro de la cobriza piel de un bárbaro cimmerio.
Ahí estábamos nosotros, los niños que coleccionaban tebeos, resguardándonos de la realidad de las bolsas de pegamento, de las aceras sucias y de los padres en paro de los años ochenta en un barrio obrero. La ficción como amuleto que nos protegía del desencanto y de la agrisada existencia barrial y nos hacía habitar la piel de intrépidos héroes que saltaban por los tejados de oscuras ciudades para proteger a los ciudadanos desamparados.

Los chicos que coleccionábamos tebeos salvamos cientos de veces al mundo, peregrinamos por mil exóticos planetas, ganamos todas las batallas, amamos a las mujeres más bellas... y quizás en esa falsificación necesaria de la realidad, en esa búsqueda incesante de lo puro, de lo sublime y de lo perfecto... lo que de paso fuimos adquiriendo, interiorizando inconscientemente, fue también una ética, unos principios y unos valores sobre determinado sentido del honor y de los ideales a los que aspirar, que siempre y en un futuro tendrían que ver con la defensa del más débil y necesitado.
Quizás fue ese una especie de aprendizaje primero, de ética aplicada sobre unos modelos y arquetipos míticos muy concretos en los que verse reflejados.

Los chicos que coleccionábamos tebeos pasamos aquellos, ¡ahora tan lejanos!, años preguntándonos quién era más fuerte, si La Masa o Superman, mientras pateábamos los kioscos del barrio en busca de más dosis de aventura, enviando cartas a los correos del lector, viendo pasar las tardes sentados en un portal mientras hablábamos de Bullseye y Kingpin, de la renovada etapa de la Patrulla X de Claremont, de cuál era el mejor dibujante de Conan(si Buscema o Barry W. Smith) o despotricando contra las subidas de precios de 5 ptas de Fórum.
Es cierto que de día vivíamos en un barrio coruñés humilde llamado Agra del Orzán, pero tampoco es menos cierto que había noches en las que nos paseábamos por los tejados de Manhattan combatiendo contra peligrosos criminales disfrazados de rinoceronte o nos veíamos metidos de lleno en alguna batalla sideral Kree-Skull.

O sea y en definitiva, que si creciste, como yo, como algunos de nosotros antes de este nuevo mundo hipertecnificado y virtualizador, leyendo tebeos... ¡éste es tu libro, pues en sus páginas encontrarás parte de tu vida, de tus recuerdos, de tu historia!
Y la verdad es que nunca dejamos de habitar aquellos multiversos en los que tan felices fuimos de niños... 

Por los viejos amigos que coleccionaban tebeos, por Crom y por el Profesor Xabier... ¡no dejéis nunca de habitar esos sueños que nos hacen más humanos, más sabios y un poco mejores!

Saludos de Jim. 


P.D: ¡Es la hora de las tortas!


miércoles, 8 de enero de 2014

GENERACIÓN CUPCAKE



Douglas Coupland, además de un escritor muy recomendable, fue el tipo que acuñó el término Generación X para referirse a aquellas huestes generacionales que crecieron en plena consolidación del hiperconsumismo, de una nueva precariedad laboral para personas altamente cualificadas, de la indefinición existencial y de la pérdida de conciencia de clase a que aquel nuevo escenario del mundo, difuso y líquido, se estaba encaminando a pasos agigantados.
Aquella inmadurez, pérdida de control del entorno y sometimiento a la centelleante ortodoxia de las reglas de juego del Nuevo Capitalismo eran la obvias señas de identidad generacionales que el marco del entorno había dispuesto para sus jóvenes invitados.

Atrás quedaba la ensoñadora y literaria utopía de la Generación Perdida, el compromiso con el rupturismo de los sesentayochistas, la languidez impostada de los pasotas o el olor a Ducados y a cine checo y a tertulia de los progres de los setenta y ochenta.

Lo que yo denomino Generación Cupcake viene a ser una cohorte generacional perfilada en tonos pastel, colorista, muy virtualizada, que ha asumido sin combate- incluso con un inquietante optimismo de sistema y triunfalismo de pega- su inestable condición presente y la fragilidad de su no futuro. Es una generación blanda, conformista, petrificada en un ensimismamiento 2.0 que la lleva a creerse que su firma en Change.org o el hecho de copiar un lacito en su perfil del hiperespacio, sin más batalla que esa, va a cambiar algo las cosas.
En el fondo sabe que no, pero es una forma económica(sin exponerse a la intemperie o malgastar demasiados esfuerzos) de lavar un poco su conciencia de aburguesad@ 2.0 del siglo XXI sin moverse demasiado del sofá Ektorp de Ikea.

Es importante reseñar que esta Generación Cupcake ha retrocedido su presencia en lo real y cavado sus trincheras en el nuevo frente de lo intangible que son las redes sociales y demás sucedáneos de lo físico y presencial, y allí se han hecho... ¿fuertes?. Es este el vaporoso escenario al que sacuden con sus fotos(y la de su familia siempre perfecta, claro!) cupcake, sus sentimientos cupcake, sus pensamientos cupcake, sus meriendas cupcake con su superpandilla, sus cadenas cupcake para cambiar el mundo... 
Una especie de compulsivo y trivial exhibicionismo cupcake tan insano como estúpido y soberbio(acaban siendo yonquis del Me gusta) en el que las tradicionales formas de relación y comunicación se han ido sustituyendo por tertulias de grupo de WhatsApp, filosofía twitter y por las restantes formas- altamente fragmentadas y dispersas- de debate y compromiso, apenas relevantes y funcionales para la transformación positiva de la realidad.

Así, dentro del universo simbólico de la Generación Cupcake ya no cabe la Literatura, el Arte, los pensamientos fuertes, la ideas controvertidas, la iconoclastia o el riesgo del compromiso nervudo y rocoso, con músculo, retador, desafiante... pues estos nuevos habitantes de los "no lugares" virtuales han optado por asemejar sus rubicundos valores y principios a un mundo idílico y telenovelesco de cartón piedra- totalmente inocuo- que tratan de vender al exterior como señas personales de su aparente felicidad y prosperidad.

En definitiva, una Generación la Cupcake totalmente desactivada para la transformación social, para el reajuste activo de la realidad; una generación encapsulada en su cibernáutico presente especular, arrasada por el ombliguismo, los espejismos blandos y los pensamientos dispersos, con toda su potencial energía transformadora/creativa engullida por un sistema de "agujero negro" que solamente les devuelve evasión intrascendente, hiperconsumo y frustración a raudales.

Los cupcakes son ligeros, coloridos, jugosos. La crema suele estar conjuntada con el bizcocho y las virutas tienen una coloración muy llamativa. Alrededor de la mesa de la merienda la gente cupcake es siempre guapa, joven, sana, sonriente y se saca ininterrumpidamente fotografías en Instagram para enseñarle al mundo que ell@s habitan dentro de un planeta, aunque impostado y vacío, llamado Felicidad.
Así es la Generación Cupcake: conformista, ridículamente vitalista, intrascendente, exhibicionista, inofensiva mientras permanece pertrechada en su mundo de vivos colores, renuente al peso y adscrita perennemente a la ligereza y a la evasión mientras a su alrededor todo se desmorona.

Saludos de Jim.

Post Scriptum: Llamarle cupcakes a aquellas densas magdalenas que hacían nuestras abuelas parece que, a fin de cuentas, ha sido, por lo menos en el terreno politíco, cultural y económico, una gran idea.


miércoles, 1 de enero de 2014

SEARCHING FOR SUGAR MAN



Bienvenidos de nuevo a este humilde y descuidado- en las últimas fechas- espacio del que ya apenas casi recordaba que existía, por eso de entre algunos de mis renovados propósitos para este recién inaugurado año me he propuesto la del mantenimiento y actualización de El Bazar de Jim con una/dos entradas semanales, que la verdad es que requieren su pequeño trabajo, esfuerzo intelectual y dedicación desprendida y altruista, solamente compensada a ciertos niveles muy personales, creativos e íntimos.
Así que estad atentos, pues intentaremos acortar la frecuencia de las actualizaciones desde esta unipersonal, ruinosa y hogareña redacción.
Entre otros propósitos para este inédito año que entra también figuran la de comer más kiwis en el desayuno, comprar unas mancuernas para hacer un poco de gimnasia diaria en casa y de paso tratar de ser mucho más comprensivo con los demás humanos que pobláis el mundo y con mis propias y extensas limitaciones e imperfecciones, que al final son las que a lo mejor nos hacen diferentes, honestos y hasta un poco entrañables.

Así que quiero comenzar con algo de cine del bueno, que dicen las abuelas y madres, recomendando desde aquí un estupendo documental que un director llamado Malik Bendjelloul filmó en el año 2012; un documental del género(si es que existe tal cosa) "detectivesco musical" en el que se rastrea la figura de un desaparecido músico de Detroit de los años 60 llamado Rodríguez, que grabó un par de álbumes, vendió más de medio millón de discos en Sudáfrica y del que nunca más se supo.
Este inesperado film acaba siendo tan conmovedor y sutil como una tenue nube que pasa por delante de la luna cuando estamos observando el cielo una madrugada de otoño. Es como levantar una piedra del camino, que no esperábamos encontrar, y hallar debajo una preciosa y brillante pieza de orfebrería tallada por manos precisas y minuciosas.

Recomiendo la visión de "Searching for Sugar Man" porque es una película sobre la dignidad de la derrota, sobre la verdadera esencia del arte y del artista, sobre el reencuentro con una parte esperanzadora y brillante del ser humano.
Un documental sobre la resistencia y sobre la emoción de ser uno mismo, con nuestras pequeñas victorias y grandes derrotas a cuestas.
Que el tal Rodríguez se merecía este hermoso homenaje lo entenderéis perfectamente después de haber visionado una de las mejores y más intensas obras audiovisuales que nos ha brindado hasta la fecha el siglo XXI.

Nos vemos en unos días. Aprovechadlos mientras tanto en cosas productivas como leer algún libro de relatos de Alice Munro, participar en orgías o desintonizar telecinco, A3 o Intereconomía de vuestra parrilla televisiva para vivir así más y mejor.

Saludos de Jim.


martes, 15 de octubre de 2013

LOS NIÑOS PRETECNOLÓGICOS: SOBRE MANUALIDADES Y OTRAS COSAS QUE SE HACÍAN CON LAS MANOS


manualidad.
(De mano).
1. f. Trabajo llevado a cabo con las manos.
2. f. pl. Trabajos manuales propios de los escolares.

Pues sí, que va a ser totalmente cierto lo que cuentan los padres, bisabuelos y esa generación perdida nacida en los setenta de que existió una era pretecnológica en el que los cosos de las autopistas de bits, las herramientas multimedia y los PDF todavían eran sueños febriles flotando en la imaginación de esos pagafantas de gafas de culo de botella de los EEUU, que después montaron lo de Silicon Valley solamente para ligar.
Pero cuéntale tú ahora- mediojoven/medioadulto nacido en los setenta- a los hijos de la Playstation 5, de los hipervínculos y de la multitarea que existió una era oscura e ignota en la que las madres tejían en la penumbra de las salas de estar- pegadas como lapas al sillón de escay mientras miraban de reojo al Padre Mundina en la televisión- jerseys de lana con capuchas y bolsillos-tubo de meter las manos para sus niños; ponte a explicarle a un adolescente que tiene a un clic todo el porno del mundo que en tus tiempos existía algo que se llamaba dos rombos o revista LIB... y ahora descríbele al sufrido infante esas infraviviendas de papel pintado con floripondios, a cada cual más bizarro, en las que moraban nuestros primigenios y en cuyos angostos pasillos había un espejo hecho con pinzas de madera que... ¡habías hecho tú con tus propias manos en tiempo lectivo y durante algo que se llamaba Clase de Pretecnología!
Porque ahora creo que lo llaman Clase de Tecnología-cosas de la evolución- y hasta hacen hasta colisionadores de hadrones miniaturizados, pero en los tiempos pretecnológicos... en los tiempos pretecnológicos... ejem... lo que se hacía era otras cosas más sencillas- o menos aparentes- como:


- ESPEJOS GRABADOS: Se compraba un espejo en La Artística, se calcaba un dibujo del rostro del Che, Jesucristo, Chaplin o los escudos del Real Madrid y el Barsa y se rascaban las líneas del dibujo con un punzón.
Después se hacía uso de un trapito un poco empapado en ácido nítrico para eliminar los restos y se le echaba tinta por encima, por lo general de color negro. Posteriormente se envolvía en papel de periódico y a llevarlo a casa para enmarcarlo y así poner encima de la cama aquel alegre rostro de Jesucristo sufriendo lo indecible con sus coronas de espina y su tinta corrida a cuestas.




- CRUZ CON PINZAS: Con las pinzas de madera de colgar la ropa que le sableabas a tu madre se hacían lapiceros, mandos para flippers artesanales hechos a base de gomas y puntas o también(y regresando al terreno religioso que tan de moda estaba en aquellos momentos y ahora mismo) cruces cristianas de madera.
Ahora no estoy yo seguro de si rezarle a aquella especie de cristo-nunca mejor dicho- hecho de pinzas de la ropa sería mucho menos sacrílego que no rezarle en absoluto, porque entre esto, el espejo grabado del cristo con tinta corrida y lo de cuatro esquinitas tiene mi cama... ¡aquello parecía un puro cachondeo y una cosa como de muy herejes, blasfemos y renegados del demonio!
Así fuimos aprendiendo ya de niños a rezar y reírnos por dentro al mismo tiempo.
Post Scriptum: Con las pinzas también se hacían mecedoras y mesas muy chulas tamaño CM(Casa de Muñecas).



- MANUALIDADES CON LEGUMBRES: Todavía no entiendo muy bien porqué aquella obsesión de la época de llevar a cabo manualidades- igual tiene que ver con la cultura mediterránea o con las hambrunas pasadas- con todo tipo de legumbres.
La cuestión es que cogías una cartulina y allí pegabas lentejas, habas, garbanzos, guisantes... era un poco como hacer un cocido con cartón pero sin carne. Una cosa estrafalaria era ver un cartel de FELICIDADES MAMÁ hecho con lentejas amarronadas y verdosas que algunas madres tenían colgadas en la entrada de sus cocinas.
- Me la regaló Luis José por el día de la madre- decían orgullosas las madres a alguna vecina con la que jugaba al parchís-. No le salió muy bien porque el pobre no da para más... pero se nota que está hecha con cariño.
¡Qué fácil es, a veces, contentar a una madre! ¡Unas lentejas torcidas sobre una cartulina amarilla y voilá...!




- MOLINOS DE CERILLAS: Tengo la idea metida en la cabeza de que en algún momento de la infancia llegué a hacer un molino de viento con cerillas y sus cajas vacías. Es una especie de sueño recurrente que tengo a veces, un sueño con el que me suelo despertar empapado en sudor(igual que ese en el que tengo que volver a hacer la mili o aquel en el que todavía me queda una asignatura pendiente para terminar la carrera)
Es cierto que se hacían molinos de cerillas, pero yo creo que más que haberlo hecho yo(cosa que dudo conociendo como conozco mi absoluta y total incapacidad para casi todo, "casi", lo manual... igual hasta podría cobrar una pensión del Estado por esta minusvalía mía que arrastró desde niño) es que se lo vi hacer a otros compañeros más hábiles y yo, en el fondo, nunca lo di hecho.
Ya sabéis que con el paso del tiempo la memoria se adorna a sí misma con vivencias que nunca nos sucedieron realmente.


- COSOS DE MARQUETERÍA: Pues no tengo ido yo ni nada a la tienda Manitas a comprar tablas de marquetería y sierras de pelo para hacer torres eiffeles, buzones de maderita barnizada y extinguidos dinosaurios.
¡Madre mía, la millonada en pelos de sierra que me he dejado por el camino!
La marquetería es terrible. Una tortura china. Peor que la gota, la sodomización doble o los palillos debajo de las uñas. Serrar recto y después lijar, serrar recto y después lijar, serrar recto y después lijar... ese es el mantra, una auténtica pesadilla para, total, matarse a hacer algo que a los dos meses iba a acabar roto sin remisión... y en la basura.




- CUADROS DE HILO: Ahora que lo pienso, mira que se hacían cosas raras antes, en la oscura Era Pretecnológica..
¿Para qué demonios serviría un cuadro de hilo?
El procedimiento manual de este chisme consistía en clavar unas puntitas sobre un dibujo efectuado sobre un tablón de madera para, posteriormente, unir y tensar una multitud de hilos de colores sobre las cabezas de las puntas.
Se conseguía con ello generar una especie de silueta de coche antiguo, flores o unas figuras geométricas de hilo de colores, con vértices y vórtices, que eran dignas de visionar tras la ingestión de alguna sustancia alucinógena mientras sonaba de fondo algo de Grateful Dead o Jefferson Airplane.
Los inconscientes los hacíamos. Las madres, más temerarias, las enmarcaban y las colgaban con orgullo sobre el sofá de escay.




- MACETERO MACRAMÉ: Si lo anterior ya parece hecho por alienígenas ortopédicos y bizcos, esto de coger unas cuerdas y retorcerlas hasta conseguir efectuar con ellas una serie de enmarañados y complejos nudos decorativos, todo para meter dentro una planta con su maceta... ya es ionosférico, raya en la psicopatía y está a años luz de cualquier cosa inteligente pensada o conocida anteriormente.
Todavía hay pisos de barrio bajo en los que se pueden ver ficus secos colgando de un macetero de macramé amarillento que en su momento, hace treinta años, le hizo un nieto(ese que ahora trapichea y menudea en el barrio, pues estamos en crisis y no hay trabajo y en algo hay que ganarse la vida y no va a seguir haciendo con 45 años maceteros de macramé...) a la tan querida abuela.




Para finalizar, solamente recordar que este ominoso tiempo de la pretecnología era, en realidad, un universo complicado y bizarro compuesto de casas recortables, espejos de pinzas y conchas, belenes navideños hechos con figuras de plastilina o ese aparato del demonio al que llamaban pirograbador que tenías que enchufar a la corriente y quemaba un dibujo de un perro hecho sobre una tabla.
También recuerdo, de forma un tanto vaga, unos artefactos enrevesados y muy perturbadores a los que denominaban Circuitos, y que consistían básicamente en tableros con cables, pilas de petaca, luces, interruptores y demás cuerpos extraños e inquietantes que nunca entendí muy bien para qué servían, pero que me producían cierto vértigo pretecnológico y existencial, pues a mí lo único de todo este mundo de lo manual que se me daba algo regular era eso de pintar figuras de escayola.
Y por eso desde aquí quiero enviarle un fuerte saludo a mi antiguo profesor de pretecnología del Calasanz, pues fue exageradamente misericordioso conmigo cuando de trabajo de fin de curso(los demás tenían sobre su pupitre una serie de circuitos, pirograbados y maquetas que llevaban haciendo tres meses...) le presenté una figura de escayola de una muñeca repollo que había pintado a toda prisa, en tres colores, ese mismo mediodía.
Y así recuerdo -como si fuese hoy- que el profesor Óscar, que en paz descanse, me miró con una especie de rictus que oscilaba entre la amargura, la comprensión y la pena, y casi sin dirigir la vista hacia la muñeca de escayola que yo tenía encima del pupitre y que todavía olía a pintura fresca... ¡me dijo que tenía un suficiente!

Gracias por los viejos y buenos tiempos pretecnológicos.

Saludos pirograbados de Jim.


domingo, 22 de septiembre de 2013

MISTER LONELY: SER LO QUE QUEREMOS SER



Solamente hacen falta quince segundos de visionado al inicio de esta magnífica película para darnos cuenta de que estamos asistiendo a algo diferente, especial, mágico.
El film de Harmony Korine se abre con una secuencia ralentizada en la que se puede observar a un émulo de Michael Jackson circulando por una pista y subido a una minimoto amarilla que arrastra por el aire a un pequeño mono de peluche.
Y todo mientras suena de fondo el "Mr. Lonely" de Bobby Vinton.

Y esto, lo queramos o no, señores y señoras, a los quince segundos de nada, ya huele a Cine. Del bueno, prometedor, al dente y en su justo punto de cocción... para entendernos.

"No sé si sabrán lo que es querer ser otra persona, no querer ser como eres, odiar tu propia cara y pasar completamente desapercibido. Yo siempre quise ser otra persona. Nunca me sentí cómodo siendo como soy. Sólo quiero ser mejor de lo que soy, ser menos ordinario y hallar un propósito en este mundo. Es más fácil ver cosas en los demás, ver cosas que admiras y luego tratar de imitarlas. Tener otra cara. Bailar otro baile y cantar otra canción. Está ahí esperándonos, invitándonos a cambiar. Es hora de convertirnos en lo que no somos, de cambiar de cara y ser lo que queremos ser. Creo que el mundo es mejor así".

Las anteriores son las primeras palabras- o el manifiesto y declaración de inequívocas intenciones- que escuchamos en la película; una reflexión sobre el fenómeno social y la Cultura de la Fama, sobre la insatisfacción  y la necesidad agobiante de ser algo más(mejores, si cabe) que lo que ahora somos.
Los sociólogos diríamos que se está haciendo una precisa radiografía de una sociedad hipermediatizada donde se nos exige subliminalmente que todos lleguemos a ser protagonistas, trabajando sin descanso en el sentido de adquirir una identidad social "triunfadora", aunque sea a costa de la más absoluta despersonalización y de la sugestibilidad y modificación psíquica que el marco mediático de "Lo perfecto y Lo mejor" nos impone a diario a los individuos nacidos en las democracias liberales de mercado.

Decía Le Bon que "la masa psicológica es un ser provisional compuesto de elementos heterogéneos, soldados por un instante".
Y es precisamente sobre este marco prescriptivo por donde se mueven los personajes de "Mister Lonely" con su desindividualización a cuestas, con esa vulnerabilidad del individuo en estado de masa que decide dejar de ser él mismo y refundir su interior con las sanadoras virtudes que consideran representan Marilyn Monroe, Michael Jackson, Charles Chaplin, Sammy Davis Jr, etcétera... 
Así, a través de la imitación de estos prometeicos iconos de la cultura moderna de masas es como los personajes de Korine se despersonalizan, destierran su yo singular y se convierten en lo que no son pero en lo que quieren llegar a ser.

La película, cinematográficamente hablando, es una de esas maravillas marcianas. Ver a todos estos seres humanos reformulados conviviendo juntos en medio de ningún lugar, en una isla utópica de clones de Chaplines y Monroes a la deriva es una experiencia ciertamente trastornadora.
Diego Luna es un Michael Jackson perfecto y sacado de su panteón para la ocasión.
Samantha Morton nos deslumbra con su sensual fragilidad de una inquietante Norma Jeane.
Las imágenes hipnóticas se suceden sin llegar a ser autocomplacientes. Transmiten perfectamente la zozobra íntima, la atmósfera dramática en la que el 90%(que diría Hemingway) de lo que sucede no se ve, se intuye, pues es ese resto de iceberg que está justo flotando debajo del relato el más relevante y revelador.
También hay que ser conscientes de que es una película autoral, con una firma muy personal, apuntalada sobre dos historias que transcurren en paralelo, y que juega con encomiable habilidad narrativa con las claves( texturas, las formas, la música, color...) del cine más independiente, sin perder en ningún momento su particular y más clásica intensidad dramática.

Yo es que no le he quitado el ojo a Harmony Korine desde su debut con "Gummo", un experimental, delicioso y sucio film de estructura fragmentada.
Y si os gusta no os perdáis la argentina "El último Elvis", que también tiene mucho que decir sobre las ilusiones y frustaciones modernas, la cultura de la fama y la decepción existencial.
Otra recomendable reflexión sobre esta urdimbre de espejismos que es la modernidad en la cultura de masas.

Saludos cinéfilos de Jim.