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viernes, 3 de febrero de 2012

MI INFINITO


Mi infinito a veces es isoformo, feliz, ligero
y tiene un crepitar como de naufragio remoto y nocturno.
Tiene este mi infinito también un aspecto desaliñado de alegrías pasadas,
presentes impredecibles y futuras nostalgias de no sé bien qué
o cómo o dónde o cuándo o con quién.

Mi infinito está habitado por catástrofes íntimas de segundo nivel,
por teoremas que nunca llegaré a descifrar
y por huecos por los que retumba todo aquello que no he sabido ser.
Hay goces, penas, cielos anchos, soledades acuáticas...
aires que me llevan a planetas de infranqueable geometría.

En mi torpe infinito he fracasado un millón de veces,
me he roto a mi tacto en incalculables pedazos,
he rodado por precipicios solamente para observar cómo caía
y poder diseñar una nueva forma de levantarme.
Nadie dijo que fuese fácil transitar mi infinito.

Hoy a mi infinito le sucede que expande sus dominios,
que brota con urgente claridad para colonizar los espacios más variados.
Hoy es probable que si os cruzáis conmigo y con mi infinito
os dibujemos entre murmullos todas esas líneas, palabras y lugares secretos
necesarios para volver a repoblar de nuevo toda la vida interrumpida.

Probad.



Saludos de Jim.

jueves, 18 de agosto de 2011

REZANDO ENTRE SANDÍAS


Yo creo en la sandías cuando las abro
en la ropa tendida al sol
en los murciélagos hermosos y esquivos
en la barba que me sale si no me afeito
en la mala voluntad de algunas buenas intenciones
en lo que me cuesta llegar a fin de mes
en la recuperación de los enfermos irrecuperables
en la sanación de los sanos.
Yo creo en la de cuarteles, despachos e iglesias
que nos podíamos ahorrar
en el hermoso milagro de los médicos para animales
en los transplantes de médula
en los atardeceres lentos de otoño
en la mal remunerada labor social de las prostitutas
en la no tortura para los torturadores
en lo fácil que podría llegar a ser vivir.
Yo creo en el respeto a los árboles
en la fascinación de la existencia
en los perros cojos y tuertos
en las tienda de libros de segunda mano
en Darwin y Marx
en lo que escribo
en los bancos. Del parque, claro.
Yo creo en la bondad de las tortugas
en las masas de agua caliente en la atmósfera
en que rezar no ayuda a que llueva
en los batidos de chocolate con mucha canela
en las terrazas de verano con amigos
en la estupidez de creerse inteligente
en la incomprensible vida sexual de las amebas.
Yo creo en las transfusiones de sangre
en la asistencia sanitaria gratuita
en la antimateria
en la ineficacia de los productos capilares
en el agnosticismo íntimo que sienten los santos
en los supermercados, las lavadoras y las marcas blancas
en la comida china en casa viendo una de Haneke.
Yo creo en la probabilidad matemática de que la vida
es una ecuación aleatoria que está
condenada a repetirse ad infinitum
así que al final y resumiendo
yo creo que en algo creo
como que lo sagrado y lo profano es solamente
una ridícula cuestión semántica y subordinante.
Yo creo, para entendernos,
que abrir sandías es sinónimo
de estar rezando.


Saludos estivales de Jim.



lunes, 20 de diciembre de 2010

INVENTARIO DE SUPERVIVENCIA


Todo lo que asciende de la tierra, lo que se cae de las estrellas,
te sobrevivirá.
Te sobrevivirá el tiempo, el espacio, los perros vagabundos,
las piedras de sal, el desencanto.
Te sobrevivirán todos los prodigios que ya estaban antes
de la aleatoria codificación de tus proteínas: la lluvia sobre la hierba,
el hielo marciano, los juegos de los niños en los recreos de las diez y media,
los amantes invulnerables que se enderezan los músculos y huesos a mordiscos
en esos sus primeros y ardientes atardeceres,
las bacterias y microbios, la enfermedad inasequible, la poesía...

La infinita hermosura de la luz que se abre como una flor de metralla pálida
para agujerear las plazas y tejados en cada nueva mañana de abril
te sobrevivirá seguro.
Y también te sobrevivirá el amor inconfesado y febril de algún adolescente, el pan húmedo
que comen los gatos en las aceras, tus libros favoritos y tus dudas de media tarde o
las repletas entrañas de mujer que contienen el palpitante milagro
de otra cálida sangre humana. Eso también te sobrevivirá.

Cuando tú te marches vendrán nuevos soles, rotarán otras lunas,
los hombres inaugurarán más otoños, más veranos, descorcharán parecidas alegrías y tristezas,
los astrónomos continuarán descubriendo planetas sin ti, las niñas con coleta
volverán a levantarse sus faldas
para que los niños las miren y les sonrían,
los charcos seguirán destellando al sol bajo los columpios azules,
una madre abrirá las ventanas para airear la casa y en alguna lejana parte algún hombre
probará a traición su sangre antes de expirar, sin apenas darse cuenta.

Y, así, un día dormirás entre las piedras, sobre los planetas, cobijado en un refugio intransitable
y sin angustias, todo escombros, huesos astillados, ruinas rojas, descomposición
de tu blanda arquitectura.
Y todas la cosas hermosas- la lluvia, los besos, la luz, abril... -,
todo lo que asciende de la tierra, lo que se cae de las estrellas,
te sobrevivirá.
Incluido, por supuesto, lo más importante de ti mismo, ya que una cosa es morirse de vez en cuando
y otra muy distinta huir para siempre de la vida.


Saludos de Jim.

lunes, 11 de octubre de 2010

EL DESEO A LOS TRECE AÑOS


El deseo a los 13 años es tan hermoso
porque aún no se sabe bien
qué es lo que uno tiene que hacer con él.
Es una rendija a falditas cortas de cuadros,
a un cálido universo de uniformes azul marino
y trenzas
y descansillos de escalera mal iluminados.
El deseo de los 13 años tiene algo que ver
con peces de colores en el estómago, con extraños
cosquilleos,
con sosiegos tropicales y vergüenzas de sábana...

Se amontonan besos torpes, caricias bajas,
sueños de primavera sin manual de
instrucciones. Uno ya no es uno, indivisible
y redondo y entero; uno es, ahora, de repente, un ansia
resignada a ser invadida, rendida,
calmada por otra sed
también combativa.

El deseo a los 13 años es un descenso a
humedades de pupitre y última fila de cine
sin acomodador; se intuye la pura gimnasia,
se saborea en la distancia el perfil de aceituna que ya casi es relieve,
se huele el dulce pecado
que despide ese aroma
a azúcar, prisas, flores, abandono, sudor...
todo bien revuelto y enredado.
A los 13 años se aprende a liberar formas,
a calcular volúmenes,
a desenlutar superficies.
Hay urgencia, saqueos sin víctimas,
contorsiones imposibles; se muere ahogado
y se resucita seco y un poco más sabio,
más ajado,
más limitado, más cansado.

El deseo a los 13 años está lleno de apetitosas grietas
color miel, del peso ingrávido de la primera ternura,
de la contundencia planetaria de lo desconocido.
Un crepitar de susurros y soles se derraman por los rincones;
la memoria y la corriente de la vida que abre sus surcos
sobre los cuerpos todavía nuevos de los exploradores
de ese su primer y eterno verano.

El deseo a los 13 años es, en definitiva, una ignorancia de colchones,
mapas y relojes. La ausencia vertical
de la costumbre.


Saludos de Jim.

jueves, 28 de enero de 2010

"VENDRÁN DÍAS MÁS TRISTES" Y YANN TIERSEN



VENDRÁN DÍAS MÁS TRISTES



Hoy es miércoles e invierno y tendremos que comer otra vez pollo frío
y cruzaré los dedos por debajo de la mesa
para que no se te, nos, atragante ningún hueso.
¿ Recuerdas todas las mañanas de café solo y pan con mantequilla
en aquella vieja cocina de azulejos color moho
esperando a que la primavera, siquiera, nos mirase?
Y nunca llegaba o pasaba de largo o se hacía la torpe
o no sé qué pero nos daba la espalda y solamente nos quedaba
el truco del nosotros.
La única táctica del nosotros como refugio... ¿ lo recuerdas?
Yo siempre resbalaba y caía en ti y tú si te desbordabas
rebotabas en mí y así, entrelazados como un par de locos saltimbanquis,
acampábamos en alguna luna de esas
que parecen neveras blancas y redondas.
Y entonces, sin zapatos húmedos, aprendimos que el amor
era un crujir alegre de huesos, algo de las articulaciones y nada más.
El dolor pasaba si te concentrabas en la carne y en los huesos.
Había que saber saborearlo y aprovecharlo todo,
hasta el tuétano, sobre todo el tuétano.
Porque no teníamos nada más que el crujir alegre de nuestros huesos pero
éramos tan felices entre esas duras y sofocantes recompensas
y tiernas penas
que ya ni la primavera nos importaba ni la pobreza nos asfixiaba apenas.
Y ya sé qué vendrán días todavía más tristes,
rasgándonos las costuras del alma como arañazos,
días hambrientos goteando sus ácidos sobre nosotros,
afilando sus armas para sepultarnos y poder contemplar
nuestros cadáveres gastados sobre la nieve
mientras nos muestran la cruel sonrisa de su victoria...
Y cuando lleguen esos días tú y yo volveremos a fingir
estar muertos y nos crujirán de nuevo los huesos en el invierno
y nos dará la risa
porque sabemos que con la táctica o el truco del nosotros
tenemos la luz y el calor suficiente como para aguardar otros veinte siglos
-con el café solo y el pan con mantequilla en la mano-
a que la primavera llegue, pase de largo
o se haga la torpe o no sé qué...
Nosotros, siempre el tuétano,
luchando codo con codo y día a día para sobrevivir juntos
a todos esos laberintos que la vida despliega delante de nuestros pasos
como amenazadoras y profundas trampas grises.

Jim.


Yann Tiersen(Amelie):



Saludos de Jim.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

GLORIA FUERTES, POETA DE GUARDIA


A Gloria Fuertes le sucedió lo que a muchas mujeres a lo largo de la Historia, en todos los órdenes, y que tan bien resume Camilo J. Cela: " la angélica y alta voz poética a la que los hombres y las circunstancias putearon inmisericordemente".

Gloria Fuertes nace en Lavapiés, estudia en la Escuela Profesional de la Mujer,sic( higiene, mecanografía, puericultura...), trabaja en una fábrica, redactora en revistas infantiles, como secretaria, como bibliotecaria en un Instituto, etcétera, hasta que acaba dando clases de Literatura en varias universidades de los EEUU( "la primera vez que entré en una Universidad fue para dar clases en ella").
Durante todo este ajetreado y prosaico periplo vital, se dedica a escribir poesía infantil, juvenil y adulta, teatro para niños, calambures, nanas, adivinanzas, cuentos, colabora en TVE en programas infantiles como "Un globo, dos globos, tres globos"...
Pero todo esto lo cuenta Gloria de forma magistral en su:

AUTOBIOGRAFÍA

Gloria Fuertes nació en Madrid
A los dos días de edad,
Pues fue muy laborioso el parto de mi madre
Que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
Y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,

Alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
Y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
Y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
Pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salí una oficina,
Donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.

Escribo por las noches
Y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
Y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
Escribo en un periódico de niños,
Y quiero comprarme a plazos una flor natural
Como las que le dan a Pemán algunas veces.



El amor y pasión de Gloria- solterona, desaliñada, gran bebedora, fumadora compulsiva, noctámbula, solitaria, desordenada, luciendo siempre bien y entrañable con su corbata y chalecos de hombre- fueron siempre los niños, y a ellos dedico gran parte de su extraordinaria obra literaria, su faceta quizá más conocida y valorada públicamente, aunque en su menos estimada vertiente de poetisa para adultos Gloria fue donde realmente se convirtió en esa "alta voz poética" que mencionaba Don Camilo.
Militante del Postismo, de la Poesía de Posguerra, colaboradora en numerosas revistas poéticas, Gloria siempre tuvo muy clara una cosa: " la útil expresión es más importante que la inútil perfección". Ésta es la piedra que yo considero, personalmente, angular de su trabajo. La argamasa básica con la que creará y estructurará toda su rutilante obra poética adulta.
Entre los chispeantes y geniales títulos de sus poemarios- "Cuando amas aprendes geografía", "Es difícil ser feliz una tarde", "Pecábamos como Ángeles", " Se beben la luz"...- se encuentran agazapados animales íntimos, profundos y cotidianos,¡¡ tan nuestros!!, como la soledad, el desamor, la muerte, Dios, el dolor, la esperanza, incluso el suicido...


VIENE LA AUSENCIA

Viene la Ausencia
a llenarnos de piojos, de tristeza,
a meternos de patas en la acequia,
acomernos la paz de la despensa;
viene la Ausencia
y nos ultraja encima de la mesa,
y se acerca
las costras de su lepra,
se sacude su capa de miseria
y nos deja garrapatas de angustia
arácnidos de pena.
Viene la Ausencia
y nos deja de pasto de la niebla,
es decir, ahogados en la arena.

Y el deseo de viste de vino
y el vino de pena
y la pena de soledad
y la soledad se disfraza de tristeza
y la tristeza otra vez de soledad,
y la vecina de enfrente no entiende
nada de este carnaval.


Y también la poesía más recia y social, más comprometida con los seres humanos, con la libertad extirpada, voz cómplice de las fatigas que sufren los que nada poseen, lucha muda y en negro sobre blanco contra la adversidad de un orden social injusto y cruel.


PALIDUCHAS

Qué palidas están,
son como cuartillas
flotando entre las aguas de la pena,
van y vienen riéndose o llorando;
algunas tienen hijos,
todas, greñas;
tienen la carne blanca...
Estas locas son muertas,
que las sigue latiendo el corazón
debajo de las tetas.



Su voz es clara, nítida, palpitante, retratando con ello un mundo poético interior fascinante y vasto. Sus versos frescos, ágiles, como creados en cascada, en medio de una febril efervescencia creativa, siempre con el único recurso por delante de ese talento-que no se aprende ni se estudia en ninguna academia o Universidad- para convocar la palabra precisa, el verbo oportuno, la imagen correcta, pariendo y radiografiando así ciertos sentimientos y emociones que habitan en el interior de los seres humanos pero que la mayor parte no sabe verbalizar, sacar a la luz para ser vistos o leídos por los demás.
"Gloria Fuertes aúlla como una loba herida de muerte.. sus versos son desconsolados y atroces, saludables y humanos, mortales de necesidad y amargamente sobrios y juguetones como el diablillo de la guarida, al que esta mujer quiere peinar los cuernos"( Camilo J. Cela)

La llamada "poetisa de los niños" murió un 27 de noviembre de 1998. Los que la conocían dicen que enferma de cuerpo y soledad.
Siempre con esa contradicción a cuestas de conocer y morar tan cerca de los hombres y a la vez residir tan lejos de ellos, tan sola, con el otoño siempre latiéndole por dentro.
Con ustedes una de las más grandes voces poéticas de la posguerra española: mi admirada Gloria Fuertes.
Háganse un favor, y disfrútenla como se merecen ustedes y ella. Y así todos ser un poco mejores.


AL BORDE

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia
al borde de le envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.


Saludos de Jim.

viernes, 6 de noviembre de 2009

MUJER EN OTOÑO


MUJER EN OTOÑO


Esperarás sentada a que te crezca el paladar,
a que te invadan de nuevo el estómago
aquellas primeras mariposas del verano.
Esperarás la cálida lluvia desde una oficina, desde
la cola de un cine, por entre los bancos
recién pintados de un parque de octubre.
Esperarás siempre tiempos mejores,
sin metal, sin luces que te humillen,
tiempos sin verdugos ni flashes ni dietarios...
Esperarás a que los planetas más tristes
del otoño
varíen su órbita solamente para ti...
Pero la melancolía de las flores de invierno
y de los pianos
también cansa.
Los colchones cansan
y el amor y los abrigos de espiga y las palabras
y las cajas y los trenes cansan
y lo que más cansa de todo es la vida y
esperar, siempre esperar,
a que algo pase, nos suceda
o nos libere.

Jim.

Saludos de Jim a tod@s.

sábado, 5 de septiembre de 2009

POEMAS EN SERVILLETAS


A veces escribo pequeños poemas en los bares, en servilletas de papel, tomando un café con leche, o en algún trozo de cartón de tabaco que encuentro en el suelo( no fumo).
O en una libreta que tengo en casa, que siempre me la olvido cuando salgo... o en lo que sea.
Siempre me salen los párrafos torcidos, las palabras con tachones, los versos demasiado libres, salvajes y esquivos.
Y siempre hago dibujitos al lado de árboles o casas o pájaros o soles, como de niño pequeño, pues dibujo muy mal.

Creo que la poesía nos abre espacios a los que no llega la prosa, nivela los tortuosos senderos por los que transitamos, nos ayuda a comprender un poco mejor la belleza inexplicable de lo ininteligible, de aquéllo que nos trasciende. Es como tener a mano un plano en mitad de un vasto laberinto o de una gran ciudad desconocida. El GPS de los que a menudo nos extraviamos en cada tormenta, bajo la lluvia del atardecer.

La poesía deja al descubierto los mecanismos ocultos sobre los que gira el motor de la existencia, nos informa del volumen de sueños, te quieros, te deseo, olvido, desencanto, soledad, que cabe en un estómago.
La poesía es un hermoso exorcismo que nos libera del desconcierto de existir. Un manual para fabricar universos, ensamblar lunas, detener los recuerdos, regar de mariposas, agua y estrellas cada una de las oscuridades que contenemos.
Un atajo para llegar antes a nosotros mismos, en definitiva.

Bueno, lo que os decía, a veces escribo pequeños poemas en los bares, en servilletas de papel...


UN COCHE VERDE HIERBA


Tenían un coche verde y limpio,
parecía pintado con cristales de hierba,
y eran tan jóvenes
y se querían tanto que dolía.
En ocasiones dormían desnudos
en cualquier parte y conducían por carreteras por las que parecía que
nadie hubiese pasado jamás
y hacían el amor, constantemente,
bajo los planetas,
las estrellas,
la brisa cálida de las partículas que
se evaporaban hacía ninguna parte
desde el centro mismo del universo.
Y cuando tenían hambre
robaban naranjas y mazorcas de maíz
y gallinas que luego cocinaban
entre risas.
Y cuando tenían sed
se engullían las esquinas y los ángulos
de aquellos cuerpos tersos, curvos,
frescos y llenos de agua
en improvisados y mínimos pozos de
piel.
Se amaban y eran jóvenes
y tenían un coche verde hierba
que los llevaría hasta la luna o Plutón o, incluso, más allá de la Vía Láctea
y también veían florecer los desiertos
y los días a su paso.
Él le decía siempre que era más bonita
que las estrellas
y ella contestaba que era
todo un poeta,
y ponían la radio del coche verde hierba
y hacían el amor sobre el capó
mientras sonaba una canción
y alrededor todo eran planetas
y silencio
y cálida brisa nocturna
y eternidad a plazos.
Nunca volvieron a ser tan felices,
ninguno de los dos,
cada uno por su lado,
como lo eran corriendo bajo los planetas y las estrellas
y el amor
en aquel coche verde hierba.
Y el recuerdo de aquellos días
felices les hacía llorar
de felicidad y tristeza
por la juventud y el amor perdidos.
Nada más.


Saludos. Jim.

sábado, 4 de julio de 2009

DESEO EN UNA NOCHE DE VERANO

Es cierto.
El deseo es el nutriente fundamental de la supervivencia. Sin este activador la procreación, el sexo, no forzado, no sería posible. Ese antídoto de la muerte que nos azuza, que nos recuerda que somos y llevamos dentro vida que palpita, un apetito voraz de agua y estrellas cuyo único afán es devorar y ser devorado, implosionando sobre la felicidad de otro ser humano.
El deseo es un cuerpo que se conmueve y vibra ante la presencia del otro, ese ansia tropical y sofocante que anhela colonizar otra piel, otros labios, otras latitudes más húmedas.
Es una pequeña gran victoria del cuerpo sobre la mente, que a veces no entiende las causas, los por qué, las razones por las que el motor del deseo se acciona y desboca.

La mayor parte de las religiones, históricamente, han censurado, condenado, denostado el deseo en una suerte de disparatada y obsesiva represión permanente de un hecho esencial de la naturaleza humana. Esquizofrenia paranoide, dogmatismo, razones de pura pervivencia y operatividad de la secta, etcétera.

Hasta hace muy poco cualquier mujer que sintiese deseo erótico era inmediatamente sospechosa de algo impreciso (de sentir, de tener la capacidad de, de poseer endorfinas, terminaciones nerviosas...) pero que había que remediar a cualquier precio.
Todavía hoy predicar la castidad o extirpar un clítoris forma parte de la doctrina de muchas de estas supersticiones organizadas.
Pese a ello, todas las culturas humanas han representado el deseo erótico en sus múltiples y hermosas formas: delicados cunilingus en cerámicas griegas, esculturas romanas de hombres con falos enormes, felaciones gozosas en vasijas peruanas del siglo I, sodomizaciones en tapices eróticos chinos en la dinastía Ming, biblias de Tijuana, fotografía homosexual, cine erótico actual...

Es importante alimentar este deseo, espolear la imaginación y los sentidos para evitar anestesiarse en la indiferencia o la rutina, sin más horizonte que vivir permanentemente embotados dentro del espejismo del estrés laboral, sin otra perspectiva que un día a día apático sin más calentura que un ligero dolor de cabeza tras haber visto tanta mala televisión.
El deseo nos devuelve la consciencia y felicidad de sabernos cuerpo que demanda la súbita captura y gozosa invasión del otro, el fragor de la dulce contienda en la que nunca se hacen prisioneros... y todo con esa intensidad extraordinaria que un@ sólo experimenta cuando desea y, a su vez, se siente desead@.
Y pocas cosas más placenteras que el tiempo y el espacio que transcurre entre el coqueteo, el nacimiento y la emergencia del deseo y la siempre precipitada muerte súbita con que concluye la feliz pugna del amor.

Por eso escribí esto:


DESEO EN UNA NOCHE DE VERANO

En las sucias buhardillas de verano
las jóvenes parejas se igualan en simetría
mientras se consumen con avidez el yeso y la luz de las esquinas.
Siempre nuevas, indecisas, imprudentes como algas.

Y es que afuera los gatos parecen pozos que jadean,
leones anoréxicos que se pierden en la exuberante vegetación noctámbula,
poblada entera de un ronroneo de innombrables apetitos, monjas ardientes y tranvías.

Aquí y ahora todo es humedad.
En los lechos yacen los caníbales despiertos
en su insomnio tropical, arrastrando la carne
en un baile rojo, acuoso, submarino.

Mañana los confesionarios se barnizarán de contrición y oraciones,
pero esta noche dentro de las casas, las viudas expondrán una vez más la dilatada matriz
para que otras dulces lluvias la cubran.

Esta noche de verano el seminarista se desvela,
la jueza, sin leyes, se consuela,
los trenes descarrilan mientras hace el amor el maquinista.
En las esquinas las niñas antiguas se oxidan besando escalpelos,
los niños pequeños sueñan con suaves ardillas,
los moteles arden y se contagian viejos incendios.

En estas noches de verano el nitrógeno no llega: todo es verde pirotecnia,
amapolas, cuerpos en fuga, fértiles jugos, óxido de hierro...

Y al amanecer estos lagartos se pondrán sus escamas,
se dormirán las jóvenes de pie en sus orgías,
se tenderán temprano las sábanas
y las vírgenes que ahora bombean sangre
buscarán con la luz
sus pijamas.


Saludos de Jim.

sábado, 16 de mayo de 2009

UNA CANCIÓN Y UN POEMA PARA UN SÁBADO LLUVIOSO

Pues algo tan simple como compartir una canción de Luis Pastor que lleva acompañándome mucho tiempo y una poesía que escribí una tarde de primavera, cuando vivía solo en una gran casa, rodeado de libros, viejos discos, plantas moribundas y cómics por todos los lados.
Siempre he pensado que entre la alegría y cierta tristeza sosegada y profunda no hay tanta diferencia.
Se puede vivir conscientemente en ambos estados a la vez y aprender mucho de ellos. Dejarnos invadir por su levedad y peso, gravitar sobre nuestras luces y sombras y enriquecernos en el trayecto, en ese agridulce viaje de la vida, mientras tanto.

Hoy es sábado, mi día favorito de la semana desde niño. Los sábados huelen distinto, mejor, a limpio. Como a un diluvio de hierbabuena. El cielo está nublado. Llueve. Abro la ventana y canto y toco (a mi pobre manera) un par de canciones con la guitarra. Veo varios cactus en un balcón. Los paseos de los paraguas me inundan de una sensación, muy grata, de placidez y leve melancolía. Hoy podría ser un día perfecto para caminar bajo la lluvia, para perderme en la ciudad sin un rumbo definido. Para visitar los muelles y ver los barcos oxidados zarandeados por el océano e imaginarme en lejanas travesías; un día para atravesar el Parque y palpar los troncos húmedos y acariciar las hojas agradecidas; para tomarme un café en cualquier bar y entrar después en alguna tienda de libros y objetos de viejo (El Baúl de Los Recuerdos sería perfecto) a rodearme de aquéllo- libros, tebeos, objetos antiguos, discos, carteles de viejas películas...-que me hace más feliz. Para ocultarme entre las cosas en las que mejor me reflejo y reconozco.
Y es que los sábados duran lo doble. Hasta me daría tiempo a tomar una cerveza con un par de amigos mientras llueve fuera y a llegar a casa y volver a ver "El Crepúsculo de los Dioses" o " Eva al Desnudo" en esos blancos, grises y negros inmaculados con que se acicalaban los sueños en el viejo Hollywood.
O mejor un musical en chillón technicolor con Gene Kelly saltando entre los charcos.

Lo que quiero decir es que se puede ser feliz sin estridencias ni aspavientos, bajo la lluvia tenue de un sábado, irrigado por la melancolía o no, tomando una guinness con dos amigos, paseando sin rumbo, visitando los lugares que nos quieren y se alegran de vernos, leyendo a Pedro Juan y su Habana vieja o metiéndonos en el cine a disfrutar de las alturas de Man On Wire.
Cada un@ tiene su receta. Pequeñas cosas, grandes placeres. Agua y luz, café y libro, película y pijama, risas y amigos, paraguas y camino...
Un sábado es un día para esto y más. Cabe todo. No es un día para desperdiciar.
Nos merecemos más sábados lluviosos de primavera y menos lunes de rutinario trasiego productivo.
Y más espacios para nosotros mismos, para darnos cuenta de que la alegría más profunda y duradera no tiene demasiado que ver con todo este artificio compulsivo de exhibicionismo en el que nos quieren hacer vivir ni con esa estridencia gratuita y aparente con que demasiad@s tratan de ocultar su soledad, indigencia emocional y desamparo existencial.




ALEGRÍA

Cuando hay alegría los perros son más dulces,
las chaquetas sientan bien,
las aceras son siempre nuevas.

Cuando hay alegría los niños no molestan,
se saborea de otra manera un cigarrillo
y uno se lava las mejillas con jabón de glicerina
y duerme toda la noche limpio.

La alegría te mete saltamontes verdes en el pecho,
te sube al ring y te arrincona contra el sol;
te hace dar vueltas alrededor de los parques
y de las mujeres
y reírte solo en el cine.

Con la alegría te cepillas los dientes unas veinte veces al día,
te tomas sonriendo el café triste del bar de la esquina,
visitas a la familia y ni siquiera les pides dinero.

La alegría te hace tan feliz que besas a las monjas y a las ranas,
que llegas a las citas puntual,
que saludas a los idiotas
y ya ni lees porque crees que lo sabes, de repente, todo.

Cuando hay alegría se evitan los periódicos y los restaurantes de comida rápida,
se olvidan las estadísticas sobre asesinatos y divorcios;
se excusa uno del tedio de los museos, de los poetas venecianos
y de las consultas de los astrólogos.

La alegría es un big bang de verdes, estrellas y luz
que nos fertiliza por dentro
y orienta dentro del laberinto que fuimos, somos y seremos.
Hasta que todo haga nuevamente catacrack!!, claro.

Saludos de Jim.

lunes, 16 de febrero de 2009

MORNING SUN

Es E. Hopper, mi pintor favorito. Y es una mañana cualquiera. Y es el sol invadiendo de repente las esquinas, las del mundo y las nuestras.
Porque siempre hay una primera mañana así para inaugurarnos de nuevo( por vigésima sexta vez) a nosotros mismos, después de salir a tientas de tanta oscuridad. Por eso escribí este breve poema:

MAÑANA AL SOL

Te salpica la mañana en la frente mientras
se cuela febrero entre tus limpios pliegues.
Hoy, envuelta en salmón, descalza de derrotas,
en vegetal ensimismamiento, te confundes con la luz
y todo lo que ahora es vida se repliega sobre ti.

Es un exilio feliz el de dejarse invadir por todo y nada,
el de ser habitada por el simple existir,
el de dejarse arrasar por cualquier diminuto asombro.
Disuelta en el horizonte, entre las nubes y los tejados color
ladrillo, te abismas lenta y dulcemente en tu pura hondura.

Saboreas el aire nuevo y te blindas
para toda la eternidad
en la alegría recién inaugurada de tu primera mañana al sol.


Para Paula.
Saludos de Jim a tod@s.