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miércoles, 24 de octubre de 2012

THE TIME HAS COME




   Hay un momento terrorífico e inevitable en la vida de todo ser humano: ese día en el que vas paseando por la calle o subido en un autobús y se te acerca alguien- por lo general, más joven- para preguntarte, siempre a traición y degüello:
   - Señor... ¿tiene hora?

   Esa sencilla pregunta desencadena todo un big bang de emociones que implosionan en nuestro interior; una avalancha de inquietantes interrogantes y reflexiones sobre uno mismo y su condición ¿joven-adulta?, devolviéndonos a la cruel constatación de que la imagen más atinada del espejo es la que los demás nos devuelven y no la que nosotros hemos tratado de evitar, enfrentar o enmascarar a través de los años. ¿Señor... qué es eso de señor? ¿Qué me ha pasado? ¿Cómo es posible si yo me veo igual que hace veinte años... si no he cambiado apenas nada...? Si escucho los mismos grupos, veo las mismas películas y tengo las mismas conversaciones de siempre con mis amigos... si yo creía que en mi dimensión alternativa el tiempo no transcurría.
  Pero sí, amigos y amigas, sí. Lo siento, pero a vuestro alrededor el tiempo no sólo trancurre, sino que baja más rápido que Felix Baumgartner.

   Recuerdo que cuando yo era un niño- atravesando como podía aquellos lejanos años setenta-ochenta de arrabales y descampados coruñeses- los señores sí parecían Señores, y las señoras, sin ningún lugar a dudas, Señoras. Muy, pero que muy, señoras. De verdad y no cómo los de ahora. Señores eran aquéllos a los que veíamos que pasaban de los treinta con sus pantalones de tergal, sus bigotazos, su incuestionable autoridad paternal y sus cervezas de los viernes con los amigos en el bar de la esquina. Ellas, las Señoras, también destilaban esa sobria fragancia de maduración y sabiduría, de adultez incontestable cuando te las cruzabas en las escaleras, en la calle o comprando un vestido y unos zapatos en la boutique 2000, etcétera.
   O esa era la impresión que de infantes nos transmitían aquellos seres humanos que fueron y son nuestros padres, tíos, sus amigos, nuestros vecinos...

   Pero el tiempo, ese compañero silencioso que nos desgasta con su infinita paciencia, es un maratoniano infatigable. ¿Cómo distinguir si ya somos o no señores y señoras hechos y derechos, como los de antes, a pesar de lo mucho que una parte de nosotros siga intentando simular que a nuestro derredor el tiempo permanece congelado?
   Ahí van unas breves claves-señales para identificar el paso del tiempo sobre nosotros y así reevaluarnos y  ubicarnos cronológicamente:

   -  LA RESACA- Es viernes, tienes 20 años y sales de una barra libre en la que te bebiste tres cristales, dos vacasverdes y cuatro whiskys con coca-cola. El sábado repites y el domingo a lo mejor. 
  Hoy, con los treinta y muchos o cuarenta encima, sales un viernes y tienen que transcurrir, mínimo, cuatro días hasta que estes totalmente repuesto. Y dos semanas para la siguiente. 
   De  trasnochar o ir directos al trabajo casi mejor ya ni hablamos, ¿no?

   -"LOS DÍAS SON MÁS CORTOS-IGUALES Y EL TIEMPO PASA MUCHO MÁS RÁPIDO"- Esa percepción de paso vertiginoso de los días-semanas-meses-años-lustros-décadas es universal y creo que no hay nadie que, a partir de una determinada edad, no haya verbalizado esta extrañeza ante sí mismo y ante los demás. Las cosas funcionan así. Nosotros, los hombres, solíamos decir que después de la mili el tiempo pasaba volando. Ahora, sin servicio militar obligatorio, no sé si la cosa habrá cambiado y la sensación de apresuramiento y uniformidad de los días será la misma.

   - VELLO EN LUGARES INSOSPECHADOS- Más propio de los varones y de algunas mujeres hirsutas. El pelo en la nariz, espalda u orejas es una característica de esta imparable maquinaria temporal. Te estás tomando un café con un amigo que a los veinte era barbilampiño y un día te fijas en que, a los cuarenta y pico, le salen unos oscuros pelos de las orejas que le asemejan a un ewok que vive en la selva virgen de Endor.
  No por nada las máquinas corta-pelos de segunda mano que se venden hoy por ebay son uno de los productos más demandados.

   - GENTE DE CLASE- No hay duda, pues nos pasa a todos. Nos encontramos a alguien por la calle con el que compartimos aula en 4º de EGB(Juan Pita Castro, por ejemplo; me acuerdo de los nombres y apellidos porque los curas pasaban lista todos los días) y pensamos automáticamente: 
   - Joder... qué gordo y  calvo y con dos niños... qué mal y rápido pasó el tiempo para este chaval...

   Pero no, de rápido nada, pues él seguramente está pensando lo mismo de ti en esos momentos. La realidad es que estáis los dos más o menos igual de deteriorados, pero vuestros mecanismos psicológicos de defensa son similares y la reacción pasa por adjudicar al otro la peor parte para salir victorioso en la comparación.
   El tiempo pasa para todos igual y os dejará, tarde o temprano, averiados a ambos por igual. Ley básica de la termodinámica.

   - PENSAR EN LA MUERTE- En la niñez ni los villanos- después de haber vaciado M.A y Murdock más de diez mil cartuchos en la refriega sobre ellos- del Equipo A morían. La muerte sonaba a algo más lejano que un cuerno del Nepal. Pero un día, de repente, nos damos cuenta de que la gente fenece y no se la vuelve a ver más que en vídeos y fotos. Toda, sin excepción. Amigos, familiares, vecinos... así que dejamos de ser inmortales fuera ya de aquella ingenua  imaginación infantil. Ahora somos plenamente conscientes de que la cosa esta de morirse es mucho más sencilla y que nada nos protege-ni a nosotros ni a nuestros seres queridos- contra esa voluntad férrea de transmutación a sabe dios qué polvo de estrellas.
  De repente, la adultez nos devuelve, en medio de la natural impotencia, el reflejo de nuestra propia fragilidad como seres humanos... todavía vivos.

   - DORMIRSE VIENDO LA TELEVISIÓN- Una noche te sorprendes quedándote dormido en mitad de un frenético tiroteo de La Jungla de Cristal II y sientes una extraña sensación, pues pensabas que eso solamente lo hacía tu padre cuando eras niño. Hasta que te miras en un espejo y te das cuenta de que tú te has convertido en lo más parecido a tu padre que pueda haber y que eres el que se duerme en las películas, escucha la radio de noche con un auricular puesto y se lleva tebeos al váter.
   
  -GIMNASIO Y PRIMEROS ACHAQUES- Cuando tenías 20 años entrenabas lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado; dos horas diarias. Después ibas a jugar al fútbol otra hora. Te duchabas y como nuevo. Para otra. Ahora, con treinta y nueve, entrenas dos días y uno te vas a la sauna y a hacer yoga. Una hora máximo y pesos ligeros, no vaya a ser que te vuelva a dar otro calambre y te deje tumbado una semana.
  Lo de correr casi que lo dejamos para el sábado. 3 km como mucho. 
  Y lo de fútbol para grabarlo y subirlo al Youtube.


     - LA NOSTALGIA Y LAS CANCIONES DE LOS DIBUJOS ANIMADOS- Si tienes treinta y muchos/cuarenta y quedas en casa de alguien para tomar unas cervecitas, lo más normal es que en un momento dado acabéis emocionados cantando las de "Mazinguer Z es rápido y veloz, con sus enemigos no hay piedad" o "Érase una vez un planeta triste y oscuro y la luz al nacer descubrió un bonito mundo de color"... normal, siempre hay que volver, por lo menos con la memoria que nos queda(que es del poco divertimento gratis que todadavía poseemos), a aquellos lugares en los que fuimos un día felices, por eso alguna cuarentona soltará la lagrimita cuando le habléis de Fofó y del auto de papá, de Orzowei o de aquellos viernes en bata viendo a los Supertacañones y el Seat Málaga del Un, Dos, Tres. 
   Lo entiendo perfectamente, pues a medida que el tiempo pasa la sensación predominante es que todo a nuestro alrededor está empeorando a marchas forzadas. Ni somos la primera generación en sufrir este espejismo ni seremos la última.

      - TIEMPO PERDIDO- El tiempo es lo que tiene, decía el poeta, que está para perderlo. Y, pasados los años, la mayor parte de las personas tienen una leve/profunda crisis autorreflexiva(y un cisma consigo mismos) en la que se plantean la gran cantidad de tiempo perdido e improductivo que ha supuesto su vida- ¿Qué he hecho yo durante los últimos diez años? ¿En qué he podido desperdiciar mi vida?- y los posibles What IF?(Qué hubiera sido de mi vida si..., Por qué no he hecho esto ni lo otro..., Cómo he desaprovechado todo ese caudal de años y...)
   Esa percepción de la vida como una gran suma de instantes metidos directamente en la papelera de reciclaje es otra constante psicológica universal, porque supongo que como en esta existencia no hay borrador ni rectificación posible y siempre vas tocando por la existencia de oídas y a base de errores y golpes, lo que la gente le grita al universo es esa su frustración por no poder volver atrás para retomar la posibilidad de recomponer los millones de cosas que fue jodiendo por el camino... que seguro que a muchos ni a la segunda le saldrían medianamente bien.


   Así que ya sabéis, lo duro no es que os cedan el asiento en el bus, ni que cada vez os gusten más las chicas más jóvenes o que os moleste pasar por una zona de marcha un sábado por la noche... lo realmente inquietante es pensar que nunca más volveréis a ser tan jóvenes como en el momento en que, justamente, estáis leyendo ahora esto.
   Nunca. Pensadlo bien.

Saludos espacio-temporales de Jim.





jueves, 27 de septiembre de 2012

PAISAJES DEL APOCALIPSIS, POR VALDEMAR


     Llegó un momento en el que me sentí absolutamente solo en el mundo. Sobre el cielo azafrán se perfilaban los grandes rascacielos de acero y cemento que habían crecido en las ahora ciudades vacías. 
   Todo el mundo había desaparecido y el universo, de repente y por primera vez, era un lugar silencioso. Extraño y silencioso. Incómodo y silencioso. Solitario y silencioso.
   Recorrí las calles desiertas del atardecer; arrojé piedras a varios escaparates, me bañé en una fuente de aguas verdes, destrocé los retrovisores de unos cuantos coches... y nada. 
   Allí no había nadie. Como en un sueño.
   
   De repente fui consciente de que no es nada fácil estar solo, totalmente solo, aunque así  nos lo pareciese cuando estábamos rodeados de gente por todos los lados. ¿Qué va a pasar ahora con el resto de mi vida? ¿Todo lo que me espera es este silencio? ¿Nada más? ¿A quién le contaré lo que yo he sido o quiero ser... o cómo podré llegar a ser algo concreto y definido sin compartirlo con nadie? ¿Qué importancia tiene el ser o el existir si no se proyecta sobre los demás... sobre los otros, para que avalen con su aprobación o desaprobación la realidad de nuestra presencia, de nuestra entidad? ¿Se puede existir sin los demás?

   Sopla un viento frío. Me paro. Hay un árbol muerto en medio de la calle que nadie quita porque estoy solo. Cojo unos pasteles y me los como sentado en la acera. No sé cómo he llegado aquí pero me doy cuenta de que, de alguna extraña manera que desconozco, ya formo parte de este inquietante paisaje. 
   Una inquietud, un desasosiego cósmico, como de planetas desiertos suspendidos de la oscuridad infinita, fuera del espacio y del tiempo, sin ninguna finalidad o propósito, me invade. Me limpio con la manga de la camisa las comisuras de los labios y entro en el primer local que veo, sin mirar.
   Comienza a anochecer.
    - ¡Es una biblioteca!- me digo en voz alta a mí mismo cuando estoy dentro- Una pequeña biblioteca de barrio...
   Le doy una patada a una pantalla de ordenador que está en el suelo mientras echo un vistazo por los estantes, hasta que me paro delante de uno en el que se puede leer una etiqueta blanca en letras negras que dice: 
   "LITERATURA DE ANTICIPACIÓN".

   Cojo un grueso volumen negro y lo abro. Es un tomo de una edición muy cuidada. Se titula "Paisajes del Apocalipsis", de la editorial Valdemar. Por lo que ojeo en el índice, parece una buena recopilación de relatos.
    Me arremolino en un sofá, enciendo la lámpara de lectura pegada a éste, y mientras ésta se va calentando y la luz crece,  abro el libro y leo:

   " Todos amamos las historias post-nucleares. Si no fuera así, ¿por qué se habrían escrito tantas? Hay algo de fascinante en la desaparición de todas esas personas, en el vagar por un mundo despoblado, rapiñando latas Campbell de cerdo con alubias, defendiendo a la propia familia de los merodeadores. Sin duda es horrible, sin duda nos apenamos por toda esa gente muerta. Pero en algún lugar oculto de nuestra mente pensamos que estaría bien sobrevivir, comenzar de nuevo. En secreto, sabemos que sobreviviremos. Son los demás los que morirán. De eso se trata".

   
   Cuando estoy embebido leyendo el relato "Gente de arena y escoria", alguien detrás de mí, en la oscuridad, tose.
   Por si acaso, no me vuelvo.



   Saludos de Jim y como siempre, no perdáis de vista a Valdemar y sus magníficas ediciones. Todavía estáis a tiempo.

  

sábado, 25 de agosto de 2012

AQUELLAS TIENDAS DE BARRIO


   Yo fui un niño feliz haciendo la compra en la tienda de mi barrio por variadas y numerosas razones: 10 pesetas por aquí en gominolas; quince pesetas por allá de siseo(a mí madre nunca le he salido muy rentable, todo hay que decirlo) que caían dentro del bolsillo para ser empleadas en la compra de algún tebeo de superhéroes de mis quince colecciones favoritas de Cómics Forum; una ocasión ideal para ponerme al día de los chascarrillos y rumores del barrio; el olor a pan recién hecho, donuts y queso...
   Para mí aquella pequeña tienda de la esquina de Pepe y Pilar fue un pequeño microcosmos en el que contemplaba ensimismimado-siempre he sido, desde niño, de carácter ascético y observador- aquel fascinante universo a escala, de naturaleza humana, animal y vegetal, compuesto por señoras(apenas había hombres) con bolsas y delantales, pedazos de bacalao salados colgados de ganchos, quesos con moscas y tambores de detergente Colón que llevaban dentro minerales de regalo.
   Una escuela de vida en la que me tengo pasado cientos de horas de contemplación y análisis de la realidad circundante. Casi más que en las enseñanzas regladas, la verdad, a las que siempre he sido más que reacio(y así me he quedado en un limbo extraño entre niño prodigio y adulto precario)
   
   Y es que yo, repito, era feliz en la tienda de Pepe y Pilar, entre las sabrosas manzanas rojas con gusano y los yogures amarillos de Danone, mucho antes de saber que los procesos de globalización e intensificación de los mercados agroalimentarios dejarían moribundo(solamente había unos Spar y un par de Economatos) al comercio tradicional, al trato familiar y a la venta bajo mostrador... para derivarnos por mandato de la ansiógena sociedad moderna de mercados perfectos y planificadas estrategias competitivas a las desangeladas e impersonales líneas de cajas, atendidas por cajeras silenciosas y mal pagadas. 
   Un frío multiverso de códigos de barras e insípidos productos light.

  Y es que hubo un tiempo en que las tiendas de barrio no se llamaban "comercio de proximidad" o "pequeño comercio", sino la tienda de Pilar, de Pepe, de la señora Carmen o de Dolores y Juan.  Allí aprendí que a las patatas les salen raíces, que la fruta con agujero es la más sabrosa, que hay que estar atento a las básculas, que las buenas lechugas traen bichos, que aunque cojas las gominolas o los tomates con las manos no te vas a morir de una infección. 
   También aprendí a reciclar las botellas de litro de cristal de Coca-cola(que tenía mucha más fuerza que ahora) y que los mejores huevos y chorizos son los de aldea, previo encargo de un par de docenas para el lunes.
   Me gustaba aquel pan que no era de chicle, que no venía envuelto en plástico y que podía durar una semana fresco; y aprender a sumar con Pepe, sin calculadora y a mano, en aquel papel marrón de envolver donde hacíamos las cuentas a medias y que después subía a casa para enseñar a mi madre. Y me gustaba hacer cola porque mientras aprendías a esperar te enterabas de todos los chismes y runrunes del barrio("que si el marido de la de encima del bar iba dando tumbos ayer por... que si el hijo de Mercedes, la de la droguería, se echó novia..."), como un Sálvame de Luxe familiar, cálido y cercano.

   Y  así, en aquellas mañanas y tardes en la tienda de mi barrio era yo feliz, porque sabía que si me olvidaba algo Pilar me dejaba llamar por teléfono a mi madre y que si me quedaba corto de dinero o no llevaba no pasaba nada, pues quedaba apuntado en la libreta( Mari: 123 ptas) y ya pagaría otro día. Fiar, se llamaba.
 Además de que siempre era el primero en coger el corrosco del bollo.

   - ¿Cuánto es, Pilar?
   - Doscientas treinta pesetas y dile a tu madre que el lunes le tengo los huevos... por cierto, ¿cómo anda tu hermana del catarro? ¿Ya está mejor?

   ¡Aunque solamente sea por esto, cómo no voy a simpatizar con Sánchez Gordillo!
   Saludos de Jim.


lunes, 13 de agosto de 2012

DESDE TOKIO CON AMOR: NUEVA FOTOGRAFÍA JAPONESA



   Lo que más me sorprendió de mi estancia en aquella isla es la confianza que los japoneses tienen en los japoneses. 
   Me explico.

   Un martes estaba cenando un delicioso takoyaki en un restaurante bastante bueno y barato del sur de Tokio y me fijé en que los dos hombres y las tres mujeres- creo, por su aspecto, que venían del interior del país- que estaban a mi lado, en sendas y contiguas mesas, tenían sus maletas y bolsos fuera del local, en plena acera, sin ningún tipo de protección. Y apenas las miraban o les echaban una rápida visual de vez en cuando.
   Más tarde, paseaba ensimismado por el hermoso barrio de Sumida contemplando cómo los departamentos exiguos de los japoneses permanecían con las puertas abiertas de par en par hasta altas horas de la noche(incluso en algunos hogares no se cerraban nunca las puertas exteriores), pensando en cómo esa hiperinflación de confianza contrastaba con la naturaleza suspicaz y aprensiva de los españoles, curtidos como raza  desconfiada ante la sempiterna amenaza de infatigables pícaros, descuideros y tunantes de tres al cuarto que no le sacaban el ojo a la faltriquera ajena.
   Los japoneses, pensaba yo, puede que sean tan confiados porque ya no les puede pasar nada peor que lo de Hiroshima y Nagasaki. Y tampoco me extrañó- ahora, al tenerlos tan cerca me fijaba más en estas cosas- que sonrían más que los españoles, pues tienen esos maravillosos festivales de linternas, con miles de farolillos de colores y figuras de dragones de papel engalanando sus calles y noches. Y es completamente imposible que alguien no expanda las comisuras de sus labios ante esos fastuosos espectáculos de luz, vivos colores y papel prensado.
   Imposible.

   Uno de mis lugares favoritos de Tokyo es el templo Meiji Jingu, un santuario sintoísta en pleno centro de la ciudad y que está rodeado de bosques y jardines. 
   En el templo de Meiji Jingu hay un gran árbol sagrado. Y alrededor de ese gran árbol sagrado hay unos paneles en los que los japoneses y visitantes cuelgan sus deseos en unas pequeñas tabletas(llamadas tabletas ema), esperando que se cumplan algún día.
   Así que yo también escribí y colgué allí mi deseo con la esperanza de que un día se cumpla.

   - Me gustaría visitar Japón alguna vez- garabateé en la tablita de madera.

   Porque la verdad es que nunca estuve en Japón ni en Tokio ni en ninguno de sus 23 barrios especiales. O igual soñé que sí estuve, no lo sé. Lo único que creo es que probablemente haya dejado mi deseo allí colgado, alrededor del árbol sagrado, sin haber estado. 
   Así que mientras espero que éste se cumpla algún día, visito Japón de la mano de Hazuki Natuno, Junku Nishimura, Sawako Obara, Hiroshi Nomura, Suwa Minoru, Ken Hayafune, etcétera. 
  La nueva e impresionante generación de fotógrafos japoneses.
  
   Porque viajar es también y sobre todo un estado de ánimo, por lo que es posible recorrer el universo sin moverse más que cuatro centímetros justos. 
   Los japoneses lo saben. Por eso se muestran tan confiados y sonrientes.













Saludos geek de Jim.



jueves, 26 de julio de 2012

MARY AND MAX: TERMÓMETRO RECTAL PARA FELINOS

   
   Mary es una niña australiana de ocho años que no tiene amigos y cuyo mayor y único placer se limita a ver dibujos animados en casa mientras toma leche condensada a cucharadas.
   Su padre es taxidermista-diseca animales muertos en el garaje- y su madre cleptómana y demasiado aficionada al jerez.

   Max es un neoyorkino solitario que padece obesidad mórbida y vive preso de constantes ataques de ansiedad y de una total incapacidad para relacionarse adecuadamente con el mundo que le rodea(le trastorna enormemente que la gente tire colillas, latas, papeles y ensucie la calle... y en una ocasión le regala a una chica que le gusta un termómetro rectal para felinos)
   Max padece el Síndrome de Asperger(carencia de empatía, obsesiones compulsivas, aislamiento, mutismo...), ha patentado unos perritos calientes con chocolate y tiene peces a los que siempre llama Henry y que mueren, por lo general, en extrañas circunstancias.

   Mary y Max no saben ni siquiera que el otro existe, pero un día Mary coge al azar una dirección de una guía de teléfonos y escribe una carta contando quién es ella y las cosas que le gustan. Y la acompaña con una tableta de chocolate australiana. La carta le llega a Max, éste le responde y comienza así entre ambos una relación epistolar que durará décadas. Ahora, de repente, ya tiene, cada uno de ellos, un amigo a quien contarle sus desvelos, pasiones, manías, esperanzas, obsesiones, etcétera.


   "Mary and Max" es una película de animación construída mediante la técnica claymation( o sea, plastimación=parada de imagen+plastilina) del año 2009 dirigida por el australiano Adam Elliot. Una obra sobre la aceptación y la amistad, sobre la soledad y la incomprensión. Hay algo en "Mary and Max" que conmueve: el certero tratamiento de los personajes; la precisa definición de sus naturalezas más íntimas; la radiografía exacta de las pequeñas y mínimas cosas(costumbres, fobias, alegrías, manías...) cotidianas que nos convierten en ese trama confusa de hilos desmadejados -a veces demasiado simples, otras enormemente complejos- que denominamos seres humanos. 
   Frágiles, pero también tenaces e infatigables. Esta nuestra imperfección, dice Max, es lo que nos lleva a querernos unos a otros:

 «Las vidas de todos, son como una larga acera. Algunas están pavimentadas. Otras, como la mía, tiene grietas, cáscaras de plátano y colillas. Tu acera es cómo la mía pero probablemente con menos grietas. Ojalá algún día nuestra aceras se encuentren y podamos compartir una lata de leche condensada»(Max a Mary)

   Saber que  la historia de Mary y Max está basada en hechos reales y en una relación ca(s)usal de amistad que tuvo lugar en los años 70 entre una niña australiana y un neoyorkino también ayuda a que las emociones afloren al visionar a estos seres de plastilina paseando sus sentimientos por la pantalla. 

   Así que consigan la película de marras, apaguen la luz de la lámpara Orgel(imitación más que descarada de la mítica Akari japonesa) de Ikea, siéntense en el sofá con su cuchara y su lata de leche condensada y prepárense a disfrutar de la pequeña gran historia de cómo Mary y Max aprendieron a aceptarse a sí mismos y, en consecuencia, a prepararse para poder de paso querer a los demás.
   
   Saludos de Jim.


viernes, 29 de junio de 2012

A CORUÑA ESOTÉRICA Y OCULTA.



    Bienvenidos de nuevo a esta nave del misterio que es el Bazar de Jim, un atlas de lo enigmático en el que poder bucear más allá de las formas equívocas que nos suministra la apariencia y otear por encima de las bambalinas de la realidad, para así tratar de comprender  esos engranajes ocultos que subyacen detrás de la fachada de las cosas.
   El misterio y lo incógnito son ingredientes fundamentales de nuestra existencia- constantes que desde la primera noche de los tiempos han acompañado al ser humano- ya sea a la hora de reflexionar sobre el por qué alguna vez estuvieron de moda las hombreras y las empalagosas baladas de Glenn Medeiros... ya sea sobre el significado de los dibujos de Nazca y la construcción de las Pirámides... cosas que al final vienen a ser lo mismo: arcanos y enigmas que adquieren la calidad de mitos incognoscibles que han alimentado la imaginación y fabulación de todos nosotros durante eones, y que nos llevan a lanzar hacia el infinito las mismas preguntas de siempre: ¿estamos solos en el universo? ¿Hay vida más allá de la muerte y de los productos Hacendado? ¿Puede ser que bestias maléficas y arcaicas, como los de la  antigua Comisión de Retribuciones de Caixa Galicia , todavía se paseen entre nosotros?

   Y aquí entra en juego A Coruña, la ciudad de España con más bares, ufólogos y misterios por metro cuadrado(que puede, y no es baladí pensar que las tres cosas estén al final íntimamente relacionadas)
Coruña, para enterarnos, ha parido grandes ufólogos e investigadores de lo oculto como Manuel Carballal, Jesús María Reiriz o el inefable Óscar Rey Brea, el cual elaboró una tesis fundamental de la ufología moderna como es la hipótesis del Ciclo Bienal Marciano o la relación entre los avistamientos ovnis y la oposición planetaria Marte-Tierra.
   Entre éstos y otros investigadores de lo anormal(bueno, vamos a llamarle mejor de lo anómalo... por estas cosas del lenguaje políticamente correcto imperante hoy en día) han conseguido recopilar una serie de casos y hechos acaecidos en esta ciudad que ya forman parte de nuestra Historia mágica, oculta y más extraordinaria, y que paso a relatar a continuación brevemente.


- ABDUCCIÓN EN SANTO TOMÁS-AVENIDA DE NAVARRA: A partir de los años cincuenta- en el que el género de la sci-fi alcanza su apogeo tanto en formato pulp y cómic como en gran pantalla, fertilizando así abundantemente el imaginario colectivo global- se suceden en nuestra ciudad numerosos casos de avistamientos de ovnis por parte de la plebe e, incluso, de los jerarcas relacionados con el régimen. Por ejemplo, en 1954, un chófer de la Jefatura Provincial del Movimiento, Gonzalo Rubinos Ramos, avista un platillo volante que lo deslumbra mientras vuelve de Órdenes en su coche y que, asegura él mismo: "el platillo volador tiene la forma y el tamaño del Kiosco(sic) que está en la Plaza de Orense". Los entendidos lo llamaron "El Caso Rubinos".
   Pero el contacto más impresionante, creíble y detallado tuvo lugar en el año 1969 en la esquina de Santo Tomás con la Avenida de Navarra(en el siempre inquietante TEMA... Triángulo Energético de Monte Alto) donde dos niños que compraban la merienda- unos pastelitos de Cropán y un par de bocadillos de mortadela con aceituna- en Ultramarinos Varela vieron como un objeto volador aterrizaba enfrente del Bar la Parra, en la confluencia de ambas calles, mientras los adultos quedaban como congelados en el espacio-tiempo.
   Ellos entraron en el interior de la nave y los extraterrestres les dijeron a Olga y Manuel que venían del planeta Aldebarán(constelación de Tauro) y les previnieron contra los problemas ecológicos que a los terrestres se nos vendrían encima, además de soltarles un montón de cosas de las que ellos, como niños que todavía eran, no entendían ni papa(unos trasuntos de Sánchez-Dragós interestelares, bien pudieran ser)
   Tras esto, la gente se descongeló como por obra de birlibirloque; la nave ascendió hacia Azerbaiyán(digo... Aldebarán) y Olga y Manuel volvieron a casa con sus cromos de Cropán y sus bocadillos a ver Un Globo, dos globos, tres globos y los dibujos de Pepe Pótamo como si no hubiese pasado nada.
   En el barrio de Monte Alto todavía se cuenta la extraña historia de Olga y Manuel en voz baja mientras los parroquianos alzan tímidamente la mirada hacia las estrellas.



 - EL CONCEJAL CONTACTADO: Un concejal coruñés que cuenta que durante su servicio militar, haciendo guardia, una figura extraterrestre se acercó a él en mitad de la noche y "me transmitió a mi mente que en el Universo existen unas inteligencias-energías que adoptan las apariencias físicas de los seres que habitan los distintos mundos que visitan".
   Este edil todavía asegura que mantiene contacto con sus hermanos cósmicos, que lo aconsejan por medio de un espejo de comunicación interestelar que tiene en su casa.
   No se cita el nombre del interfecto, aunque yo intuyo que bien podría ser algún ex-concejal(por su forma de comportarse errática y có(s)mica)  que todavía tiene una gestoría en la zona de la Avenida Finisterre/Ronda de Outeiro o alguno que ha estado en Suresnes y al que los hermanos cósmicos le han guiado mediante sus sabios consejos galácticos para permanecer en el poder durante más de tres décadas sin haber dado palo al agua.
   Aunque tampoco descarto al apodado "Johnnie Walker" o "tempranillo", que bien podría haber emprendido desde el mismo día de su contacto el camino del exceso y de la lucidez que proporcionan los espirituosos para mantener abiertas sus puertas astrales y amplificar sus órganos de percepción extrasensorial.
   De todas fomas, como diría el gran Ozores en Un, dos, Tres... ¡cómo está la política! ¿no?



 - CONEJOS GIGANTES EN EL PARQUE DE BENS:  Durante un tiempo, hace ya unos años, cuando cayó el vertedero de Bens y se procedió al saneamiento de la zona y emplazamiento allí de un telúrico y mistérico parque daliniano... corrió el rumor de que unos enormes conejos gigantes(probablemente salidos de alguna dimensión alternativa) estaban atacando al personal que paseaba por allí.
   Algún periódico incluso se hizo eco de la noticia, y por las tardes, después de la siesta, los jubilados ociosos de San Pedro de Visma subían hasta allí armados de cayados y garrotas para cazar a los enormes mamíferos que se abalanzaban contra los aventureros que se atrevían a recorrer el parque.
   Decir que aquel caso quedó en el olvido, que no se sabe a ciencia cierta qué pasó con los conejos gigantes ni con sus víctimas y que probablemente estos sucesos formen parte ahora mismo de archivos clasificados en manos del CSIC; pero yo, cada vez que subo al parque de Bens, todavía lo hago con cierto temor y expectación de ver aparecer ante mí un leporidae de 50 pies con dientes afilados y sanguinolentos.


- EL CHUPACABRAS DE PENAMOA: Este extraño suceso data de 1985- en pleno auge de Los Chichos, Los Calis y el caballo que galopa por las venas- cuando unos nativos del poblado chabolista de Penamoa divisaron una especie de gigante humanoide peludo y antropomórfico que vagaba por sus caminos y robaba lechugas y la sangre de los animales para alimentarse.
   Cuenta Manuel Carballal, que investigó detalladamente este inquietante suceso, que incluso fue avistado por los militares que estaban de guardia en el acuartelamiento de San Pedro de Visma, donde las baterías, y que una noche de pálida luna(que diría Lorca) vaciaron sobre el pobre yeti de extrarradio varios cargadores de Cetme.
   Los militares, los yonquis, una delegación del pueblo calé y varios camellos del lugar rastrearon el lugar durante días, pero no encontraron nada.
   Otro fascinante misterio sin resolver que ha pasado a engrosar nuestro particular imaginario coruñés.



 - EL CASO CUADRADO: 29 de diciembre de 1990. El Doctor Fernando Cuadrado Conejo, jefe de Rehabilitación del Juan Canalejo, sale de su domicilio con un jamón en una bolsa para acercarse a una tienda cercana para que se lo troceen, pues en casa no tiene cuchillo jamonero y esperaba visita.
   Saludó a un vecino por las escaleras y nunca más se volvió a saber de él. 
   Ni rastro. Ni una sola huella o pista a seguir.
   Comenta Reiriz en su libro "Galicia Oculta y Negra" lo siguiente sobre el caso: " nos atrevemos a sugerir que quizás estos hechos tengan su origen en un súbito e inexplicable cambio de dimensión, por el cual hombres y navíos pasarían de la realidad visible y cotidiana que conocemos a otra".
   Hipótesis nada descabellada, tal y como anda la realidad social, económica y política últimamente.


- EL GNOMO DE LA CIUDAD VIEJA: En el año 1987 sucedió un turbador fenómeno en la Ciudad Vieja coruñesa que trasciende a nuestros días y todavía pone a prueba nuestra lógica.
   Un trabajador no invidente de la Fundación de la ONCE(sita por aquel entonces en la calle Tabernas 22, antes de que la recalificase el bizarro gobernador civil de la ínsula coruñesa, Sir Paco Vázquez, para su solaz y disfrute) siente una extraña presencia mientras cumple con su jornada de trabajo, echa la vista atrás y ve un clásico gnomo de menos de un metro con caperuza, traje verde y gorro cónico que se le queda mirando fijamente.
   La respuesta del coruñés trabajador de la ONCE ante este extraño fenómeno no se hace esperar y es, como relata él mismo, la siguiente y muy típica del funcionariado coruñés en su labor de atención al ciudadano: "¿Qué coño quieres?... ¡Di algo, hombre... sonríe, chilla, pero no te quedes así, joder, mirándome fijamente, sin más... ¿Vas a venir a darme el coñazo también a la nueva sede? Porque nosotros ya nos marchamos de aquí... ¡responde, coño!"
   Nadie nunca volvió a ver al gnomo de traje verde, aunque yo me atrevo a aventurar aquí una humilde hipótesis: el gnomo, tras este su primer contacto con un funcionario coruñés de pura cepa, comenzó a correr y no paró hasta llegar a Noruega o Islandia, donde los nativos de allí son por tradición más hospitalarios con las gentes diminutas que aquí en nuestra particular ciudadela.
   Desde ese día el lema de la ciudad ya no es el mismo y se ha tenido que modificar.
   Así se ha quedado: "La Coruña, la ciudad donde nadie(excepto gnomos) es forastero".



   Sucesos o fenómenos como los anteriores hacen que nos preguntemos qué es lo que está sucediendo en A Coruña; qué oscuras fuerzas y corrientes misteriosas hacen de esta ciudad un magnífico escenario para la constante presencia de estas singularidades que transitan sobre las grietas de la realidad que conocemos.
   Gentes que saludan a difuntos(muertos días antes) en la Calle Santiago Gómez; apariciones de ejércitos de la batalla de Elviña a golpes de tambores( "eran soldados como eses que se ven nas películas de guerra vellas, pero os seus corpos parecían feitos de luz... levaban gorros altos e algúns arrastraban uns cañóns que tiñan rodas grandes como os dos carros das vacas")... bases submarinas de ovnis en las inmediaciones de la Torre de Hércules... perturbadores poltergeist en la calle Gil Vicente, gnomos verdes, conejos gigantes, padres muertos que se aparecen a sus hijos en las clases de recuperación de Ciencias Naturales de los Escolapios...


   Estamos rodeados de tantas maravillas y prodigios que amanecer cada nuevo día en Coruña es algo más que habitar una ciudad y recorrer sus calles y rincones.
   Es una experiencia y una aventura fabulosa.


   Saludos mistéricos de Jim desde Coruña, la ciudad lovecraftiana por excelencia.


jueves, 14 de junio de 2012

EL INVIERNO DEL DIBUJANTE Y LOS CENICEROS DE CINZANO


    1957. Varios ministros del Opus Dei llegan al séptimo gobierno franquista mientras en el paraninfo de la Universidad de Barcelona se celebra la primera asamblea libre de estudiantes.
    1957 es el año en el que se rueda "El último cuplé", de Juan de Orduña, y 1957 también es el año en el que acontece una pequeña gran convulsión en el conservador mundo del tebeo español, pues un grupo de autores que responden a los nombres de Josep Escobar, Eugenio Giner, Guillermo Cifré, José Peñarroya y Carlos Conti deciden abandonar la todopoderosa Editorial Bruguera y fundar su propia editorial( D.E.R... Dibujantes Españoles Reunidos) con una cabecera en los quioscos llamada Tío Vivo para recuperar la autonomía perdida y, sobre todo, los derechos sobre sus obras y personajes, que en Bruguera pasaban a formar parte de la Editorial. Personajes emblemáticos que estos autores habían creado como Carpanta, El Loco Carioco, Don Pío, El Reportero Tribulete, etcétera, formaban parte fundamental del éxito de Bruguera, por lo que habían dejado de ser propiedad de sus autores.
   Al final, apenas un par de años más tarde, entre boicots de Bruguera, presiones a distribuidores-quiosqueros y demás estrategias de bloqueo y estrangulamiento, D.E.R cae, los autores vuelven con la cabeza gacha a Bruguera y la revista Tío Vivo es comprada por la gran Editorial española de la época.

    Ésta, básicamente, es la historia que nos cuenta Paco Plaza en su álbum "El invierno del dibujante"; una historia de lucha en pos de unos derechos, de cierto reconocimiento y dignidad("Y es que en la España de 1957 ser historietista era un oficio. No eran artistas, eran obreros de la viñeta. Cobraban a tanto por página (o por viñeta), trabajaban a destajo, siguiendo unos patrones establecidos e inamovibles. Renunciaban a sus originales y a sus derechos de autor a cambio del dinero cobrado"). Una historia de sueños, sacrificios, mínimas victorias y crueles derrotas.
   Para mí, a nivel personal, la grandeza de esta pequeña historia reside en la impecable recreación que Paco Plaza hace de la vida real, ordinaria, cotidiana, de aquellos años en nuestro país. Un relato de una rebelión de cinco grandes- alguno de ellos represaliado por su adscripción al bando perdedor de la Guerra Civil- del tebeo español que tiene como escenario los viejos bares con tapas de calamares y los cafés de primera mañana entre restos de legañas y colillas humeantes reposando sobre ceniceros triangulares de Cinzano mientras se ojea el ABC y alguien pregunta en voz baja qué coño es eso del  aperturismo.
   En "El invierno del dibujante" llueve mucho, huele a humedad, y la gente coge tranvías rojos para llegar puntuales a su trabajo de oficinistas o contables; y el dibujante mancha de grasa de churros sus cuartillas de Carpanta en una cafetería donde se escuchan de fondo los rectos y monacales consejos que da Elena Francis a alguna atribulada ama de casa. Los TBO y PULGARCITO cuelgan de pinzas de madera renegridas, muy lejos de la mirada del quiosquero y de un cliente-que está comprando el Marca- que ahora pasean sus ojos por las sugerentes caderas de una vecina rumbosa que se contonea por entre las calles grises, enmarcada por coloristas carteles de ciclomotores Torrot y colonia La Invencible. 
   Y todo ello serializado con una solvencia gráfica y narrativa impecable por el guionista y dibujante Paco Plaza, que para el que esto escribe considera "El invierno del dibujante" su mejor obra hasta la fecha. A través de estos sus personajes, trazos y líneas, el autor es capaz de dar marcha atrás al reloj y recuperar para nuestro deleite, curiosidad y conocimiento todo ese tiempo perdido(al que llamamos pasado) a la vez que nos sumerge de golpe en el mundo invisible de las esperanzas, emociones y sueños de un grupo de personas que trataron de rebelarse contra un sistema de trabajo, producción y apropiación indebida en unos tiempos duros y ominosos.

   Además, y que no es baladí como valor añadido, para los que amamos desde siempre, desde la niñez, este medio de expresión llamado cómic, tebeo, novela gráfica y nos interesa lo que tiene que ver con su memoria e historia... tendremos también la oportunidad de ver desplegarse antes nuestros ojos la realidad de la gran factoría de los sueños que ha alimentado la desamparada y roñosa imaginación de millones de españoles de varias generaciones: la Editorial Bruguera, claro.
Como nos reconoce Paco Plaza al hablar de "El invierno del dibujante": “los tebeos de la Editorial Bruguera fueron los que me hicieron empezar a amar los cómics y como muchos de mi generación, de las anteriores y de las posteriores, crecí con todos sus personajes; Capitán Trueno, Mortadelo, Zipi y Zape, Anacleto... Desde pequeño me preguntaba qué había detrás de ellos, cómo eran sus creadores, cómo trabajaban y cómo era aquella editorial”.

   Junto con "Los Profesionales" de Carlos Giménez, el mejor retrato en tebeo de aquella excepcional época y el más merecido homenaje a todos aquéllos que tantas veces nos hicieron soñar y sonreír.


   Saludos de Jim.