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miércoles, 10 de junio de 2009

QUE VUELVAN LAS LENTAS Y LA GUERRA DE LOS SEXOS


Buenas, estoy un poco liado con mis últimos exámenes- estoy en 5º de Sociología por la UNED y me quedan unas asignaturas sueltas para terminar la carrerita de los c_ _ _ _ _s- y la culpa es sólo mía, por comenzar una carrera a los treinta y pico, compaginándola con trabajos agotadores y demás cosas propias de adultos y adúlteros. Como tanta dedicación me satura y me impide dedicarme exclusivamente a mis aficiones( lectura, cine, guitarreo, mi colección de iconos bizantinos...) durante bastante tiempo al año, en ocasiones cuando la gente me pregunta sobre el tema digo que ya soy Sociólogo (algo de razón llevo, pues estoy en 5º) y punto, para que no me den la tabarra demasiado y para no tener que pensar en una cuestión que me fastidia íntimamente, como es tener cosas pendientes.
Manías que tiene uno.

Hoy he tenido un examen de Sociología de la Familia y una de las preguntas versaba sobre estrategias nupciales. Es cierto que hombres y mujeres tenemos distintos intereses frente al sexo y a la procreación y que son las mujeres las que invierten más esfuerzo y sacrificio en la tarea reproductiva, pero también tienen ventajas como hembras frente a los machos: pueden salir una noche, despechadas o no por un ex-novio o marido o acuciadas por la urgencia de ciertas necesidades muy humanas, y buscar consuelo y acción en "un aquí te pillo, aquí te mato"... y tienen 200 pretendientes de todos los tamaños, olores y colores cortejándolas y dispuestas a cubrirlas (el sexo en los machos tiene un menor coste de oportunidad y es barato) en la primera esquina.
Pero un macho estándar- si es un guaperas con muy buena planta o un futbolista cambia la cosa... o si tira de chequera y se va a esos pisos con lucecitas rojas y sábanas con lamparones- la tiene clara para hacer lo mismo. Si suena la campana esa noche lo recordará toda la vida y le pondrá una vela a la patrona de los coitos improbables.
Recuerdo que una discusión sobre estos temas la tuve hace tiempo una noche en un pub de esos del Orzán con un amigo, que de forma sorprendente me decía que en estas lides amatorias es el hombre el que decide, cuando yo considero que es todo lo contrario: es la mujer la que tiene que apartar en las boites a los que escrutinan de reojo con mirada depredadora mientras baila; la que tiene que decir NO a los chupópteros que quieren arrimarle cuanto antes la sardina, la que tienen, o no, que esquivar a los sementales con siete copas encima que quieren fertilizarla en el mirador de San Pedro de Visma, en el asiento trasero de su Seat León.

Y el mejor ejemplo de esto último lo tenemos en las lentas.
Cuando yo iba a Chaston (sí, ¿qué pasa? No soy precisamente un tipo glamuroso e IN o un urban chic de esos que llevan gafas grandes de espejo y se visten como Beckham o Guti, coño... ¡soy de barrio y aldea, para más señas y a mucha honra!) y ponían las baladas, las lentas, las hembras se quedaban quietas de pie o sentadas en los sofás estampados, esperando... y eran los machos los que comenzaban el cortejo, dando vueltas alrededor de la pista y de ellas y pidiéndoles un bailecico sin derecho, en principio, a roce extraordinario.
Y ellas, impertérritas, seleccionaban a los galanteadores, desechando con condescendiente diplomacia, uno tras otro, a los candidatos que no les hacían tilín-tilón.
Tengo que decir que yo solía pasar esos casting con holgura. Ejem, eran tiempos: el estilo A. Landa se llevaba por entonces.

Las féminas deciden. Ponen el dedo sobre uno y, generalmente, ya está hecho. Los machos compiten para fecundar a la hembra, el sexo caro, y ellas se saben conscientes de que están en posesión de un bien muy preciado y lo manejan a su gusto, ofreciéndoselo en el momento a quienes ellas desean (generalmente a los machos con más calidad, prestigio o estatus de la manada) o postergándolo hasta que el elegido se comprometa con la relación como ellas quieren.
Los anticonceptivos le han otorgado mucho más margen de maniobra a la hembra.

En definitiva, que las mujeres mandan y nosotros, cándidos e indefensos, obedecemos sus caprichosos designios, aunque después alardeemos en privado de que somos los más machos, los que las tenemos comiendo de la mano y los que no damos a basto.
Ah, y habría que volver a demandar las lentas en los pubs, discos y boites, pues los machos que no somos los de más calidad, prestigio y estatus de la manada todavía teníamos ahí nuestras pequeñas oportunidades.
Mientras sonaban "Nothing Gonna Change My Love For You" o "Purple Rain" ellas estaban más predispuestas a bailar y empatizar con el tosco pretendiente que las reclamaba. Tenían la guardia más baja.
Os lo aseguro yo, que de mujeres sé justo lo mínimo e imprescindible para no tener que pedirle a un experto las instrucciones de su funcionamiento( ¿ Por qué se ponen esos escotazos enormes y perturbadores si después parece que se molestan si se te escapa la vista allí de vez en cuando?)

Saludos de Jim a tod@s, machos, hembras y hermafroditas.

3 comentarios:

Charly dijo...

Bueno, al final, casi casi acabaste hablando de lo único. No estoy tan equivocado como parece. Saludos y nunca nunca dejes el blog, sería difícil reemplazarte.

xan de couzadoiro dijo...

muy bueno jim.

TEMIS dijo...

Las mujeres eligen, no cabe duda, y como no quieran nada, la lleváis clara, y como quieran algo...la lleváis clara también. El problema estriba en que lo que se quiere por ambas partes no suele estar coordinado, porque ellas suelen querer más, cierto grado de compromiso y ellos...en fin. No obstante, la cuestión es digna de estudio sociológico, asi que no descartes una tesis al respecto, da mucho de sí. Y lo de " las lentas" yo creo que era el mejor momento para romper el hielo, ya se sabe que la música( lenta) amansa a las fieras...Muy bueno, Jim, como todo lo que escribes!!!