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lunes, 21 de julio de 2014

ESTÉTICAS REVIRADAS




Tengo que confesar que siempre he sido muy fan de eso que denominaba mi madre como gentes con "estéticas reviradas", y que tiene que ver con la asimetría de lo estrafalario y con la descoordinación estética más creativo-aberrante.
Y también, y sobre todo, con la inconsciencia febril y el más espeluznante mal gusto, claro.
Desde hace años que admiro en silencio estupefacto a todas esas personas humanas que veo desfilar por delante de mis ojos mientras me doy un paseo por la urbe; esos seres humanos y urbanos que todavía visten como recién salidos de un catálogo de Cortefiel del año 1981 o de una convención de Horteras Sin Fronteras después de pasar por el Corte Inglés de Altamira para adquirir todos aquellos engendros con guatas y remaches metálicos que les quedaron sin vender desde hace treinta y ocho temporadas.
También reconoceréis conmigo que la inconsciencia más absoluta es una conditio sine qua non para llegar a ser un top máster en esto del horterismo. Por ejemplo, ¿quién no ha asistido con una mezcla de espanto y fascinación al paso espectacular de una de esas hembras hipervoluminosas que van embutidas en vestidos ceñidísimos mientras menean sin sonrojo un trasero inabarcable de mamut o que portan minitops luciendo esos pliegues de carne que se le quedan suspendidos, y basculantes, alrededor de la cintura del pantalón? ¿No es un prodigio asistir, con la llegada del estío, a esa exhibición de los machos alfa que circulan por los paseos marítimos de las ciudades(con mar) enseñando pecho negro e hirsuto poblado de pelos sudorosos y rizados y torso desarrollista al estilo de Pepe Sacristán?
De los depilados e hipertrofiados muchachotes vigoréxicos que ruedan por las calles tensando hasta la extenuación sus tríceps bajo camisetas de canalé tres tallas menores ya mejor ni hablar, que dentro de un poco meriendo y se me quita el apetito.



Esto del horterismo militante o el desconcierto existencial que demuestran algunos en el vestir no es nada nuevo ni exclusivo de nuestra idiosincracia nacionalcatolicista, como ya nos demostraron desde hace décadas esos alemanes que desembarcaban en las playas del litoral español- para ponerse rojos como tomates- sin desprenderse de sus sandalias con calcetines incorporados.
Por ejemplo, ¿quién no ha vivido la experiencia nuestra, patria, de encontrarse en la tienda del barrio, pidiendo laurel, a esas señoras en zapatillas, con bata de andar por casa azul y pijama o salto de cama por debajo? ¿Tiene algo de malo el chándal de táctel rosa combinado con zapatos y tacones y con una riñonera colorista? ¿Y qué me decís de esas parejas que parecen jóvenes y "hasta normales vistiendo" pero que llevan a sus tres hijos conjuntados con sus jerseicitos rosa palo y sus pantaloncitos de cuadros verdes... o que emperifollan de tal barroca forma y vestimentas arcaicas a las pobres criaturas que parecen salidas de un retratro ecuestre del París del siglo XVIII?

Yo, a grandes rasgos, clasificaría en tres las escuelas esenciales de horterismo que distingo por las urbes:

1ª- ESCUELA CLÁSICA O TRADICIONAL: Ese horterismo clásico de camisa de fiesta estridente o, lo que es parecido, de camisa recta de raya diplomática bien metidita por dentro de un pantalón subido hasta el ombligo(en su forma más asilvestrada o ruralizada)... y su versión complementaria femenina de cardados imposibles, joyas de oro y blusas de leopardo.
Todos niquelados que parecen un potosí. Lo mejor del barrio. Los más atildados de Peruleiro.

En los divorciados y divorciadas la estética clásica revirada se hace mucho más marcada y acusada y adquiere un renovado aire retro-juvenil, ya que a la hora de regresar al mercado erótico-sexual sénior para ofrecer de nuevo sus encantos- el tradicional target o nicho de consumidores del otro/mismo sexo, tan descentrados y desplazados como lo pueden estar ellos... los están aguardando- el ser divorciado vuelve a desarrollar antiguas estrategias de seducción que los lleva a vestirse de forma similar a la de hace veinte años, cuando triunfaban en los guateques del instituto y las boites... y así van apretando chichas y marcando bíceps en proceso de deconstrucción como si el tiempo se hubiese congelado en aquellos juveniles días de magreo en los sofás de Green o La Real.

La escuela hortera clásica también tiene un espejo donde mirarse en programas de tertulia política como los de 13tv y demás carcunda televisiva de la TDT, donde señores a los que se les ve el cartón desde hace años se dejan cuatro pelos ensortijados cayendo sobre la nuca mientras desempolvan sus trajes cruzados con dos botones dorados abrochados que compraron en el año 1993 en la tercera planta de El Corte Inglés.
Algunos hasta suelen llevar mariconeras de cuero. Lo que llevan dentro mejor no saberlo.
A eso, en su extraña e inquietante dimensión cavernaria, casposa y puticlanesca, ellos lo denominan "Elegancia".


2ª- ESCUELA CHONI-POLIGONERA: Lo peor de lo peor, lo más profundo, lo más denigrante en cuanto a horterismo es esta escuela cani que se alimenta de horrores de épocas pretéritas: chándales con riñoneras, pendientes de perla, plataformas, esclavas de plata con el nombre grabado(La Yesi) de la gachí de turno, sellos y cadenas de oro, piercings en las cejas y en la lengua, tatuajes con chorradas en japonés y demás aberraciones propias de estos macarras asnales y pintarrajas tuneadas por un Dios que trata de vengarse así de la especie humana.
Son como hijos de un Dios menor, pero en peor.


3ª- ESCUELA MODERNA Y HIPSTER: La última tendencia descerebrada y colectiva de esto de las modas rebañiles: flequillos, pantalones pitillo arremangados para ir a pescar lorchos, la camisa abotonada hasta arriba aunque estemos a 39º a la sombra, gafas de pasta negra sin cristales, etcétera. Se visten así en plan modernointeresante mientras hacen que tienen gustos alternativos a lo subterfuge y practican la ambisexualidad o lo que sea eso que hacen que practican dentro de los antros que frecuentan.
Se dejan todos a la vez barba y se suben a bicicletas como si fuesen modernos Noés y se fuese a acabar el mundo.
Los blogueros estos de las tendencias y los modistos modernequis son unos caraduras de cuidado, pues han vuelto a poner de moda las camisas de cuadros, las bicicletas y las barbas que llevaban nuestros abuelos y se las han vendido a estos panolis como si fuesen lo último en ultramodernidad vintage-retro-helicoidal.
Unos truchos, en definitiva, que pican en todo y van mucho por la Fnac.

Volveremos en otra ocasión a continuar tratando este fascinante tema de las estéticas reviradas, pero no quiero irme sin antes recordar a uno de esos referentes, ya fallecido, en el mundo del horterismo coruñés y que recordamos todos como el mítico "El perchas", al que una vez vi- con unas gafas de espejo y su ilustre chepa velluda al aire- tratando de ligar en la playa con unas menores mientras iba pertrechado únicamente de un tanga de leopardo con un peine prendido en uno de sus lados y una cajetilla de ducados en el otro.
Esas inquietantes visiones me han llevado hasta aquí y me han convertido, para bien o para mal, en lo que soy.

Saludos a todos y feliz estío!!!

sábado, 28 de junio de 2014

LA GRAN BELLEZA




Ir al Cine es todo un ritual; uno de los más hermosos rituales que existen para el que esto escribe.
Para mí ir al Cine representa una solemne ceremonia que consiste en entrar cualquier noche o mediatarde en una especie de habitáculo íntimo y acogedor, oscuro, para comenzar un fascinante viaje más allá de uno mismo, de esa nuestra aparatosa mismidad, y habitar así otras vidas, otros espacios y tiempos, otros sentimientos, otras perspectivas y puntos de vista durante dos horas o menos o más de contemplación introspectiva, de risas, lágrimas, reflexiones o puro y sano disfrute estético.

En el Cine se vive a través de otros ojos, se  incorporan otras realidades, se deshace por un momento uno de su propia y acostumbrada, valga la redundancia, costumbre a ejercer de uno mismo, a la permanente reiteración de su insistente (ob-sub)jetividad.

El Cine, desde que tengo uso de razón(la semana pasada o la que viene, más o menos) siempre me ha supuesto un encuentro feliz, un enriquecedor plus de vida a mi vida, por eso sostengo que ese adictivo alimento de ficción- que en ocasiones es más vívido y real que la propia vida- no lo cambiaría por nada en este mundo( "No cambiaría la pasión que ahora siento ni por todas las riquezas de la tierra").


"La gran belleza"(Paolo Sorrentino, 2013) no solamente es goce estético, que también y mucho, ni una sucesión de imágenes hipnóticas y nada convencionales bajo los parámetros de una altísima calidad técnico-formal... para mí "La gran belleza" ha sido toda una revelación, una herida luminosa, un novedoso logro y techo del mejor cine que se ha parido en los últimos veinte o treinta años.
Después de ver esta película uno no puede dejar de amar los paseos al amanecer sobre el milenario empedrado de Roma, no puede dejar de entender la vejez que nos aguarda, el Arte como forma de salvación o de comprender a toda esa fauna romana nocturna a la deriva que transita sobre el apenas perceptible alambre de la existencia, sobre la casi nada que somos los seres humanos.

Pero el gran mérito de "La gran belleza" es precisamente el de reducir a dimensiones manejables toda esta complejidad que se nos narra a través de los paseos romanos del increíble(personaje icónico cinematográfico a la altura de los más grandes y recordados) Jep Gambardella: esa trascendencia en forma de Arte, el lujo de la irracionalidad, el paso del tiempo, el amor y el deseo, el desencanto lúcido e irreverente... y todo lo que Ortega y Gasset denominaba "las gracias de la mortalidad".

Es ese Cine que vuela a gran altura, infrecuente, extraño, ese que rellena los espacios vacíos de la inteligencia y del espíritu y nos vuelve a reconciliar con esa forma de Arte y expresión que inventaron unos soñadores locos hace ya más de cien años.

Claro que existe la magia!!!
Se llama Cine.

Saludos de Jim.

martes, 13 de mayo de 2014

CUENTOS COMPLETOS, DE GRACE PALEY


A mí me gusta de manera muy particular ese género literario que habla de las cosas que hace la "gente normal". Me resulta fascinante- literariamente fascinante- cuando en alguno de sus relatos Grace Paley nos narra una conversación aparentemente intrascendente que mantienen dos vecinas una tarde de primavera en una cocina de un apartamento de su New York natal mientras preparan la cena o toman café.
Esas súbitas chispas de vida de gente "anodina" que se cuelan por las rendijas de la Literatura y a lo que yo denomino "fogonazos Carver".
Y esto, aparentemente trivial, es lo que para mí hace grandes a algunos autores: el hecho de no tener que sacarse de la manga cada dos por tres a alambicados y anfractuosos personajes e introducirlos en todo tipo de artificiosas situaciones para así poder llegar a urdir una buena y sólida historia. 
Lo que nos cuenta Paley se podría decir que entra en el ámbito de lo doméstico, de lo comunmente habitado, de lo conocido. Sus personajes son siempre la gente que nos rodea y a la que reconocemos inmediatamente, aunque ellos vivan en el Bronx y nosotros en Monte Alto.

Grace Paley no es una autora muy conocida en nuestro país, pero esta edición de sus Cuentos Completos que ha sacado Anagrama es magnífica de principio a fin... y viceversa. Los escenarios principales de las historias que forman parte de esta colección de relatos son los espacios cotidianos(salas de estar, cocinas, parques...) y la vida que dentro de ellos se desarrolla y se nos narra tiene que ver con los diálogos y reflexiones de unos personajes exquisitamente perfilados mediante un estilo narrativo sencillo pero intenso y vigoroso, muy dinámico.

Hay que leer estos cuentos de Grace Paley porque además de sus incuestionables virtudes literarias la autora norteamericana impregna toda su obra de un omnipresente tono humorístico que consigue añadir un plus todavía más placentero al hecho de su lectura.
Yo he llegado a la inevitable carcajada con alguno de sus relatos, y tengo que reconocer que no soy muy dado a la risotada gratuita si no se erigen buenas razones ante mí para ello, pero Grace conoce perfectamente los resortes que hay que accionar y los mecanismos a activar para poner en marcha la precisa maquinaria del sentido del humor del lector, llevando a cabo esta acción de forma natural y casi distraída, automática.

No solamente es Grace Paley  una gran autora a reivindicar, sino que ha sido una importante activista(hija de judíos rusos socialistas perseguidos por el Zar emigrados a los EEUU) contra la guerra, una tolerante feminista y demás causas nobles que ha estado detenida en varias ocasiones por desobediencia civil.
La presencia de la política y de las reivindicaciones sociales forman también, como el sentido del humor, parte inseparable de su obra.

“Mi sentimiento sobre la vejez es que, si uno tiene salud y suficiente dinero para vivir decentemente, envejecer está bien. Lo que sí me molesta es que me queda poco tiempo. No voy a ver crecer a mis nietos, por ejemplo. Recuerdo que mi padre se sentía así. Escribí un poema sobre eso. El sabía que no iba a ver el fin de la guerra de Vietnam. Decía, ‘puta, nunca sabré como terminará todo esto’. Hay un montón de cosas que uno no sabrá. Y hay tristeza porque los amigos empiezan a morir. La idea de que me iré de un mundo que está cada vez peor no me gusta, porque siempre pensé que era mi deber dejar al mundo mejor de cómo lo había encontrado. Pero si se tiene el hábito de ver cada día como una jornada completa, envejecer es interesante. Todos los días se conoce una persona nueva, una puesta de sol nueva. Todos los días pasan cosas hermosas.”

Lean, por favor, a Grace Paley, porque sí es cierto que todos los días nos pueden pasar cosas hermosas si nos fijamos un poco.
Leer los Cuentos Completos de Grace Paley, por ejemplo.

Saludos de Jim y recuerden que todo está en los libros.


lunes, 7 de abril de 2014

RIMALDAS VIKSRAITIS, CRONISTA DE LA SORDIDEZ


Rimaldas Viksraitis(1959) es un fotógrafo lituano que comparte- junto con artistas como Shelby Lee Adams y su galería de inquietantes retratos de los nativos de los Apalaches- ese gusto lírico e insano por inmortalizar cierta cotidiana e íntima sordidez que forma parte inextricable de la condición humana.

En sus imágenes convive una naturalista poética del feísmo junto con una visión más social y apegada a los problemas que asolan a las comunidades rurales de la ex-República Soviética, uno de los  más importantes el alcohol, que ha acabado consumiendo a ciertos pueblos lituanos en una especie de pesadilla febril, entre la locura aturdidora y la demencia sin redención.
Rimaldas ha fotografiado con su pequeña Smena durante años a los vecinos de su pueblo entre su suciedad, sus animales, sus cadáveres... ha retratado su desnudez, su forma de vida, el apego a sus tradiciones, sin más filtro o truco que el del espectador que asiste imperturbable al despliegue de la enconada supervivencia humana a su alrededor.

- Crecí con esta gente- dice Rimaldas Viksraitis- Los conozco desde que eran niños, pero ahora las granjas han caído, el trabajo se ha ido y no tienen nada por lo que siempre están bebiendo. Algunos de ellos están en la cárcel por beber. 

Las fotografías del lituano nos recuerdan que el Arte no debe de ser únicamente un vehículo de expresión que persiga la recreación de escenarios cálidos y confortables donde cohabiten, en perfecto equilibrio y armonía, lo bello y lo sublime, sino más bien y ante todo un medio de indagación y reflexión sobre la anfractuosa condición humana en cualquiera de sus formas y manifestaciones.
La sordidez, la decadencia, la miseria, la desnudez, la enfermedad o la muerte no son criterios estéticos sino manifestaciones de la existencia cotidiana humana, por lo que bienvenidos sean siempre aquellos cronistas que trabajen fuera de su zona de confort para poder devolvernos, aunque solamente sea por un breve instante, el sobresalto de la realidad y de nuestra imagen borrosa en el espejo.





Saludos de Jim.

lunes, 31 de marzo de 2014

"TRUE DETECTIVE" O LA IMPORTANCIA DE LA ATMÓSFERA



Estoy escuchando ahora mismo "Far from any road", de la banda The Handsome Family, la canción que forma parte de la sugerente intro de la serie "True detective" y pensando en la importancia de la atmósfera en el Cine.
Además de que parece ser la serie televisiva del momento y de que ya se han vertido océanos de indelebles píxeles sobre ella a lo largo y ancho de todo el ciberespacio, tengo que reconocer que para mí el gran acierto fílmico o técnico de esta serie es, precisamente, el tema de cómo se ha conseguido recrear esa determinada atmósfera de arcano y malsano misterio que esta serie posee.

Y esto, evidentemente, no es casual.
Los tipos que la concibieron y diseñaron estuvieron haciendo los deberes, las cosas bien, con endiablada precisión, ¡sabían lo que hacían!, y eso se nota en los constantes detalles y referencias literarias: el dios Moloch, los pantanos de Nueva Inglaterra de Lovecraft,  la Carcosa de Ambrose Bierce, alguna que otra referencia sutil a Aleister Crowley, al fantástico del XIX(casi presagiando ya el Pulp) con el que se homenajea a Robert W. Chambers y a su libro de relatos "The King in Yellow"- el aludido Rey Amarillo al que constantemente se hace referencia a lo largo de la serie- y que fue publicado en 1885, etcétera.

De ahí que a los amantes del fantástico, terror y el pulp clásicos todo nos resulte tan familiar y, a la vez, tan seductor y obscenamente insinuante.
La atmósfera no solamente es el clima, el ambiente, las señales en el aire que forman los estorninos para el detective Rust Cohle, que también, sino una medida de presión(es física básica) que va apoderándose del alma y espíritu de la pareja detective y de todo cuanto les rodea, y que tiene que ver con extrañas iglesias abandonadas en medio del bosque, con asesinatos rituales, con cultos ancestrales y viejos ritos impronunciables.

Mientras disfrutaba viendo cómo los detectives Rust Cohle y Martin Hart se internaban a través de sus propios e intrincados laberintos interiores y, de paso, se cruzaban en sus investigaciones con predicadores alcoholizados, violadores de niños, dementes, habitantes de los pantanos, mujeres con cuernos de ciervo amarradas a gruesos árboles... yo también pensaba en Lovecraft, en esa excelente "La cosa del pantano", de Alan Moore, en "Deliverance", en Robert Erwin Howard, en las viejas religiones y mitos, en Valdemar, en algunos admirables pasajes Bíblicos, en los sinuosos caminos que toman en el universo el Bien y el Mal(¡con mayúsculas!), en los relatos del inconmensurable Clive Barker, en "Muerte en los pantanos", de Nicholas Ray, etcétera, etcétera... y etcétera.

"True detective" se basa en la fundamental importancia de la atmósfera, de lo etéreo, de lo que nos puede aguardar agazapado bajo las sucias aguas de los inaccesibles pantanos, de la  oscuridad que envuelve a la mente humana, de los sonidos que nos trae la noche y de esas cosas, apenas perceptibles, que nos rozan en la oscuridad.
La naturaleza, el paisaje, es determinante, nos sugieren un propósito, son senderos que se internan en lo infinito, en la geometría de líneas retorcidas de la existencia.
La resolución o no del caso es un simple McGuffin a lo Hitchcock para poder contarnos todo lo demás.

A mí "True detective" me ha transmitido esa sensación de asombro que tiene su origen en lo oculto, como el buen fantástico, y me ha devuelto la fe en esos hombres que, bajo las estrellas, intentan encontrar un propósito- cualquiera, aunque sea más allá de su limitada comprensión- por el que seguir viviendo.

Así que es evidente que tengo poderosas razones para recomendarla desde aquí a todos vosotros, inteligentes lectores y espectadores frecuentadores de este humilde blog.


Saludos de Jim y... ¡bienvenidos a Carcosa!

sábado, 29 de marzo de 2014

¡YO DE MAYOR QUIERO SER COOLHUNTER!




En los tiempos pretecnológicos casi todo el mundo era un poco hortera. Que si pantalones elásticos Lois marcando huevera apretada o ranura vertical de la hucha, dependiendo del sexo; que si tipos con bigote y camisa abierta mostrando el matogrosso, bien rizado y oscuro, de ese pechopelambrera que paseaban heterorgullosos por el barrio con su mariconera siempre en la mano; que si esclavas doradas con el nombre grabado de "María del Carmen" y cadena de oro a juego(los horteras siempre han sido mucho de llevar oro encima)... o que si gente en la playa con bañadores-tanga mínimos que dejaban a la vista del horrorizado espectador cuerpos tan desagradables y grimosos que incluso, tras su fallecimiento, fueron donados a la Ciencia y ésta se los devolvió a sus familiares para no tener que tocarlos.

El gen del horterismo fue pasando así, muy disimuladamente, entre las distintas generaciones y mutando hacia esas nuevas y perfeccionadas formas que alcanzó durante los fabulosos años ochenta- La Década de las Lentejuelas- en los que se propagó por los barrios de aluvión de las ciudades españolas la fiebre del chandalismo, el maillot, los calentadores a lo Eva Nasarre, las corbatas de perla, las toreras para hombres, los pendientes del cristo crucificado o la coleta torera tipo Miguel Bosé, que es el actor principal de esa obra maestra del fantástico español que es "El caballero del dragón".
El chándal es hoy, por ejemplo, una prenda básica imprescindible y muy urban casual que se puede combinar sin mayores problemas con zapatos de borla o tacón de aguja, con jerseys de cuello redondo, camisas de cuadros, etcétera.
El horterismo le debe mucho tanto al yonqui de la plaza como al vigoréxico chandalero de gimnasio de los ochenta, que prestigiaron y defendieron con orgullo y dignidad esos chándales de felpa Adidas de cremallera en el tobillo, con su camiseta New Balance sin mangas por debajo.

Un fenotipo es una manifestación externa de un conjunto de caracteres hereditarios que dependen tanto de los genes como del ambiente, así que el horterismo en este sentido es un tanto fenotípico y representativo de cada época, momento puntual y tendencia que ha sido asimilada por los distintos e interrelacionados grupos sociales, que suelen compartir orgullosos las mismas etiquetas, símbolos gremiales e imágenes "diferenciales" de marca, aunque en estos tiempos de modernidad horterista líquida más recientes parece que la cosa se ha homologado un poco.
Hoy, ya desde hace algún tiempo, desplazado ya el fenómeno periférico y muy de mercadillo de barrio/ Primark(¡¡un kilo de bragas a cinco euros!!!) de ese universo del mal gusto que es lo choni/cani/poligonero -¡y que tantas satisfacciones nos ha dado a los apasionados observadores de la inquietante dimensión de lo hortera!- parece que la tendencia que al final mejor ha cuajado es la del horterismo 2.0 y Social Media un poco más glam, con sus gurús cazadores de tendencias peinados a lo Boy George, esos diseñadores de moda que parece que se han vestido a oscuras y que cuando hablan uno piensa que sus madres tienen que estar cobrando una pensión del Estado por lo de sus hijos, o esos influenciadores coolhunters con sus blogs de moda en los que salen fotografías de personas humanas que otean con "mirada azul acero"(ver "Zoolander") el horizonte de fachadas y antenas de sus barriada vestidos con unas chanclas rosas, bermudas a rayas, una camisa con borlas y una americana naranja que parecen sacados de una película lisérgica de Tim Burton.
El buen coolhunter-el que más seguidores tiene y el que se cuelga un calzoncillo sucio en la cabeza cuando está borracho, sube la fotografía a twitter y ya es trending topic mientras la gente corre a ponerse calzoncillos sucios en la cabeza para ser igual de cool que su gurú de la moda 2.0- tiene que fingir siempre esa pose de intenso de la nada mientras habla de sus trapitos horteras de colorines y de sus looks infames que generalmente están etiquetados bajo nombres en extranjero de esos que aparecen en la revista "Mujer de Hoy" que dan los sábados con el periódico: trendy, urban casual, chic-hippie, chic-preppy... 

Aunque para mí que el rollo, más o menos, va de lo de siempre: hacer caja, jastar os cartos(que decía mi abuela de Monforte) o como ahora lo denominan los modelnos: ir de Shopping.

Yo tengo que reconocer que ya me pierdo un poco entre ese horterismo cum laude de tanto tatuaje chabacano de jugador del Real Madrid y camiseta ceñida de lycra, o de metrosexual florecilla con pantalón por los tobillos, camisa abotonada hasta el cuello y gafas de sol -que casi les cubren todo el rostro- rematadas por un flequillo a lo Alfredo Amestoy.
Por lo menos las chonis y poligoneras todavía se hacen selfies sexys, marcando canalillo, en el espejo del baño de casa de sus padres, de sus hijas o de una amiga(se ve siempre el váter con la tapa abierta al fondo), lo que a los vapuleados heteros todavía nos anima un poco la moral en estos tiempos ominosos y oscuros para los que todavía nos vestimos por los pies con pantalones vaqueros y camisetas del Carrefour sin más adornos o complementos que un reloj digital Casio... como mucho.

Aunque también es posible que una tarde me entre el gusanillo y me dé por visitar a un coolhunter de esos para que me enseñe a combinar colores y complementos y a lo mejor me haga un look setentero con pantalón en tonos camel y beige, botas altas, un maxi-jersei de punto y un abrigo en tono lila con mucho pelo.

Mientra tanto, toca aguantar mis pantalones de pana marrón y mis camisetas blancas lisas.

Saludos poco tendenciosos de Jim.



lunes, 24 de febrero de 2014

"ICE HAVEN", DE DANIEL CLOWES


Los lectores de cómics somos, por lo general, unos tipos privilegiados.
Privilegiados porque tenemos acceso a códigos y universos simbólicos que pertenecen única y exclusivamente a la particular dimensión de este arte secuencial y que resultan muy complicados de trasladar a otros formatos y lenguajes narrativos.
El cómic es un medio de expresión en el que todavía pervive un espíritu de libertad creativa enorme; un arte en el que domina la independencia, la contracultura y que además(gracias a características determinantes de su propia naturaleza) desborda ampliamente las restricciones industriales y formales a la que otros medios y artes están sometidos.
El cómic, en definitiva, es un espacio de libertad sin más límites físicos que los que determina el talento, la creatividad y el riesgo.


"Ice Haven"es otra obra inquietante de ese gran narrador poseedor una cierta y poética extrañeza estática que se hace llamar Daniel Clowes. "Ice Haven" es un perturbador cosmos habitado por malencarados conejos azules, críticos de cómics desaliñados, poetas que no escriben ni un verso, niños neuróticos... todos exiliados en el interior de sus oscuros planetas interiores, incomunicados dentro de sus obsesiones y sueños/pesadillas nocturnas apenas reprimidas.
A los que ya habéis leído a Clowes en "El rayo mortal", "Ghost World" o su maravillosa serie "Bola ocho" no os sorprenderá lo más mínimo el tono ensimismado y abstraído de "Ice Haven", su grafismo lineal y ascético o el discurso que Clowes suele desgranar en sus obras sobre la incomunicación en las urbes - nódulos, casi no-lugares- que conforman la arquitectura básica de las sociedades modernas occidentales.
Hay ecos de Hopper y de Antonioni en el firmamento de Clowes; y yo diría que también de Carver y de otros narradores norteamericanos que han hecho de la extrañeza y de la concreción escrita a escalpelo su forma de expresión(me viene a la cabeza ese universo reconcentrado y decadente que se despliega ante nuestros ojos en el relato de "El nadador", de John Cheever)

No puedo por más que recomendar a Daniel Clowes, empezando con cualquiera de sus obras, y de paso parafrasear un poco a Matt Groening cuando, más o menos, dijo aquello de: " Si alguna vez te has sentido mal por perder tu vida leyendo cómics, adéntrate inmediatamente en este clásico. Seguirás pensando que has malgastado tu vida, pero sabrás por qué. Y te sentirás orgulloso de ello".

Recetar buenos cómics, en estos inquietantes tiempos que corren, es prevenirnos contra la necedad y el cretinismo imperantes y acceder de repente a un infinito universo de libertad creativa y de las coordenadas básicas que garantizan que la deriva, por lo menos, va a ser lo suficientemente grata y enriquecedora.

Lee si no quieres ser como ellos, que decía la Bruja Avería.

Saludos de Jim.