"EL BLOG MÁS LEÍDO EN CÁCERES SEGÚN EL ÚLTIMO EUSKOBARÓMETRO"

lunes, 7 de abril de 2014

RIMALDAS VIKSRAITIS, CRONISTA DE LA SORDIDEZ


Rimaldas Viksraitis(1959) es un fotógrafo lituano que comparte- junto con artistas como Shelby Lee Adams y su galería de inquietantes retratos de los nativos de los Apalaches- ese gusto lírico e insano por inmortalizar cierta cotidiana e íntima sordidez que forma parte inextricable de la condición humana.

En sus imágenes convive una naturalista poética del feísmo junto con una visión más social y apegada a los problemas que asolan a las comunidades rurales de la ex-República Soviética, uno de los  más importantes el alcohol, que ha acabado consumiendo a ciertos pueblos lituanos en una especie de pesadilla febril, entre la locura aturdidora y la demencia sin redención.
Rimaldas ha fotografiado con su pequeña Smena durante años a los vecinos de su pueblo entre su suciedad, sus animales, sus cadáveres... ha retratado su desnudez, su forma de vida, el apego a sus tradiciones, sin más filtro o truco que el del espectador que asiste imperturbable al despliegue de la enconada supervivencia humana a su alrededor.

- Crecí con esta gente- dice Rimaldas Viksraitis- Los conozco desde que eran niños, pero ahora las granjas han caído, el trabajo se ha ido y no tienen nada por lo que siempre están bebiendo. Algunos de ellos están en la cárcel por beber. 

Las fotografías del lituano nos recuerdan que el Arte no debe de ser únicamente un vehículo de expresión que persiga la recreación de escenarios cálidos y confortables donde cohabiten, en perfecto equilibrio y armonía, lo bello y lo sublime, sino más bien y ante todo un medio de indagación y reflexión sobre la anfractuosa condición humana en cualquiera de sus formas y manifestaciones.
La sordidez, la decadencia, la miseria, la desnudez, la enfermedad o la muerte no son criterios estéticos sino manifestaciones de la existencia cotidiana humana, por lo que bienvenidos sean siempre aquellos cronistas que trabajen fuera de su zona de confort para poder devolvernos, aunque solamente sea por un breve instante, el sobresalto de la realidad y de nuestra imagen borrosa en el espejo.





Saludos de Jim.

lunes, 31 de marzo de 2014

"TRUE DETECTIVE" O LA IMPORTANCIA DE LA ATMÓSFERA



Estoy escuchando ahora mismo "Far from any road", de la banda The Handsome Family, la canción que forma parte de la sugerente intro de la serie "True detective" y pensando en la importancia de la atmósfera en el Cine.
Además de que parece ser la serie televisiva del momento y de que ya se han vertido océanos de indelebles píxeles sobre ella a lo largo y ancho de todo el ciberespacio, tengo que reconocer que para mí el gran acierto fílmico o técnico de esta serie es, precisamente, el tema de cómo se ha conseguido recrear esa determinada atmósfera de arcano y malsano misterio que esta serie posee.

Y esto, evidentemente, no es casual.
Los tipos que la concibieron y diseñaron estuvieron haciendo los deberes, las cosas bien, con endiablada precisión, ¡sabían lo que hacían!, y eso se nota en los constantes detalles y referencias literarias: el dios Moloch, los pantanos de Nueva Inglaterra de Lovecraft,  la Carcosa de Ambrose Bierce, alguna que otra referencia sutil a Aleister Crowley, al fantástico del XIX(casi presagiando ya el Pulp) con el que se homenajea a Robert W. Chambers y a su libro de relatos "The King in Yellow"- el aludido Rey Amarillo al que constantemente se hace referencia a lo largo de la serie- y que fue publicado en 1885, etcétera.

De ahí que a los amantes del fantástico, terror y el pulp clásicos todo nos resulte tan familiar y, a la vez, tan seductor y obscenamente insinuante.
La atmósfera no solamente es el clima, el ambiente, las señales en el aire que forman los estorninos para el detective Rust Cohle, que también, sino una medida de presión(es física básica) que va apoderándose del alma y espíritu de la pareja detective y de todo cuanto les rodea, y que tiene que ver con extrañas iglesias abandonadas en medio del bosque, con asesinatos rituales, con cultos ancestrales y viejos ritos impronunciables.

Mientras disfrutaba viendo cómo los detectives Rust Cohle y Martin Hart se internaban a través de sus propios e intrincados laberintos interiores y, de paso, se cruzaban en sus investigaciones con predicadores alcoholizados, violadores de niños, dementes, habitantes de los pantanos, mujeres con cuernos de ciervo amarradas a gruesos árboles... yo también pensaba en Lovecraft, en esa excelente "La cosa del pantano", de Alan Moore, en "Deliverance", en Robert Erwin Howard, en las viejas religiones y mitos, en Valdemar, en algunos admirables pasajes Bíblicos, en los sinuosos caminos que toman en el universo el Bien y el Mal(¡con mayúsculas!), en los relatos del inconmensurable Clive Barker, en "Muerte en los pantanos", de Nicholas Ray, etcétera, etcétera... y etcétera.

"True detective" se basa en la fundamental importancia de la atmósfera, de lo etéreo, de lo que nos puede aguardar agazapado bajo las sucias aguas de los inaccesibles pantanos, de la  oscuridad que envuelve a la mente humana, de los sonidos que nos trae la noche y de esas cosas, apenas perceptibles, que nos rozan en la oscuridad.
La naturaleza, el paisaje, es determinante, nos sugieren un propósito, son senderos que se internan en lo infinito, en la geometría de líneas retorcidas de la existencia.
La resolución o no del caso es un simple McGuffin a lo Hitchcock para poder contarnos todo lo demás.

A mí "True detective" me ha transmitido esa sensación de asombro que tiene su origen en lo oculto, como el buen fantástico, y me ha devuelto la fe en esos hombres que, bajo las estrellas, intentan encontrar un propósito- cualquiera, aunque sea más allá de su limitada comprensión- por el que seguir viviendo.

Así que es evidente que tengo poderosas razones para recomendarla desde aquí a todos vosotros, inteligentes lectores y espectadores frecuentadores de este humilde blog.


Saludos de Jim y... ¡bienvenidos a Carcosa!

sábado, 29 de marzo de 2014

¡YO DE MAYOR QUIERO SER COOLHUNTER!




En los tiempos pretecnológicos casi todo el mundo era un poco hortera. Que si pantalones elásticos Lois marcando huevera apretada o ranura vertical de la hucha, dependiendo del sexo; que si tipos con bigote y camisa abierta mostrando el matogrosso, bien rizado y oscuro, de ese pechopelambrera que paseaban heterorgullosos por el barrio con su mariconera siempre en la mano; que si esclavas doradas con el nombre grabado de "María del Carmen" y cadena de oro a juego(los horteras siempre han sido mucho de llevar oro encima)... o que si gente en la playa con bañadores-tanga mínimos que dejaban a la vista del horrorizado espectador cuerpos tan desagradables y grimosos que incluso, tras su fallecimiento, fueron donados a la Ciencia y ésta se los devolvió a sus familiares para no tener que tocarlos.

El gen del horterismo fue pasando así, muy disimuladamente, entre las distintas generaciones y mutando hacia esas nuevas y perfeccionadas formas que alcanzó durante los fabulosos años ochenta- La Década de las Lentejuelas- en los que se propagó por los barrios de aluvión de las ciudades españolas la fiebre del chandalismo, el maillot, los calentadores a lo Eva Nasarre, las corbatas de perla, las toreras para hombres, los pendientes del cristo crucificado o la coleta torera tipo Miguel Bosé, que es el actor principal de esa obra maestra del fantástico español que es "El caballero del dragón".
El chándal es hoy, por ejemplo, una prenda básica imprescindible y muy urban casual que se puede combinar sin mayores problemas con zapatos de borla o tacón de aguja, con jerseys de cuello redondo, camisas de cuadros, etcétera.
El horterismo le debe mucho tanto al yonqui de la plaza como al vigoréxico chandalero de gimnasio de los ochenta, que prestigiaron y defendieron con orgullo y dignidad esos chándales de felpa Adidas de cremallera en el tobillo, con su camiseta New Balance sin mangas por debajo.

Un fenotipo es una manifestación externa de un conjunto de caracteres hereditarios que dependen tanto de los genes como del ambiente, así que el horterismo en este sentido es un tanto fenotípico y representativo de cada época, momento puntual y tendencia que ha sido asimilada por los distintos e interrelacionados grupos sociales, que suelen compartir orgullosos las mismas etiquetas, símbolos gremiales e imágenes "diferenciales" de marca, aunque en estos tiempos de modernidad horterista líquida más recientes parece que la cosa se ha homologado un poco.
Hoy, ya desde hace algún tiempo, desplazado ya el fenómeno periférico y muy de mercadillo de barrio/ Primark(¡¡un kilo de bragas a cinco euros!!!) de ese universo del mal gusto que es lo choni/cani/poligonero -¡y que tantas satisfacciones nos ha dado a los apasionados observadores de la inquietante dimensión de lo hortera!- parece que la tendencia que al final mejor ha cuajado es la del horterismo 2.0 y Social Media un poco más glam, con sus gurús cazadores de tendencias peinados a lo Boy George, esos diseñadores de moda que parece que se han vestido a oscuras y que cuando hablan uno piensa que sus madres tienen que estar cobrando una pensión del Estado por lo de sus hijos, o esos influenciadores coolhunters con sus blogs de moda en los que salen fotografías de personas humanas que otean con "mirada azul acero"(ver "Zoolander") el horizonte de fachadas y antenas de sus barriada vestidos con unas chanclas rosas, bermudas a rayas, una camisa con borlas y una americana naranja que parecen sacados de una película lisérgica de Tim Burton.
El buen coolhunter-el que más seguidores tiene y el que se cuelga un calzoncillo sucio en la cabeza cuando está borracho, sube la fotografía a twitter y ya es trending topic mientras la gente corre a ponerse calzoncillos sucios en la cabeza para ser igual de cool que su gurú de la moda 2.0- tiene que fingir siempre esa pose de intenso de la nada mientras habla de sus trapitos horteras de colorines y de sus looks infames que generalmente están etiquetados bajo nombres en extranjero de esos que aparecen en la revista "Mujer de Hoy" que dan los sábados con el periódico: trendy, urban casual, chic-hippie, chic-preppy... 

Aunque para mí que el rollo, más o menos, va de lo de siempre: hacer caja, jastar os cartos(que decía mi abuela de Monforte) o como ahora lo denominan los modelnos: ir de Shopping.

Yo tengo que reconocer que ya me pierdo un poco entre ese horterismo cum laude de tanto tatuaje chabacano de jugador del Real Madrid y camiseta ceñida de lycra, o de metrosexual florecilla con pantalón por los tobillos, camisa abotonada hasta el cuello y gafas de sol -que casi les cubren todo el rostro- rematadas por un flequillo a lo Alfredo Amestoy.
Por lo menos las chonis y poligoneras todavía se hacen selfies sexys, marcando canalillo, en el espejo del baño de casa de sus padres, de sus hijas o de una amiga(se ve siempre el váter con la tapa abierta al fondo), lo que a los vapuleados heteros todavía nos anima un poco la moral en estos tiempos ominosos y oscuros para los que todavía nos vestimos por los pies con pantalones vaqueros y camisetas del Carrefour sin más adornos o complementos que un reloj digital Casio... como mucho.

Aunque también es posible que una tarde me entre el gusanillo y me dé por visitar a un coolhunter de esos para que me enseñe a combinar colores y complementos y a lo mejor me haga un look setentero con pantalón en tonos camel y beige, botas altas, un maxi-jersei de punto y un abrigo en tono lila con mucho pelo.

Mientra tanto, toca aguantar mis pantalones de pana marrón y mis camisetas blancas lisas.

Saludos poco tendenciosos de Jim.



lunes, 24 de febrero de 2014

"ICE HAVEN", DE DANIEL CLOWES


Los lectores de cómics somos, por lo general, unos tipos privilegiados.
Privilegiados porque tenemos acceso a códigos y universos simbólicos que pertenecen única y exclusivamente a la particular dimensión de este arte secuencial y que resultan muy complicados de trasladar a otros formatos y lenguajes narrativos.
El cómic es un medio de expresión en el que todavía pervive un espíritu de libertad creativa enorme; un arte en el que domina la independencia, la contracultura y que además(gracias a características determinantes de su propia naturaleza) desborda ampliamente las restricciones industriales y formales a la que otros medios y artes están sometidos.
El cómic, en definitiva, es un espacio de libertad sin más límites físicos que los que determina el talento, la creatividad y el riesgo.


"Ice Haven"es otra obra inquietante de ese gran narrador poseedor una cierta y poética extrañeza estática que se hace llamar Daniel Clowes. "Ice Haven" es un perturbador cosmos habitado por malencarados conejos azules, críticos de cómics desaliñados, poetas que no escriben ni un verso, niños neuróticos... todos exiliados en el interior de sus oscuros planetas interiores, incomunicados dentro de sus obsesiones y sueños/pesadillas nocturnas apenas reprimidas.
A los que ya habéis leído a Clowes en "El rayo mortal", "Ghost World" o su maravillosa serie "Bola ocho" no os sorprenderá lo más mínimo el tono ensimismado y abstraído de "Ice Haven", su grafismo lineal y ascético o el discurso que Clowes suele desgranar en sus obras sobre la incomunicación en las urbes - nódulos, casi no-lugares- que conforman la arquitectura básica de las sociedades modernas occidentales.
Hay ecos de Hopper y de Antonioni en el firmamento de Clowes; y yo diría que también de Carver y de otros narradores norteamericanos que han hecho de la extrañeza y de la concreción escrita a escalpelo su forma de expresión(me viene a la cabeza ese universo reconcentrado y decadente que se despliega ante nuestros ojos en el relato de "El nadador", de John Cheever)

No puedo por más que recomendar a Daniel Clowes, empezando con cualquiera de sus obras, y de paso parafrasear un poco a Matt Groening cuando, más o menos, dijo aquello de: " Si alguna vez te has sentido mal por perder tu vida leyendo cómics, adéntrate inmediatamente en este clásico. Seguirás pensando que has malgastado tu vida, pero sabrás por qué. Y te sentirás orgulloso de ello".

Recetar buenos cómics, en estos inquietantes tiempos que corren, es prevenirnos contra la necedad y el cretinismo imperantes y acceder de repente a un infinito universo de libertad creativa y de las coordenadas básicas que garantizan que la deriva, por lo menos, va a ser lo suficientemente grata y enriquecedora.

Lee si no quieres ser como ellos, que decía la Bruja Avería.

Saludos de Jim.



martes, 4 de febrero de 2014

HISTORIA ENCAPSULADA DEL CINE (1895-1910)






Hace ya algún tiempo escribí un artículo sobre los pioneros de los Efectos Especiales en esto de los inicios del cinematógrafo (http://elbazardejim.blogspot.com.es/2011/10/segundo-de-chomon-y-otros-pioneros-de.html); hacía allí una sintética incursión en la obra señera de autores fundamentales como Segundo de Chomón o Méliès, que con sus parones de cámara, sobreimpresiones o dobles exposiciones comenzaron a explorar los recursos estilísticos-técnicoformales del cinematógrafo y a esbozar las grandes posibilidades de aquel incipiente y complejo lenguaje que comenzaba a nacer.
Mi objetivo ahora es hacer una esquemática, personal e intransferiblemente breve Historia del noveno arte desde sus orígenes, década a década, con unos cuantos autores representativos, sus corrientes más destacadas y unas cuantas películas referenciales para el cinéfilo en ciernes(o simplemente el curioso) que quiera aventurarse a explorar un poco más este universo de magia, sueños y pesadillas filmados... todo para tratar de comprender un poco mejor esta evolución hasta nuestros días.
El formato blog manda, así que seré sucinto e iré a lo esencial de lo fundamental para alumbrar un poco el camino de los que quieran iniciarse o complementar conocimientos...

1895-1910: desde el nacimiento del cine un 28 de diciembre de 1895 hasta nuestros días el Cine ha sufrido muchos avatares y mutaciones, pero en sus orígenes ya contiene tanto la naturaleza más realista y objetivista como la vertiente autoral, de ficción y fantástica.
Hasta el año 1910 lo que tenemos mayormente son cortometrajes mudos de entre 2-15 minutos en rollos de 35mm y a una velocidad de hasta 20 fotogramas por segundo, con unos desarrollos y contenidos argumentales muy elementales para los ojos curtidos del espectador del siglo XXI, aunque si conseguimos realizar un pequeño ejercicio de abstracción del presente, contextualizando adecuadamente para meternos durante esos breves minutos en la piel de un espectador de principios del XX que se sentaba en una butaca a contemplar como surgía un tren a toda velocidad desde una pared en dirección hacia él, pues entonces podremos llegar a intuir la conmoción que aquellas precarias sombras en movimiento causaban entre las sorprendidas y vírgenes pupilas de la época.

 Gracias a la tecnología, hoy en día todos estos cortometrajes que forman parte de la arqueología del Cine están a disposición del espectador y se pueden disfrutar en sitios como youtube y demás webs sin moverse del sillón, lo que era totalmente impensable hace un par de décadas, cuya esperanza de visionado se convertía en una odisea de Cine Club, si es que se tenía la posibilidad de disfrutar de tal espacio de visionado, conocimiento y debate cinematográfico.

Así que mis recomendaciones para hacerse una idea de la primera infancia del noveno arte y sus iniciales gateos dentro del realismo, la fantasía y los primeros trucajes son:

1- "Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir"(Hermanos Lumière)
2- "Llegada de un tren a la estación de la Ciotat"(Hermanos Lumière)
3- "El regador regado"(Hermanos Lumière)
4- "Viaje a la luna"(George Méliès)
5- "El hombre de la cabeza de goma"(George Méliès)
6- "El hotel eléctrico" (Segundo de Chomón)
7- "Asalto y robo de un tren"(Edwin S. Porter)

Todas estas breves obras- que se pueden visionar sin problemas en la red- pertenecen al período inicial del Cine que comprende desde 1895 hasta 1910 y nos ofrecen una perspectiva correcta sobre aquella época en la que la magia de la pantalla en blanco y las sombras comenzaba a hacerse realidad.

Saludos de Jim y hasta el próximo y mágico viaje al pasado con la Historia Encapsulada del Cine (1910-1920), para así tratar de comprender mejor el presente y aprender a valorar adecuadamente aquellas películas que vemos.



viernes, 17 de enero de 2014

LOS CHICOS QUE COLECCIONABAN TEBEOS



Hay que decir que esta es una novela cuyo mayor atractivo reside en el hecho de llegar a reconocerse como parte de aquellos chavales que durante los remotos años 70-80 frecuentaban con impaciencia los kioscos en busca de la última entrega de alguna de sus colecciones favoritas de Vértice, Zinco o Fórum; aquellos niños con zapatillas Paredes y anoraks amarillos y azules que se arremolinaban alrededor de algún portal de barrio para intercambiarse tomos de Super Humor de Bruguera o Supermanes de Novaro, la mítica editorial mexicana.
De lo que este libro habla básicamente es de la amistad, del amor compartido por los tebeos/cómics y de la necesidad del ser humano de ser alimentados por la fantasía, por la fábula y la ficción, tan necesarias para nuestra naturaleza intelectual como el agua o la comida para la condición física.

Personalmente, tengo la impresión de ser el autor- de tan interpelado íntimamente que me siento- de esta novela, pues yo también fui uno de esos chavales apasionados desde que tenía uso de razón por este Arte secuencial, narrativo y popular que es el tebeo. No recuerdo bien si todo comenzó con los Olés de 13 Rue del Percebe, con las aventuras de El Corsario de Hierro(en el Mar de los Sargazos), con el Fantasma de Lee Falk o con los Spiderman de Bruguera, pero todavía tengo tan fresca la excitación que me hormigueaba por dentro cuando me hacía con los Batman de Novaro o subía a casa algún sábado noche con una buena pila de tebeos, para leer en cama, que había ido intercambiando con los amigos del barrio.
Rememoro perfectamente la intensidad de ese pequeño placer que me producía la promesa de evasión, fantasía y mundos heroicos que me aguardan dentro de aquel montón de tebeos cuya lectura todavía tenía por delante... ¡cuánta expectación y fascinación conseguían despertar en mí aquellos sueños baratos y mal grapados y aquellas noches de aventuras en la penumbra de un cuarto con vistas a patio!

Y así fue que junto a amigos que compartían esta pasión como Robert, Arturo o Andrés me dediqué a vivir semana a semana aquellas Guerras Secretas, viajando junto con los 4 Fantásticos a aquellas improbables Zonas Negativas y microversos a las que nos llevaba John Byrne, sufriendo por Tía May junto con el viejo trepamuros o saqueando exóticas ciudades enjoyadas dentro de la cobriza piel de un bárbaro cimmerio.
Ahí estábamos nosotros, los niños que coleccionaban tebeos, resguardándonos de la realidad de las bolsas de pegamento, de las aceras sucias y de los padres en paro de los años ochenta en un barrio obrero. La ficción como amuleto que nos protegía del desencanto y de la agrisada existencia barrial y nos hacía habitar la piel de intrépidos héroes que saltaban por los tejados de oscuras ciudades para proteger a los ciudadanos desamparados.

Los chicos que coleccionábamos tebeos salvamos cientos de veces al mundo, peregrinamos por mil exóticos planetas, ganamos todas las batallas, amamos a las mujeres más bellas... y quizás en esa falsificación necesaria de la realidad, en esa búsqueda incesante de lo puro, de lo sublime y de lo perfecto... lo que de paso fuimos adquiriendo, interiorizando inconscientemente, fue también una ética, unos principios y unos valores sobre determinado sentido del honor y de los ideales a los que aspirar, que siempre y en un futuro tendrían que ver con la defensa del más débil y necesitado.
Quizás fue ese una especie de aprendizaje primero, de ética aplicada sobre unos modelos y arquetipos míticos muy concretos en los que verse reflejados.

Los chicos que coleccionábamos tebeos pasamos aquellos, ¡ahora tan lejanos!, años preguntándonos quién era más fuerte, si La Masa o Superman, mientras pateábamos los kioscos del barrio en busca de más dosis de aventura, enviando cartas a los correos del lector, viendo pasar las tardes sentados en un portal mientras hablábamos de Bullseye y Kingpin, de la renovada etapa de la Patrulla X de Claremont, de cuál era el mejor dibujante de Conan(si Buscema o Barry W. Smith) o despotricando contra las subidas de precios de 5 ptas de Fórum.
Es cierto que de día vivíamos en un barrio coruñés humilde llamado Agra del Orzán, pero tampoco es menos cierto que había noches en las que nos paseábamos por los tejados de Manhattan combatiendo contra peligrosos criminales disfrazados de rinoceronte o nos veíamos metidos de lleno en alguna batalla sideral Kree-Skull.

O sea y en definitiva, que si creciste, como yo, como algunos de nosotros antes de este nuevo mundo hipertecnificado y virtualizador, leyendo tebeos... ¡éste es tu libro, pues en sus páginas encontrarás parte de tu vida, de tus recuerdos, de tu historia!
Y la verdad es que nunca dejamos de habitar aquellos multiversos en los que tan felices fuimos de niños... 

Por los viejos amigos que coleccionaban tebeos, por Crom y por el Profesor Xabier... ¡no dejéis nunca de habitar esos sueños que nos hacen más humanos, más sabios y un poco mejores!

Saludos de Jim. 


P.D: ¡Es la hora de las tortas!


miércoles, 8 de enero de 2014

GENERACIÓN CUPCAKE



Douglas Coupland, además de un escritor muy recomendable, fue el tipo que acuñó el término Generación X para referirse a aquellas huestes generacionales que crecieron en plena consolidación del hiperconsumismo, de una nueva precariedad laboral para personas altamente cualificadas, de la indefinición existencial y de la pérdida de conciencia de clase a que aquel nuevo escenario del mundo, difuso y líquido, se estaba encaminando a pasos agigantados.
Aquella inmadurez, pérdida de control del entorno y sometimiento a la centelleante ortodoxia de las reglas de juego del Nuevo Capitalismo eran la obvias señas de identidad generacionales que el marco del entorno había dispuesto para sus jóvenes invitados.

Atrás quedaba la ensoñadora y literaria utopía de la Generación Perdida, el compromiso con el rupturismo de los sesentayochistas, la languidez impostada de los pasotas o el olor a Ducados y a cine checo y a tertulia de los progres de los setenta y ochenta.

Lo que yo denomino Generación Cupcake viene a ser una cohorte generacional perfilada en tonos pastel, colorista, muy virtualizada, que ha asumido sin combate- incluso con un inquietante optimismo de sistema y triunfalismo de pega- su inestable condición presente y la fragilidad de su no futuro. Es una generación blanda, conformista, petrificada en un ensimismamiento 2.0 que la lleva a creerse que su firma en Change.org o el hecho de copiar un lacito en su perfil del hiperespacio, sin más batalla que esa, va a cambiar algo las cosas.
En el fondo sabe que no, pero es una forma económica(sin exponerse a la intemperie o malgastar demasiados esfuerzos) de lavar un poco su conciencia de aburguesad@ 2.0 del siglo XXI sin moverse demasiado del sofá Ektorp de Ikea.

Es importante reseñar que esta Generación Cupcake ha retrocedido su presencia en lo real y cavado sus trincheras en el nuevo frente de lo intangible que son las redes sociales y demás sucedáneos de lo físico y presencial, y allí se han hecho... ¿fuertes?. Es este el vaporoso escenario al que sacuden con sus fotos(y la de su familia siempre perfecta, claro!) cupcake, sus sentimientos cupcake, sus pensamientos cupcake, sus meriendas cupcake con su superpandilla, sus cadenas cupcake para cambiar el mundo... 
Una especie de compulsivo y trivial exhibicionismo cupcake tan insano como estúpido y soberbio(acaban siendo yonquis del Me gusta) en el que las tradicionales formas de relación y comunicación se han ido sustituyendo por tertulias de grupo de WhatsApp, filosofía twitter y por las restantes formas- altamente fragmentadas y dispersas- de debate y compromiso, apenas relevantes y funcionales para la transformación positiva de la realidad.

Así, dentro del universo simbólico de la Generación Cupcake ya no cabe la Literatura, el Arte, los pensamientos fuertes, la ideas controvertidas, la iconoclastia o el riesgo del compromiso nervudo y rocoso, con músculo, retador, desafiante... pues estos nuevos habitantes de los "no lugares" virtuales han optado por asemejar sus rubicundos valores y principios a un mundo idílico y telenovelesco de cartón piedra- totalmente inocuo- que tratan de vender al exterior como señas personales de su aparente felicidad y prosperidad.

En definitiva, una Generación la Cupcake totalmente desactivada para la transformación social, para el reajuste activo de la realidad; una generación encapsulada en su cibernáutico presente especular, arrasada por el ombliguismo, los espejismos blandos y los pensamientos dispersos, con toda su potencial energía transformadora/creativa engullida por un sistema de "agujero negro" que solamente les devuelve evasión intrascendente, hiperconsumo y frustración a raudales.

Los cupcakes son ligeros, coloridos, jugosos. La crema suele estar conjuntada con el bizcocho y las virutas tienen una coloración muy llamativa. Alrededor de la mesa de la merienda la gente cupcake es siempre guapa, joven, sana, sonriente y se saca ininterrumpidamente fotografías en Instagram para enseñarle al mundo que ell@s habitan dentro de un planeta, aunque impostado y vacío, llamado Felicidad.
Así es la Generación Cupcake: conformista, ridículamente vitalista, intrascendente, exhibicionista, inofensiva mientras permanece pertrechada en su mundo de vivos colores, renuente al peso y adscrita perennemente a la ligereza y a la evasión mientras a su alrededor todo se desmorona.

Saludos de Jim.

Post Scriptum: Llamarle cupcakes a aquellas densas magdalenas que hacían nuestras abuelas parece que, a fin de cuentas, ha sido, por lo menos en el terreno politíco, cultural y económico, una gran idea.