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jueves, 3 de noviembre de 2011

LAS DESPEDIDAS DE SOLTER@: ¡¡EL HORROR!!


"La casa la decoramos con luces rojas, cortinas rojas, todo rojo. Parecía un puti que te cagas. Además Alberto nunca estuvo en casa de Aitor, no se llevaban muy bien, así que entre cuatro vueltas que dimos, y el ciego que llevaba se pensaba que estaba a punto de echar el polvo de su vida cuando llegó la striper y...".

Yo reconozco que soy maniático con mis semejantes, algo extemporáneo y drástico en mis opiniones y que generalmente-como canta el Loco- "me siento en la fractura de valores que no cuentan", pero a mí es que esto de las despedidas de soltero y soltera "modernas" me ha parecido siempre una cosa como muy chabacana y, con perdón, paleta, además de-como diría mi abuela si estuviese viva- "un sacacuartos para catro parvos que teñen máis diñeiro que sentido común".
Esta generación Nespresso(ya hablaremos de ella en otro artículo) desactivada ideológicamente, conservadora, programada por sus predecesores para el ultraconsumo y la deriva vital que éste genera, sin más luces en el horizonte que la evasión constante, frívola e insustancial a través del tobogán de lo lúdico y el placer de lo inmediato- aquí ya me parezco un poco al "moralinas" de De Prada- ha convertido un hermoso ritual de compromiso vital en una suerte de festival hortera y vulgar de dimensiones cósmicas.
¡Y es que da un gusto ver a las manadas de ajadas cuarentonas paseándose por las calles dando gritos con sus viseras con penes de goma, a talluditos treintañeros portando esas camisetas en las que se lee "Tú sigue leyendo, mientras yo te miro las tetas"... o a las amigas divorciadas babeando entre tíos hipertrofiados y con el escroto depilado que se ponen un anillo en los testículos para que el "salchichón" se levante un poco y se les note más bulto!

Dice mucho de la especie humana que mientras unos pocos se dedican a imaginar Colisionadores de Hadrones y a escribir hermosas óperas, otra parte muy numerosa de la misma raza en esos momentos le esté dando cuerda a pollas(con perdón) saltarinas, y comiendo postres en forma de panochas, almejas y chirris, como se denomina técnicamente- es que aquí técnicos en esto somos todos y todas, pues no hay casi nadie que se salve de la manipulación- a este órgano o instrumento de placer humano con que la evolución ,a lo largo de millones de años, nos ha obsequiado.
Hablar aquí de pundonor y dignidad cuando tienes 45 tacos y más pistoleras que J. Wayne y llevas un Kit de Diablesa lasciva o eres un contable de banco calvo, barrigudo y separado que vas disfrazado de preservativo luminoso es, a todas luces, complicado.

Hace unos años-si os fijáis, yo siempre reivindico la sencillez como una de las virtudes y placeres cardinales de la existencia- llegaba con salir a cenar un churrasco con chumichurri y chinchulines con los seis buenos amigos de toda la vida(pocos más se logran en esta vida, y los mejores suelen ser los de la infancia-juventud) y después unas cervezas y cubatas de ron y ginebra a algún pub cercano. En cambio hoy en día- ¿inconsciencia, tedio, derroche...? ¿todo junto?- la generación Nespresso alquila limusinas blancas, le paga 300 euracos -por enseñar nalga y genitales- al mandril depilado o conejita de turno para poner palote a algún gañán pajillero y salido o regenerar los humedales de alguna casada/separada con más hambre atrasada que un comensal habitual de El Bulli y esas cosas deshidratadas en forma de nube que dicen que comen.
Esto cuando no se les da por pagar un dineral para irse de deporte de aventura a descender un río o jugar a eso del Paintball, tirarse en paracaídas desnudos o planificar una bacanal romana en un chalet alquilado de fin de semana.
Los tiempos modernos más que líquidos, que decía Bauman, están hechos a base de fluidos, humores y mucha estupidez galopante para acabar gastándose los cuartos en pajitas de penes de colores, tangas con forma de trompa de elefante o trivials sexuales.

O sea, que para el que esto escribe la cosa ésta de las despedidas de soltero y soltera es una cosa muy similar a tener un disco de Chayanne, un perro de porcelana en el pasillo o un elefante de Lladró con sombrero rojo encima de la tv: una horterada astronómica, fuera de cualquier posible cuantificación humana, merecedora de muerte o destierro.
De muerte, si nos ponemos estrictos. Garrote vil, a poder ser.

Y ahora me tengo que ir, no sin antes ponerme mi camiseta con el lema "Josete, te casaste y la cagaste" y realizar mi juramento de la noche:

"Juro solemnemente como Hombre que honraré
y respetaré a mis Amigos aquí presentes.
Juro que no revelaré los secretos de esta noche.
Entiendo que romper este juramento implicaría la
castración de mi miembro viril con un cuchillo oxidado.
Si alguien me pregunta sobre lo ocurrido esta noche,
responderé: Comimos pizza, nos emborrachamos
y vimos películas porno".

Saludos de Jim, amigos demenciales del inframundo.


2 comentarios:

Boli dijo...

Grandiosa entrada..
yo también odio las despedidas esas, sean masculinas o femeninas, por lo general me gustan menos las femeninas, me parecen de una gañanada absoluta.
La mía fue mítica: cena en mi casa con buen vino, los 5 de siempre, y salida nocturna con consiguientes copones, eso si, vestidos de zara, pull and bear y alguno de mercadillo..jaja

Jim Alegrías dijo...

Son una horterada, Tito.
La ropa de mercadillo nunca pasa de moda.

Saludos.