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jueves, 2 de julio de 2009

CARPA AL ESTILO MEUN-TAN Y EL UH


El que sostiene la carpa en la mano es Tato, mi hermano, gran aficionado a la pesca; el coreano del polo rayado es mi antiguo maestro de Taekwondo, Kim, y ese gran depósito de agua que vemos detrás de ambos y que "se forma artificialmente, por lo común cerrando la boca de un valle mediante un dique o presa, y en el que se almacenan las aguas de un río o arroyo, a fin de utilizarlas en el riego de terrenos, en el abastecimiento de poblaciones, en la producción de energía eléctrica", etcétera, es un embalse de Lugo, cuyo nombre ahora mismo no recuerdo.
Las carpas que están pescando las preparará un poco más tarde Kim al estilo Meun-Tan, "picante-caldo", una receta coreana que lleva mucho azúcar y muchísimo picante.
Una cosa rara y coreana que dice Kim que da mucha fortaleza y vitalidad al que la come.
Aunque he pescado algunas anguilas y he ido al río un par de veces a por truchas con la técnica de la cucharilla, yo no soy pescador (cuando algo no te "tira" de verdad y no lo llevas dentro, da igual lo que te esfuerces), aunque considero que la pesca es una afición de las más hermosas y enriquecedoras de las que puede un@ disfrutar, y supongo que los pescadores que están leyendo esto- Suso, Pablo, mi hermano...- lo podrán corroborar.

La Pesca requiere el contacto con el orden sosegado de la naturaleza: respiras aire puro, tocas los árboles, caminas sobre la tierra y las piedras, te metes en el agua y te dejas invadir por la fascinante perfección del orden natural, envuelto de nuevo en esa música y trajín discreto de los elementos de ese mundo que ya estaba ahí hace mil años y seguirá estando cuando tú ya no seas ni un mísero recuerdo.

Alguien escribió que la caza y la pesca todavía representaban una liturgia y reverencia hacia ese orden natural que nos transciende. Una forma de sacrificio y oración.
Además, la pesca fomenta la camaradería, asienta la virtud de la paciencia, devuelve cierta sensación de libertad que sólo se siente en los grandes espacios... y es una afición terapéutica (recomendable para la fortaleza y salud psíquica) y diurética, que andar tanto es lo que tiene, etcétera.

"El verdadero pescador es en general un hombre modesto"
- Thaddeus Norris

Ahora que lo de Kim y el Taekwondo sí que es una afición fastidiada y no tiene nada que ver con el sosiego trascendental de la pesca. Lo del Taekwondo sí es un deporte de alto riesgo, un rally de adrenalina... hay sesiones de sadomaso que a su lado parecen espéctaculos de cuentacuentos para niños de esos de las Bibliotecas Municipales.
Cuando yo hacía Taekwondo en el Gimnasio UH- hace ya demasiados años, en un gimnasio que estaba situado al lado del Club de Señoritas "Dagmas", en el Agra del Orzán- Kim nos las hacía pasar canutas.
Un día te llegaba con un robusto trozo de madera para cada uno, al que teníamos que darle con fuerza con el canto de cada mano para, progresivamente, ir endureciendo esta parte hasta tener un callo del copón con el que romper tuberías de acero a palmadas.
Otra tarde te ponía a pelear en combate sin protecciones contra un mastodonte de 2,05 metros llamado Suso, que vivía en Villa de Negreira, y que cuando le daba una patada a la columna del medio del Tatami hacía retumbar todo el gimnasio. Era como ver a Godzilla luchando contra el Pato Lucas.
Una noche, combatiendo contra Kim, me abrió una ceja con una uña afilada ,como un shuriken, del pie tras una patada giratoria (mondolio furio chagui) y casi me salta el ojo.
Otra vez que tenía el brazo fracturado me sentó en un banco y me comenzó a clavar agujas ardiendo mientras me decía que lo mío era cuento y que ahora sí iba a curarme del todo...
O cuando íbamos corriendo a la Torre, ida y vuelta, y si te encontraba parado por el camino te daba de collejas y pisotones.

Y la verdad es que a pesar de los moratones, golpes y agujas al rojo vivo, tengo que reconocer que aquel tiempo pasado en el Gimnasio UH fue muy edificante, espléndido y de un aprendizaje personal y vital ejemplar y modélico, que creo que me ha servido, y está sirviendo, de mucho en la fatigosa travesía de la vida.
Lo recuerdo con mucho cariño.
Tenía la habitación empapelada con Bruce Lees, recortes del Dojo, aprendí a manejar los nunchakus, etcétera.
Y además es que allí había muy buena gente y lo pasábamos muy bien juntos: Jaime, Miguel, Suso, Sonia, Mauri, Domingo...
O sea que, si lo podéis compaginar, pues nada, pesca y taekwondo.

Soy el segundo por la izquierda en el suelo. El que tiene cara de paspán. Los demás son Miguel, Mauri, Flora, Kim, Carlos y otros cuyo nombre no recuerdo bien.

Saludos de Jim y Kiaaaaaaaaa!!!!!!

5 comentarios:

galerito dijo...

Recuerdo una de esas tardes calurosas de Portonovo, pescaste algunas anguilas en el regato, cerca de la casa del médico.Pero lo de la cucharilla me lo perdí,ya me contarás.Tampoco olvido cuando llegaste a casa con la ceja abierta pero no contaste cuando usaste el taekwondo para pegarle al vecino,que lanzaba dardos a un portalón de madera en la calle Páramo y cuando pasabas te rozó uno.Vinieran a casa los padres y querían denunciarte por emplear artes marciales fuera de la competición.Menos mal que no se enteró el maestro Kim Man Bo.

TEMIS dijo...

Gracias por aclarar lo de tu hermano, al coreano no le veía parecido. Y no tienes cara de paspán, en todo caso, sí el coreano.

Jim Alegrías dijo...

Galerito: Eso que cuenta usted es una leyenda urbana. Una más de las que existen sobre mí.

Temis: Eres muy generosa, pero tengo cara de paspán.
Ya no, ¿no?

TEMIS dijo...

Comparándola con quien? porque puedes tener cara de paspán según con quien te compare!!!
esto es como el chiste de Gila que le preguntaba un tipo por la calle " Oye, tu mujer está bien?" Respuesta: " comparándola con quién?". Que no, Jim, tú no, el coreano sí tiene cara de eso, de no enterarse de nada!!!

TEMIS dijo...

Por cierto, tienes una cara de malo en la foto que casi prefiero al coreano...Has ganado bondad en la cara con los años,ja,ja,ja!!! yo dejaría que me ganases con solo mirarme, pasaría de que hicieras una llave o me dieras una leche, que soy pequeñita y luego me quedaban secuelas.