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lunes, 13 de septiembre de 2010

CINE DE VENTILADORES


Es infalible. Es mi método infalible.
Si en una película aparece un ventilador o la sombra de sus aspas reflejadas en una pared, esa película seguramente va a merecer la pena y mucho. Un ventilador en la pantalla, ya sea de techo, pared o mano, es una pista amenazadora, una nota desafinada, una rúbrica disuasoria y cruel de que algo ha pasado, está pasando o pasará. O, lo que es lo mismo, un presagio de que alguien ha sudado, está sudando o sudará de un momento a otro.
Y, como ya sabemos, existen aproximadamente doce millones de razones por las que alguien puede ponerse a sudar de repente.
Doce millones, o más.
Y todas, cinéfilamente hablando, muy prometedoras.

Las películas que vienen con ventilador incluido suelen ser de ese tipo de películas ante las que uno se debería de sentar con botiquín, tiritas y mercromina. Sangre fácil con limpieza en seco de moqueta de Cine de los de antes.
Sale la sombra renegrida de un ventilador girando en el techo y ya sabes que no hay quitamanchas posible para desinfectar el alma de tantos abismos de locura, traición, codicia y soledad que ya se mueven taimadamente sobre la pantalla blanca.
Cuando se planifica un atraco o nos imaginamos un posible asesinato-los hay que son de justicia poética, como en todo- dicen que sube la temperatura de los cuerpos dos o tres grados. Eso es lo que dicen los que saben de estas cosas.

Y es que yo todo esto del turbador vals de las aspas girando sobre frentes y cuerpos licuados lo aprendí hace mucho tiempo en esos lujuriosos cuartos oscuros de tres paredes acolchadas y una blanca, repleta de sombras danzantes. Mis queridos y desaparecidos Multicines Chaplin, por ejemplo.
Allí dentro, una noche lluviosa y sabatina, Harry Angel me susurró el secreto de las aspas en el techo en su descenso a los infiernos de sí mismo mientras- con el ventilador más inquietante rodando sobre sus cabezas que he visto en un cine- se columpiaba tan dentro de una hiperventilada Lisa Bonet que parecía que no iba a poder salir nunca del interior de aquel tórrido e infinito continente de carne mestiza.
El adiposo policía Quinlan, "Sed de Mal", también se pasa sus buenos 108 minutos sudando de forma mugrienta y prodigiosa en un pueblecito de la frontera mexicana mientras se investiga a sí mismo y, de paso, a un tal Vargas(seguro que el careto de éste os suena) . Y es que a Wells, sólo por sudar así, ya le tendrían que haber dado 10 o 15 Oscars de golpe.
Así que si Lauren Bacall tiene calor en "Cayo Largo" y necesita un maldito ventilador antes de la tormenta que se avecinará sobre la isla y los sentimientos más turbios, sólo le tiene que silbar muy bajito a Bogart para que le traiga el aparato y así poder calmarse esos súbitos acaloramientos tropicales que la dama del noir siente en ocasiones.
Cuentan los físicos más cinéfilos que en películas como "Detour" o "Atraco Perfecto" los ventiladores y los relojes son los que nos recuerdan aquello de que, tictac, el tiempo es relativo, interior y meramente orientativo, tictac.

"En Tasco hacía un calor insoportable; tanto como nunca había sentido. Y sin embargo, en Acapulco todavía hacía más". Por eso Jeff Bailey(Robert Mitchum) pone a funcionar las aspas a tope en "Retorno al Pasado", para que esparza a la artera Kathie Moffat(Jane Greer) de una cloaca a otra del país. ¿Lo conseguirá?¿ Cómo esquivar la belleza antes de que comience a pudrirse entre tus manos y te gangrene a ti el corazón...? Seguro que piensa Jeff.

"Fuego en el Cuerpo" es una de esas películas en las que el bochorno y la canícula traspasan la pantalla y hacen sudar, por dentro y por fuera, al entregado espectador. Un film que es todo agua, calor, ventiladores, cuerpos blandos y líquidos, traiciones habitadas de resonancias oceánicas: los porches de medianoche son de aguamuerte, la cálida brisa que sopla entre las largas piernas de la Turner está hecha de cubitos de hielo, William Hurt se nos derrite ante los ojos mientras besa a la esponjosa Matty, que con sus vaporosos vestidos -que apenas sugieren esos tesoros de hembra por los que merece la pena matar y morir -es capaz de cortocircuitar hasta al mismo hombre de hielo, etcétera.
También hay ventiladores y mucho calor y sofoco psicológico en películas como "La Gata sobre el Tejado de Zinc", "¿Quién teme a Virginia Woolf? o "¿Qué fue de Baby Jane?", aunque las aspas suelen funcionar desde dentro, y por ello resultan menos visibles, desparramando así para nosotros- en este caso sin crímenes de femme fatale, atracos o premeditados asesinatos noir- todas las miserias, amarguras y tristezas que los personajes llevan a cuestas.

El Cine de ventiladores está levantado sobre el andamiaje de los ambientes húmedos, de las fragancias opresivas y de los nervios agarrotados; del "hace demasiado calor aquí dentro, muñeco, en esta habitación... puedes quitarte la chaqueta y desanudarte la corbata mientras te cuento algo de mi marido que seguro que te gustará escuchar...". Los puños se crispan, las corbatas se sueltan, tu querida mujercita te hace en secreto una póliza de seguro de vida multimillonario que caduca dentro de dos meses, un nudo en un zapato parece una soga, la codicia te chorrea por los bolsillos abajo hasta inundarte los calcetines, la dulce abuela que ganchilla el jersey para el nieto oculta tres cadáveres dentro del cuarto de las escobas... en fin, que el aire quema, que la sal amenaza con penetrar en las heridas invisibles, que de lo que hablamos es de esa tensión centrifugada, de la crueldad aplazada, de esa métrica del deseo y la muerte que es como una vena que se hincha y se hincha hacia adentro, amenazando con implosionarlo todo en un segundo(canalizando la rigidez previa acumulada en una nube de pólvora o en un limpio corte en la carótida) durante un cinematográfico Big Crunch de contenidos travellings, sudorosos primeros planos y nervudos contrapicados... y es que es precisamente aquí, llegado este momento, este preciso y mágico instante, en el que todo el mundo sabe, tanto personajes como espectadores o acomodadores subtitulados, que un ventilador de aspas doradas, o en blanco y negro, a mano no solamente sirve para refrescar el rostro y el alma putrefacta de las personas y el mundo, sino que todos estos urgentes aparatos están hechos del mismo material con el que se hacen todos los sueños que han sido, son y serán.
Así que, amigo cinéfilo, ponga usted a funcionar ahora mismo ese su ventilador personal, que ya es hora de comenzar a esparcir y salpicar con la danza de las viejas e insalubres aspas de la condición humana toda esa felicidad provechosa y contagiosa que despide el runrún de las sombras chinescas sobre la pantalla en blanco.
Al fin y al cabo, ¿qué es el Cine sino un espejo que nos devuelve nuestra propia silueta, gestos, ocultas intenciones y miradas?

Saludos de Jim e id preparando vuestras lentes para el próximo especial del Bazar: "Modernas Tribus Urbanas".
Seguro que os reconocéis en alguna.

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